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REPLICA A UN CABALLERO INGLES QUE HABLO MAL DE ESPAÑA Por J. E. CASARIEGO ON intención, al parecer no santa, de enfrentar a España con Portugal, el caballero y distinguido escritor inglés Mr. V. 8. Pritchett leyó recientemente en el tercer programa de la B. B. c. y publicó después en la leidísima revista radiofónica The Liatener un lamentable articulo titulado A Response to Portugal De su intención ya dan testimonio las palabras que lo comienzan: Portugal and Spain: chalk and cheese. Es decir: Portugal y España: yeso y queso. Y, naturalmente, en el criterio de Mr. Pritchétt, a España le corresponde el yeso, y un yeso terroso de la peor especie. Dos cosas, además de la mala intención, resaltan en este trabajo: su belleza literaria, pues está escrito en un hermoso lenguaje poético y metafórico, y el total desconocimiento, incluso de la geografía teórica que el autor tiene de nuestro pais. Portugal y España, naciones hermanas, perfectamente trabadas por la geografía, la raza y la historia, con comunes virtudes y defectos, bellezas y fealdades, aparecen aquí en un claroscuro arbitrarlo, injusto y tendencioso. Para Mr. Pritchétt, Portugal es un jardín plácido y amable, poblado por gentes comprensivas, dulces, Inteligentes, serias y laboriosas. Eso, en términos generales, es verdad y tiene toda la razón. Pero ya no la tiene cuando, a renglón seguido, presenta a España como un erial duro y áspero, con hombres dramáticos, crueles, intransigentes, frivolos y perezosos. En su viaje aéreo de Londres a Lisboa este escritor y parlante voló sobre Oalicia, sobre la esquina Noroeste de España north- west comer of Spain y vio montañas como cabezas de lobo y desoladoras tundras salvajes. ¡Tundras en Galicia, que ya es veri Hasta el mismo Atlántico le pareció en Portugal acogedor y sereno y en España, terrible y ululante. Resulta realmente increíble la irresponsabilidad y el desconocimiento con que algunas personas, indudablemente bien doctas intelectual y artísticamente, como Mr. Pritchétt, escriben tales disparates sobre realidades cuya comprobación es fácil y está al alcance de cualquiera. Pero los españoles estamos curados de espanto en estos achaques de la incomprensión o mala fe con que muchos nos juzgan y hablan de nuestras cosas. Para Mr. Pritchétt todo, lo español es malo. Lo material y lo espiritual. La sutilísima frontera que corre a lo largo de los dos grandes reinos ibéricos, tan sutil, que muchas veces sólo puede saberse de ella por la línea de un mapa, se le representa a este distinguido literato británico como un foso insondable que separa dos mundos antagónicos, distintos y distantes, de tal manera, que lusitanos y españoles aparecen tan opuestos en sus caracteres y- formas de vida como pueden estarlo los escandinavos de los coreanos. Hasta el catolicismo de los portugueses es cosa completamente aparte del de sus hermanos peninsulares. El de los lusos es un catolicismo agradable y el de los españoles, un catolicismo sombrío. El señor Pritchétt se entusiasma y esponja al decir que en Portugal los conventos estuvieron cerrados desde 1830 ten realidad desde 1833 hasta el régimen de Salazar, lo C Portugal y laspaft fueron lo mayor aij n tenelín de Europa y de la cultura occidente! en el mundo con u nao desoufe ritieras, sus pobladores; sus chande artlMa y po. eUs. cual, en verdad, no es exactamente cierto. Portugal- -añade- -no fue nunca enemigo del liberalismo y España, si, Pero da la casualidad que la primera Constitución liberal y democrática que los portugueses implantaron en su pais fue la española de 1812, y que el liberalismo lusitano estuvo siempre apoyado por el liberalismo español. 1 paralelismo entre E los dos países fue entonces tal, que el mismo pleito ideológico y dinástico de carlistas y cristinos lo tuvo planteado Portugal, cpn guerra civil incluso, entre el Rey don Miguel, que era el don Carlos español, y la joven Reina doña María, que representaba allí lo que Isabel II aquí. Y tropas y políticos de los dos países se entremezclaron mutuamente en esas discordias, como el caso de Mendizábal. Pero por lo visto al honorable Mr. Pritchétt le importa muy poco la verdad histórica, si es que la conoce. Y de ese modo las cosas que pudo haber visto u oído en la Península (si realmente estuvo en ella al- guna vez) las maneja con la misma habilidad y discreción que manejaría un riíle automático un cazador de la época chelense. Pero sigámosle en sus desvarios. España no es una nación europea. Predomina en ella el atavismo africano de la peor África, la de los moros y berberiscos. En cambio en Portugal, si hay alguna influencia del África, es de una África dulce y bucólica, del patrón trasnochado del buen salvaje russonlano. Portugal es muchisteo más europeo que el resto de la Península. Es país afín a Inglaterra a Francia, a Holanda. Los portugueses son los flamencos del Sur de Europa. Naturalmente, sus contactos con Europa fueron marítimos y no a través de las polvorientas carreteras de una Castilla desolada, y bárbara. Portugal comprende y ama todo lo europeo. España es enemiga de la Europa occidental, desafiadora o indiferente ante, su cultura. Y a continuación enhebra unos cuantos tópicos de la leyenda (Contín n)