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DIARIO íLUS T K D O D E II 4 F O RM AC I O M G Eísí E R A L FUNDADO EN 1805 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA DIARIO ILUS- T R A DO D E INF 0 R MA C IO N G E N ERA L encargó l u e g o la construcción de un. ídolo, de Esculapio, destinado a recibir adoraciones. Ellos se niegan a hacerlo Esta negativa delata su fe, y por ella padecen martirio. Pero lo que ¡lustra este tránsito y pone en él delicadeza y ternura, que hablan muy eficazmente a las almas sensibles, es el singular hallazgo del cofrecito de una novia cristiana, en el fondo de una tumba de las postrimerías del siglo III, en la ciudad italiana de Como. Allí está el bote de perfumes, de plata cincelada con sumo primor, en derredor del cual se destaca en relieve el coro cadencioso de las musas. He aquí el joyero, cuya tapa esculpida muestra el busto de los dos esposos, sostenidos por ligeros y risueños amorcillos; en cada uno de los lados de la tapa, unas figurinas en relieve representan a Venus, naciendo de las ondas, y a una ninfa llevada por un caballo marino. He aquí una linda cubeta de plata que muestra en su fondo la imagen de Venus ante el espejo; la figura de Adonis está esculpida en su mango. Y la misma mano del artista, tan delicada, tan morosa y tan. amorosa, pudo consignar este voto cristiano en una inscripción que envuelve como en un lazo indisoluble todos estos bellos símbolos: ¡Secundo y Proyecta, podáis vivir en Cristo! Este pequeño y frágil mundus muliebris de la novia de Como, en cuyo cofrecito íntimo hurgó la indiscreta modernidad, y este actual y agudo deseo dé saber, evoca el recuerdo de otro mundus muliebris harto más rico y más pomposo de otra novia, reina de tristes destines, contemporánea de la cristiana esposa de Secundo; cristiana también ella y esposa de un emperador cristiano. Es la emperatriz María, hija del jefe vándalo Stilicón y mujer del emperador Honorio. La emperatriz María recibió de Honorio, como regalo de boda, el rico escrinio de las soberanas que le habían precedido en el trono del mundo. Nadie ha visto el escrinio, pero el poeta Claudiano nos dice lo que Honorio puso en él; el mundus muliebris de Livia. acre centado con todo lo que pudo salvarse de las joyas que pertenecieron a Popea, a Faustina y a todas las soberbias corapañeras de los dioses de la tierra. ¿Y quién duda sino que la emperatriz tan sin ventura mezcló en su atavío los joyeles paganos con las cruces de oro y de pedrería que se han descubierto en su sepulcro? de la Real Academia N el cofre de I 4 una n o v i a -J ¿n a d a menos que el arte pagano pasó a las divinas riberas de la luz. Ha sido objeto de estudios ahincados y sagaces el tránsito del paganismo al cristianismo. Dios, que a los paganos les había negado la verdad, les otorgó la belleza y les reveló algún fulgor de la lumbre de su rostro. Y El, que toca fuertemente de un confín al otro confín del mundo y de un confín a otro confín de la Historia, pero dispone todas las cosas con suavidad y les da un curso dócil como de río y a manera de un rebaño de ondas mansas y continuas, guía los sucesos humanos, dispuso que el mundo antiguo entrara en el nuevo calladamente, sin demasías, violencias ni estremecimientos. No de otra manera, la noche, por la incertidumbre del alba, entra en el día. Así pasó al cristianismo la literatura pagana. Así pasaron las artes plásticas. Así Orfeo penetró en las catacumbas. Así Mercurio Crióforo trajo al redil del Buen Pastor, encima de sus hombros, a la oveja perdida del Evangelio. Así llevó Psiquis sus alas de mariposa en derredor de la trémula lucerna sepulcral que velaba el sueño de los mártires. Lo que separó un mundo del otro no fue un derrumbamiento geológico, como aquel que cortó los continentes antiguos. No fue una brusquedad la que dividió la luz y las tinieblas. Por largo espacio, sobre el esplendor del día naciente y creciente, la noche tuvo suspendidos algunos pedazos de su peplo roto. Antes de que todo fuese nuevo, el ccrazón, las voces y las obras, pasaron algunos siglos. Lo primero que el cristianismo conquistó fue la novedad de la vida. Y esto era lo que más importaba y era la parte mejor y la única cosa necesaria. El cristianismo primitivo tuvo una gran anchura de espíritu. La fe entonces era muy robusta, muy sincera y muy viva para amilanarse de palabras hueras y de imágenes vanas. Los fieles, después del bautismo, continuaban llevando, sin escrúpulo ni turbación, los nombres de origen mitológico que se usaban en la sociedad pagana. San Pablo, en la epístola a los romanos, les recomienda a Febe, hermana nuestra, que está al servicio de la Iglesia Pues bien, Febe es el nombre mitológico de Diana noctivaga, o sea la luna. En la misma epístola envía Pablo fraternales saludos a Hermes, que es el nombre griego del dics Mercurio. Apolo es uno de los más activos cooperadores del ministerio pauli- no. Abundan en la primera sociedad cristiana los nombres de Mercurio, Saturno, Hércules. Basta recorrer el Martirologio romano para ver cuan numerosos son los nombres de las divinidades olímpicas que entraron en el paraíso divino y se convirtieron en nombres de santos venerados por la Iglesia: Afrodisio, Jano, Paladio, Posidonio. Ni tenían tampoco demasiado reparo los cristianos primitivos en inscribir en sus tumbas los nombres paganos de los días: Dies Lunae, Dies Martis, Dies Mercurii, Dies Jovis, Dies Veneris... que fueron usados por los más antiguos Padres: San Justino, San Clemente de Alejandría, y que. levemente desfigurados, han pasado a nuestras lenguas cristianas: Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes... Las alusiones que hacían los pintores y los escultores a las fabulosas aventuras de los dioses, no los espantaban en manera alguna. La práctica había impuesto una regla muy ancha y muy prudente a la vez, que, por un lado, mantenía a los espíritus todavía débiles en la fe, y por el otro lado, mantenía a los ilustrados en la región elevada, muy por encima de pueriles escrúpulos. Consideróse como inofensiva la parte puramente simbólica o literaria de la fábula antigua; pero se repudió con suma energía la que mostraba un carácter puramente idolátrico. Este criterio púsose de manifiesto en el caso de aquellos cinco artífices, cristianos ocultos, cuyo martirio va incluido en la Pasión de los Cuatro Santos Coronados. Tenían taller abierto de escultura. Encargóselos la construcción de una fuente monumental, con un bajorelieve representando Victorias y Amorcillos. Aceptan el encargo. Tratábase de motivos ornamentales, y un trabajo tal era tolerado por la Iglesia. Tari a satisfacción desempeñaron la tarea, que se les I i en todo me üm de SÍi Edlesión el Ses AéS í A 1i C Lorenzo RIBER Esp iñola