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ABC. MIÉRCOLES 15 DE J U N I O DE 1955. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 35 CONDUCTOR ES TEMERARIOS Y ASEGURADOS Un accidente más, el sufrido por don Gregorio Marañón Moya en la autopista de Barajas, ha vuelto a poner de actualidad el llamado crimea de carretera tan insistente como infructuosamente denunciado üesde estas columnas. Hemos pedido la total revisión de las normas circulatorias, la adopción Ce señales y dispositivos adecuados en todos los sitios en que existen encrucijadas peligrosas y, sobre todo, la severidad en el castigo de los infractores que ponen en peligro la vida d los demá 3. En este orden existe hoy día una situación realmente grave a la qiv se ha llegado dé manera tptalments improvista, pero no por eso menos perniciosa. Definirla es el primer paso para resolverla, y a eso vamos. La casi totalidad de los vehículos y, especialmente, los destinados al servicio público, ya sean taxis o camiones áe carga, están asegurados por sus dueños contra el. riesgo de accidentes. Cuando uno de estos coches asegurados tiene un tropiezo, la casa aseguradora que S 3 ve conminada a ps. gar una prima a veces muy fuerte, o una indemnización considerable a, la víctima, pone en marcha su mecanismo defensivo. Técnicos y abogados especializados act! an para descubrir que el conductor no es culpable; que la causa del ac- cidsnté es de la otra parte. El resultado es que cuando el peatón atropellado por- un taxi -es un ejemplo- -comparece ante el Juzgado, lleva todas las de perder. Es inexperto en estos lances. No ha sido educado para afrontar el riesgo. Tiene que habérselas con profesionales que conocen perfectamente los reglamentos, que conocen todas las estratagemas legales que és preciso urdir para salir victoriosos. Hay que practicar las pruebas, fijar una flar. sa para la libertad provisional del conductor y. salvo en caso de culaabilidad insoslayable, ellos, los abogados, saben sacarlo a flote, con lo que ponen a salvo los intereses de los aseguradores. Todo este mecanismo, lícito en principio, ha tenido una consecuencia impensada, pero no por eso menos funesta: el sentimiento de impunidad en muchos conductores y, como consecuencia de esa irresponsabilidad, el ejercicio desconsiderado de unos derechos que se hipertrofian cuando dejan de ser meramente individuales y se convierten en servidores de un grupo: el de los asegurados. Así, al menos, son las apariencias. Es asunto grave que no puede tratarse, con argucias rabulescas. Es asunto de vida o muerte; no de pecunias. Y tan es así, que sabemos áue los dignísimos magistrados que actúan en estos casos tienen el criterio de ser muy rígidos y dar a los conductores acusados de atropellos o accidentes las menores facilidades posibles, dentro de la ley, para que conserven la libertad provisional y se libren de la molestias que su acto debiera acarrearles. El problema es muy delicado porque se mueve en el confuso margen que separa la actividad legítima de los aseguradores que defier. Jen a sus clientes y el abuso por éstos de una situación de superdefensa frente p la indefensión de les peatones y automovilistas aislados: Lo enunciamos en la seguridad de que todos ks elementos que intervienen en esta situación estudiarán gustosos una complicación que no esperaban, pero Que ha surgido y crea un singular tipo de delincuencia moral. Fácilmente pedriamos encontrar los parecidos psicológicos con otros tipos delictivos en países lejanos; pero, baste por hoy. Y no cejaremos. LA PELIGROSA CIRCULACIÓN POR CARRETERAS Y CALLES Camiones irresponsables, taxistas intrépidos, conductores inseguros, ausencia de señales... TODO RIESGO PROVOCADO CON EL VOLANTE EN LA MANO ES UN CRIMEN Las carreteras españolas son, generalmente, más anchas que las francesas y por las calles de todas nuestras ciudades los automóviles circulan a menor velocidad que en cualquier otro país de Europa. ¿Por qué, entonces, el número de accidentes es mayor en relación con el de vehículos que circulan? Las razones son muy claras: en nuestro pueblo los camiones pocas veces van por su mano. En Francia, en todo el mundo, el camión circula pegado a la cuneta, sin que pase por la imaginación del conductor salirse un metro más allá de los que precisa para rodar sin peligro. Nunca es necesario pedirles paso, porque jamás se separan de su linea de marcha. En España es constante rodar unos minutos detrás del camión llamándole la atención a trompetazos. Un amigo nuestro ha realizado la demostración siguiente: cansado de pedir paso inútilmente, adelantó al camión por la derecha- -le pasó ilegalmente- y, deteniéndose luego en el centro de la carretera, dijo al conductor que lo había hecho exprofeso, para demostrarle que no iba por su mano. Suponemos que la lección no serviría para mucho. Todos los dias vemos cómo dos turismos van detrás de un camión y cómo éste, cuando se decide a dar paso al primero, vuelve al centro del camino sin dejar que cruce el segundo. Si contáramos todo lo que nuestros comunicantes nos escriben, podríamos hacer una labor estadística del milagro. No ocurren tragedias porque Dios lo irrw pide. En las calles de Europa, más allá de los Pirineos, la velocidad de los coches es mayor que en Madrid y que en Barcelona. Esto es posible, porque el conductor se desliga en absoluto de toda preocupación que no s, ea la de su avance. Los, taxis vacíos. o se detienen en las paradas señaladas o marchan a la velocidad impuesta; los ocupados no van a pasar a nadie, sino a llegar a su destino y los peatones ni se salen de la acera, ni cruzan más rj ij. e por los lugares señalados y en los minutos propicios. (Ya hemos dicho que no todos los taxis tas presumen de valientes y voceadores; no todos salen a la calle dispuestos a atronarla y a amedrentaría. El atropello fuera de esos lugares no tiene consecuencias para. el conductor: la imprudencia temeraria fue del peatón. Pero si el atropello es en un paso, la ley es durísima para el conductor. En el editorial de ayer hablamos de la conducta de algunos taxistas No es preciso resaltar la de los peatones en las calles que no son la de Alcalá o Gran Vía. Laeducación colectiva falta, y no se adquiere en libras. EL ACCIDENTE DEL SR. MARÁÑON MOYA El caso de la carretera de Barajas es clásico en la inconsciencia de algunos conductores y en la falta de previsión de quien planeó el camino. Ayer tarde, nuestros redactores han reproducido el suceso y su experiencia es- así: En primer lugar, ninguno de ellos- -eratí dos, dos que constantemente recorren esa. carretera- -recordaba que el seto estuviera habilitado para el cruce de coches. Ambos creían que desde su iniciación, en la calle de Cartagena, hasta la plazoleta guc divide LA MEJORÍA DE DON GREGORIO MARAÑÓN MOYA Se acentúa, al parecer, la impresión optimista de los médicos que asisten a D. Gregorio Marañón Moya, gravemente herido en el accidente de automóvil ocurrido el sábado, a las tres y media de la tarde, en la autopista de Barajas. En la mañana de ayer se inició una mejoría que permitió al Sr. Marañón Moya tomar algunos alimentos. Pero la conmoción cerebral fue tan violenta que no puede todavía decirse que. en este momento, a las ochenta y. cuatro horas del suceso, goce de todas sus previlegiadas dotes iiitclectuales. -á Este gráfico revela la forma en que ocurrió el accidente sufrido el sábado por D. Gregorio Marañón Moya. El camión, dedicado al transporte de materiales para unas obras de explanación que se realizan cerca de la autopista, salió a ésta por él camino indicado en la parte superior del grabado, y después de avanzar hasta el lugar en que lá interrupción del seto permite el paso a la otra calzada, inició lá maniobra para cambiar la dirección, camino del aeropuieto. En ese preciso instante ocurrió el accidente. El Sr. Marañón Moya no pudo prever que, por detrás de los setos, surgiera un camión impetuoso que iba a hacer un viraje por la mano contraria