Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
abandonado el trabajo, operarios contratados libremente y huelguistas que, a r r e pentidos, habían solicitado su nuevo ingreso en la casa, obtuvo, pese a sus numerosas imperfecciones- -hasta el dia 24 careció de las habituales cubiertas de huecograbado- tan jubiloso éxito áe público, que fue considerado por todos como un plebiscito cívicopolítico. El reparto y venta se llevó a cabo con la colaboración generosa de numerosos jóvenes de Falange, Renovación Española y Acción Popular, que se prestaron a ello espontáneamente. Hace unos días supimos por azar, en el curso de una conversación, que entre aquellos caballeros que con riesgo y exposición vendieron A B C por las calles de Madrid se contaba don Teodoro Palacios Cueto, el heroico capitán Palacios de los campos de cautiverio en Rusia, hoy comandante. Ese éxito permitió a A B C escribir al día siguiente los comentarios que extrac tamos a continuación: Las huelgas se ganan en la calle. Es la consigna que suelen recibir de sus Comités las organizaciones obreras; y ya se sabe lo que quiere decir eso. Ahora es en la calle donde se pierden las huelgas. El público, que siempre fue indiferente a los pleitos puramente gremiales y económicos, ha ido reaccionando contra el carácter político y violento, abusivo y odioso de las agitaciones societarias, se interesa vivamente y actúa en cada conflicto importante a favor de la justicia y el derecho. La huelga de Artes Gráficas ha muerto en la calle. Estábamos estos días bajo el acoso de reclamaciones que de todas partes nos llegaban para que apresurásemos la reaparición del periódico sin reparar en deficiencias. De cualquier modo; un pliego, una hoja, el título y unos párrafos; como sea, pero que salga inmediatamente venían a decir todos nuestros comunicantes, coincidiendo en la misma impaciencia. No era, pues, la lectura lo que les urgía, ni el contenido habitual de A B C lo que les interesaba, ni la devoción que pudieran tener a su periódico lo que les movía, sino el vehemente afán de ver el fracaso de una huelga y la victoria del derecho sobre un despotismo irritante. ¡Lo que ocurrió ayer en la calle al circular los camiones con los paquetes de A B C, lo cíue han visto nuestros adversarios nos explica mejor el estado de opinión y el ambiente de protesta en que se ha disuelto, repudiada y vencida, la maniobra de la Casa del Pueblo. COMENTARIOS EN LA CÁMARA Hubo gran animación en la Cámara desde mucho antes de. la hora señalada para la sesión. El tema de los comentarios era la salida de A B C, considerándose como un enorme triunfo, que ponía punto final a una huelga injusta. Era, según expresión de un diputado, el triunfo de la ciudadanía Pero sigamos exhumando textos. Así el relato tendrá más vigor. El presidente del Consejo de Ministres, señor Lerroux. comentó con los informadores la salida de A B C, y dijo que, aunque hubiera salido sólo como un prospecto, el éxito estaba descontado, porque los ciudadanos hubieran querido siempre hacer el gesto de ostentar su derecho y comprar la Prensa que quisieran. Se hallaba en el grupo el redactor de Informaciones don Julio Romero, quien contó al señor Lérroux que, después de la sesión de ayer, el señor Lamoneda, que había mantenido desde su escaño la defensa de los huelguistas, dándoles en todo la razón, se había acercado a don Juan Pujol. director del mencionado periódico, para pedirle que emprendiera una gestión El presidente del Consejo de Ministros, don Alejandro Uerroux, comentando con los periodistas la reaparloión de A B O, dijo que, aunque hubiera salido sólo como un prospecto, el éxito estaba asegurado En lot últimos afios de su vida, el Sr. Lerroux abdloó de muchos de sus errores pasados y aoonsejó a sus amigos políticos que secundaran el Movimiento nacional. cerca de la Empresa de A B C para ver si conseguía una avenencia. Lo interesante de cuanto dijo el señor Lamoneda al señor Pujol estuvo en que ofreció que loa obreros huelguistas no se opondrían a que continuara en los tálleres de A B C el obrero minervista que dló lugar al conflicto. Sólo deseaban que no hubiera represalias. Los diputados que se hallaban en el grupo dijeron que, después de llevar a los huelguistas a este fracaso, la Casa del Pueblo quería arreglar el asunto sin pensar en el estrago que ya había causado con una huelga ilegítima y absolutamente Impopular. Avanzada la tarde, llegó a la Cámara el director de Informaciones y diputado a Cortes, don Juan Pujol. El Señor Pujol habló del asunto ante un grupo de diputados y periodistas, y dijo que había evacuado cerca del señor Luca de Tena el encargo del señor Lamoneda. -Yo he sacado la impreesión de esta entrevista- -dijo- -de que el señor Luca de Tena ni ha mostrado ni muestra intransigencias de ninguna clase. No acepta, como es natural, que el minervista origen del conflicto pase a otro taller distinto, porque esto sería una imposición que va contra la dirección de la labor diaria. No quiere tampoco que haya represalias, pero no se le puede obligar a que admita obreros que han sido autores de sabotages graves. Entre estos sabotages figura el de haber perforado el techo de la nave donde se guardaban las bobinas y haber inundado aquélla, estropeando gran cantidad de papel. Esto- -agregó el señor Pujol- -es razonable y tiene toda la razón el señor Luca de Tena. Este- -añadió- -está- dispuesto a admitir Continúa) miércoles 14 de marzo de 1934 reapareció A B C, Un grupo de oaballoros se prestí espontáneamente a venderlo por las calles, a pie y en oamlohes. II públioo madrileño acó. gió la salida de nuestro diario con simpatía vivísima. Ahí están para recordarlo esas manos de compradores entusiastas alzadas en de manda del número que honro su portada oon el retrato de José Herreros Abad, el obrero n o huelguista de Prensa Española asesina, do cobardemente durante la huelga decretada por la Casa del Pueblo,