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AH DE ECHEVARRÍA N asta. Exposición tan completa del wte de Juan de Echevarría, que ae cetota n 1 Museo de Arte Moderno, UOí encontramos con tino de loa artistas tu pudiáramoa decir más repreaentatliroí de la actitud estética de la generación del 98 Bien que en ate caso la enconada MM del carácter, tan peculiar a este grupo, -M 6 AfaelqáDor encontrar los rasgos más esenciales d tÉÉstta tierra y de nuestros hombres, en Juan de Echevarría se alia a un gusto por las formas más delicadas y las tintas más tenue y cristalinas, acordes con los ustoa europeos de su momento. Hay en Echetañía una predilección por las tinta trias, ar un empaste tan extendido y leve, que flexión a los tonos con ritmos casi musi ales. -Es cierto que al hablar de la pintura de Bchevarria, hay que aludir constantemente a vocaciones melódicas, pues sus cuadros puede decirse que tienen timbre. Le primera dedicación de este artista a la música, nos atreveremos a decir que ha modelado su inspira ion y ya no puede lffierarse de esa interpretatito de las forma través de tonalidades, famas ytéa sp renciasde color, que parece tu teaslucea sordes, Su íjtuastéü stinatictt postímpresionlsía le Ubers, de se atur t rimo solar que en la gentraditaanterior habí colmado de destellos us Uenaos. Hueseo pintor, con un distinción H ocaüna todas las exageraciones, Je brillos excesivos y deja a las osa t una tenida y recatada atmósfera candente. lía, ata Exposición, Juan de Echevarría Worwo se nos presenta con una modernidad que es difícil eiv juiciarla históricamente. Está arrostrando la prueba más penosa que puede sufrir una obra de arte: la de ser juzgada por la generación posterior a ía de su creación. 7, sin embargo, aquí tenemos sus lienzos vivos y entrañables, tan actuales como el día en que fueron, pintados. Hay en sus pinturas un equilibrio entre realidad y espíritu, que es una de las notas esenciales del arte moderno. Se apoya, sí- -y hasta exacertoa- -lo rictus personales, los caracteres inalienables de nuestra raza, pero, al mismo tiempo, su color es leve y como desmaterlalizado y las sombras no modelan con dureza los relieves. Pocos pueden ser calificados como él de precursores, y ya sabemos que el precursor es, sencillamente, un adelantado, desacorde con. el tiempo en que vive. Hay en sus obras resonancias de Gauguin. en ese extender los colores, anchos y simples, como grandes retazos cromáticos. Seos de Cézanne, con su interpretación casi simbólica de los bodegones, cuyo color palpita siempre más allá de la línea del dibujo. Blandas cadencias a lo Nabis, con gusto- por los tonos cremosos y como afelpados. Pero sobre estos reflejos, de la mejor y más precoz pintura de su época, hay una personalidad que unifica todo este conjunto de obras y que permanece con esa constante de delicadeza de finas armonías cromáticas y de gusto, encarnado ahora en las más egregias personalidades de nuestras letras. Lo que más varia en el curso de su obra es la gama de color. Cada etapa de su evolución está caracterizada por una escala cromática, que presta a su obra una sonoridad diferente. Es el descubrimiento normal de nuevos matices, acordes con los nuevos modos de su sensibilidad, lo que determina la rute de su evolución. A través de todos los periodos de su pintura se advierte la misma fluidez y el mismo amor para recoger, como la espuma de cada ser, unas bases tonales distintas. Pocas veces sus coloraciones son netas y definidas. BaroJ Isyendo