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T RA D O FO R AA C I O N G E N E RA L FUMADO EN 1 S 05 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA D 1; R I O L U S- T R AD O D E I! F 0 R M A C 1O N G E NE RA L UE no son una sola y misma. cosa, pues el- Diccionario da más noticias que enseñanzas y la Gramática es más libro de texto, y aun cuando emanan los dos de la Eeal Academia, no siempre andan de acuerdo, y en fin dirá que un diablillo travieso, qus retoza den- tro de mí, me lleva hasta la inocente osadía de pensar que ni el uno ni la otra le sirven de mucho al escritor verdadero. Porque al que lo es ab evo porque nació tal y tiene un seguro instinto literario, le bastarán sus lecturas bien escogidas, su casi congénita facilidad de expresión, secuela de buena lógica y claro entendimiento y la sensibilidad y finura de oído aue le hicieron aprender sintaxis como mejor se aprende, para escribir bien sin tener que darle constantemente vueltas a la Gramática, tímido y desconfiado como un doctrino, y sin acudir a! Diccionario a buscar palabras prestadas que no son las de su patrimonio lingüístico. Claro está que a veces le será indispensable llegarse a la Gramática- -entonces convertirá en libro de consulta el libro de texto- -para resolver una duda momentánea y ratificarse o rectificar en lo que ya tenía bien o mal aprendido mas cuando acuda al Diccionario habrá de hacerlo para entender las palabras raras de los demás y no para entenderse a sí mismo. Y digo esto refiriéndome al libro que es sólo vocabulario, catálogo en que constan dispuestas por orden alfabético todas las voces de un idioma o dialecto, y de ninguna manera a los Diccionarios de ideas afines, que sen muy distinta cosa y tienen más valiosa eficacia. Ahí está el ejemplo precioso del Diccionario Ideológico de don Julio Casares. El insigne académico y secretario perpetuo de la Docta Corporación, ya en 1921, cuando preparaba la obra que acabo de citar, escribió en otra titulada Nuevp Concepto del Diccionario de la Lengua y otros problemas de Lexicografía y Gramática No es lo más urgente, siquiera sea muy útil para determinados fines, disponer de un libro que nos enseñe a comprender lo escrito o a entender lo escuchado. Lo verdaderamente necesario, lo que todos echamos menos a cada paso, es un procedimiento mediante el cuál se faciliten las operaciones activas del lenguaje, algo que, cuando llegue el caso, nos ayude a hablar, a escribir y también a pensar. Me place insistir por mi cuenta en las cuatro últimas palabras que subrayo: y también a pensar Más adelante afirmaba el maestro: ...hay qus crear junto al actual registro abecé archivo hermético y desarticulado, el Diccionario orgánico, viviente, sugeridor de imágenes y asociaciones, donde al conjuro de la idea se ofrezcan en tropel las voces, seguidas del útilísimo cortejo de sinonimias, analogías, antítesis y referencias, un Diccionario comparable a esos bibliotecarios solícitos, que, poniendo a contribución el índice de materias, abren camino al lector más desorientado, le muestran perspectivas infinitas y la alumbran fuentes de información inagota- Q LA GRAMÁTICA bles. Y digo yo ahora: ¿No está claro como la luz que consultar tal obra no es lo mismo que acudir al archivo hermético y desarticulado Pues bien, esto, lo segundo, es lo que hacemos con lamentable frecuencia tantos lexicógrafos a la violeta, que buscamos la paja en ojo ajeno sin reparar en la viga del prójimo. Y a esto quería llegar, por ejercicio de propio arrepentimiento. Ya somos muchos los espontáneos, desorientados y desapercibidos, que nos tiramos al ruedo del idioma, y unas veces, de puro milagro, pasa el torito sin tocarnos, y otras, las más, nos entrampilla, voltea y campanea y siempre sin liquit semperque ficebit provecho para nadie. Nos metemos en el signatum praesente nota producere nomen. predio lingüístico ajeno a cazar gazapos con escopeta negra y mala puntería, y, Y de los galicismos no quiero hablar, mirando por encima de las tapias o por entre la fronda espesa, confundimos las porque si recordamos todos los modos afrancesados de uso corriente hasta en minúsculas orejillas de un lebrato con las orejazas de un burro, y como tene- buenos escritores, desde detalle por pormenor y rango por clase, hasta temos la manía de la palabra exacta, pero considerándola aisladamente, por su sig- ner lugar por realizarse, efectuarse, llevarse a cabo, y tener honor por honnificado escueto y no en relación con las rarse o tener la honra, no tendríamos demás, cuando entre todas forman concepto, recurrimos al Diccionario, al ar- tiempo, no digo ya para escribir, pero chivo desarticulado que nos las sumi- ni siquiera para pensar, y ello nos llevaría, por hacer que hacemos, a rechanistra, y no a la Gramática, que nos enzar el vocablo extranjero que el buen seña a ordenarlas. Mala cosa es que vaescritor culto usa a sabiendas, por cayamos al vocabulario a buscar voces raras, retorcidas y sesquipedales, para fin- -pricho elegante, y así lo subraya, y a dedicarnos a la caza de insignificantes gir una riqueza de léxico que no tenegazapillos ortográficos que nada le immos, porque las entenderemos por priportan al buen posador. mera vez por lo que el vocabulario nos explica, pero nos olvidaremos después- -y Digamos de paso que las faltas ortoolvidar vale no haber sabido nunca- -de gráficas, que son las menos graves, son tal suerte que al releernos nos asombrelas que más se persiguen, y recordemos mos y no sepamos lo que quisimos decir, otra vez, siempre estará bien recordarlo, con lo cual volveremos al vocabulario. Y que el maestro Julio Casares escribió un primoroso artículo que se titulaba El esto será el cuento de nunca acabar, pues Fetichismo de la Ortografía y en las que como nos vestimos de prestado, pron Nuevas Normas de Prosodia y Ortoto nos quedamos desnudos. Claro está grafía que la Real Academia Españoque lo que abunda no daña; pero imporla publicó en 1952, consignó lo siguienta cómo se consiguió la abundancia, y te: Se invierten, pues, lastimosamente si es verdad, según dijo Cervantes, que los términos cuando se toma por base el remudar vocablos es limpieza no la ortografía para ajustar a ella la prolo es menos que repetirlos con intención nunciación, olvidando que es la forma puede ser claridad y hasta gracejo y elesonora de una palabra la que ha de regancia, y ahí quedaron los ejemplos de los retruécanos y epanadiplosis que nues- flejarse en la escritura. tro escritor máximo prodigó con sin igual Y con esto, que ya fue mucho, promedonaire. Con muchas palabras raras, to que per lo menos en mucho tiempo como las que amontonan en su desenfreno diré nada más, alejado voluntariano verbal los grafómanos farragosos, ri- mente de tiquis miquis gramaticales, de dículos, presuntuosos y redichos, se es- los cuales no debe hablar auien no encribe con torpeza y oscuridad, y en camtiende. Mejor estudiar en silencio nuesbio con ÍES del acervo común y las nuestra sintaxis, no olvidada la analogía, sin tras habituales, bien compadecidas con la cual no podríamos entender lo que la nuestro pensamiento y nuestra sensibilisintaxis nps enseña, y aprender la prodad, se puede escribir clara y correcta- sodia de oído, que es como bien se aprenmente si las manejamos con destreza. de entre personas cultas, y dejarle las minucias ortográficas a un amanuense para que remedie nuestros descuidos y La corrección se apoya en la sintaxis ponga veinticinco donde nosotros di- -que no la enseña el Diccionario- e jimos venticinco que aunque con la importan el régimen, la concordancia, la i nada le agregue al número al que construcción, el sitio, en fin, que ocupen nosotros nada le quitamos, escribirá grálas palabras en la frase más que su sigficamente bien lo que nosotros acaso no nificado estricto, que aumenta y muda y pensamos y expresamos del todo mal. adquiere un sentido traslaticio con el andar de los tiempos, como el idioma no Felipe SASSONE es una momia, sino un organismo vivo. Mejores los vocablos que nos son habituales, y los del habla popular que todos entienden, y los nuevos que invente, acVJbe y recomponga un gran escritor culto, que los que rebusca en el vocabulario la pedantería de un intonso. Aparte el uso vicioso de palabras que consideramos sinónimas cuándo significan cosas absolutamente distintas, como el desapercibido por inadvertido y tráfico por tránsito, que de ninguna manera puede pasar, bien estarán hasta los neologismos requeridos por la necesidad, que el uso se encargará de arraigar en nuestro idioma, y conviene no olvidar la vieja sentencia de Horacio: