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A B C D O M I N G O 13 DE J U N I O DE 1955. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 65 Crítica y glosa H O M B R E Y DIOS 1 por Dámaso Alonso Ediciones de EÍ Arroyo de los Angeles Málaga, 1955. 73 págs. HERNÁNDEZ NAVARRO, ANTONIO JOSÉ: IDA Y VUELTA Este libro Ida y vuelta es una novela. La novela de la División Azul. Se publicó su primera edición el año 1946, y entonces, como dice con razón su autor, Antonio José Hernández Navarro, se anunciaban para él, y para quien lo escribió y lo lanzaba a los cuatro vientos, toda clase de disgustos. Sin embargo, el libro hizo su camino, que fue el del éxito, y vio una nueva edición en Méjico. La que ahora come ntamos es, pues, en realidad, la tercera, y la segunda aparecida en España. Se trata, como hemos apuntado, de una novela, pero también es documento, crónica- -y, por tanto, Historia- -y, sobre todo, gesta, la gesta gloriosa de unos mozos que partieron a pelear contra Rusia, contra el comunismo, muchos de los cuales quedaron sobre los campos de batalla, otros devueltos en su momento y aun otros rescatados después de años de cautiverio, que les elevaron a la suprema categoría de los invictos. El relato de Hernández Navarro es trepidante, pintura viva, vivida, entusiasta y humana. Canción de lo cotidiano y de lo sorprendente en los frentes de combate, de la forja de los soldados, de sus Quehaceres y pensamientos, de sus entusiasmos, sus penalidades, su dignidad y su valor. Es, pues, un retrato fiel del modo de ser y de hacer- -copiamos literalmente estas palabras por verdaderas- -de los hombres que combatieron en la División Azul por su Patria Y nosotros añadiremos que también por las sagradas esencias de la civilización occidental. Pero hay, asimismo, en la novela, en el documento, la parte íntima, fundida, amalgamada con la heroica, que es la que perfila los tipos, la que nos hace conocerlos a fondo. Así se producen, se revelan, en Hernández Navarro, el novelista y el historiador, a la par; o, mejor, el cronista, que ha sabido captar con extraordinaria agudeza los paisajes, el móvil de los hechos, lo grande y lo mínimo y la contextura de cada personaje, como también el aliento generoso de todos juntos. Pocos libros darán al lector una impresión de dinamismo y de profundidad como éste; pocos llevarán a él un aliento tan humano, tan fuerte, tan viril y tan generoso... En cuanto al estilo del novelista, su modo de contar, es claro, apretado, directo, porque a los grandes temas les basta con las palabras llanas. DELIBES, MIGUEL: DIARIO DE UN CAZADOR El Diario de un cazador es un relato personal escrito con aguda ironía y despreocupación por un personaje ficticio, hombre rústico de provincia que cuenta llanamente todos los acontecimientos de su vida. Tiene por eso la narración de cada jornada una fuerza descriptiva y un gracejo sorprendente: así cuando son las escenas de la caza las que vienen al relato djsl protagonista, como cuando éste V? Ediciones Destino. 21 S páginas. Editora Nacional. 380 págs. Precio: 55 pesetas. STE título, Hombre y Dios basta- ¿cómo no ha. de bastar, en su universal complejidad? -para hacernos recordar el camino cubierto por ¡a poesía de Dáé maso Alonso, desde aquellos Poemas puros, poemillas de la ciudad -libro aparecido en 1921- hasta hoy mismo, pasando por la cima de Hijos de la ira 1944- camino ondulante, pero no desviado de un eje que interesaría fijar, a los efectos de entender totalmente la obra poética de Dámaso Alonso, de igual suerte que en los respectivos casos de otros poetas de su generación: Vicente Aleixandre, por ejemplo, de clara evolución en su línea, o Gerardo Diego, en su característica simultaneidad de formas, no tan contradictorias, referidas a la unidad del poeta como pueda parecer. Como quiera que sea, sentimos ganada nuestra atención, apenas iniciada la lectura de Hombre y Dios por el recuerdo de uno de los poemas más representativos de Dámaso Alonso, Dedicatoria final en que nos da a conocer la historia íntima, muy entrañable y humana, de su poesía y de él mismo: 1 ...no he hecho más que estas cancioncillas: pobres y pocas son. Primero, aquellas puras (es decir, claras, tersasV y aquellas otras de la ciudad donde vivía, Al vaciarme de mi candor de niño, yo vertí mi ternura en el librito aquél, igual que en una copa de cristal diáfano. Luego dormía en lo oscuro durante muchas horas, y sólo unos instantes me desperté. E Y al cabo de los años llegó por ñn la tarde, sin que supiera cómo, en que, cual una llama de un rojo oscuro y acre me vino la noticia, la lóbrega noticia, de tu belleza y de tu amor. ¿El enlace con Oscura noticia e Hijos de la ira del poeta que Dámaso Alonso fue siempre, aunque con distinto temple espiritual, queda establecido, y nos facilita el acceso al nuevo libro, Hombre y Dios de análoga tensión patética, en su conjunto, pero con las alteraciones que fielmente corresponden a un corazón más abierto al recuerdo y a la esperanza. La angustia, la inquietud, el frenesí, no desaparecen del todo, si bien se dejan disciplinar por superiores afirmaciones. Las conquista el poeta a brazo partido; se deja persuadir por ellas, con el alma en vilo; las hace suyas por entero, no ciertamente para apaciguarse, sino para sentirse inducido a renovada Jucha interior. Una de esas supremas afirmaciones es la del libre albedrío, que obliga al poeta, al hombre, a la criatura de Dios, a crear por sus propias fuerzas. Porque libertad es creación. ...Porque creando, uso de la libertad que me dio; en cada acto de mi libertad estoy creando. Creando, estoy creando, segundo a segundo: Cada acción de mi vida, flor nueva. y Cada acto. de mi voluntad, color inventado, forma que no había; aroma, donde no aroma... f En cualquiera de los cuatro Comentarios que dan contenido, juntamente con unos magistrales sonetos, a Hombre y Dios hallamos la razón más profunda, a nuestro juicio, de libro tan cargado de fluido poético como denso y ceñido en cuanto a preocupaciones trascendentes. Un prólogo y un epílogo, bien trabados con el libro propiamente dicho, marcan el punto de partida y la meta del apasionado y apasionante itinerario que recorre el poeta, febril, impaciente, en continua introspección: peregrino de lo absoluto cabría llamarle, con uno de los títulos más característicos de León Bloy. No es caprichosa, ni se reduce a este motivo puramente rotular, la asociación de tonos y reacciones que nos permitimos insinuar. Hay algo del sarcasmo, de la terrible ironía, de la expresiva violencia de León Bloy en Dámaso Alonso, salvado nada menos que el valor del verso en el extraordinario poeta español, cualificado, además, por su saber lingüístico y literario. Nos aventuraríamos a calificar de intelectual y hasta de intelectualista este Hombre y Dios de Dámaso Alonso, si no tuviesen los sentidos tanta participación como la inteligencia en las agonías del poeta. Más aún: el prólogo es el poema de lo- ojos en su natural captación de colores, figuras y paisajes. Todo lo ye el poeta, hacia adentro y hacia afuera, pese a su tierna miopía Mundo desdibujado, neblinoso, gris de real y simbólica ceniza. Pero el poeta quiere conocer las cosas en sus límites más estrictos; por eso pide ojos de águila, ojos- garras, de presa Y en el epílogo prevalece el tacto. Por lo que toca, sabe el hombre que vive, pero no qué sea la vida misma. Sentado a la orilla de un río, el poeta medita: Todo lo que fluye es lágrimas. Pasa el tiempo... Ha debido pasar mucho tiempo. Han pasado minutos, siglos, eras: toda la pena del mundo como un tiempo lentísimo, todas las lágrimas del mundo como un río indiferente... Es mucha y; muy profunda la emoción de este ríofyae este poema, el último de Hombre y D os ¿v, M. FERNANDEZ ALMAGRO W r. s 7 r- r de la Real Academia Española Wf