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SAN AGUSTÍN DE LA FLORIDA, PUEBLO ENCANTADO AQUÍ EMPIEZA EL CAMINO REAL Por JOSÉ M. MASSIP S AN Agustín, Florida. (Crónica de nuestro corresponsal. A los 2.000 americanos que emigran y se establecen todas las semanas en el Estado de Florida, en busca de trabajo y bienestar, les tiene sin cuidado San Agustín. Para ellos es un pueblo dormido y sin vida. Van en pos del porvenir y aquí se les ofrece pasado. Sin embargo, algún día esta extraordinaria población de apenas 13.000 habitantes, donde se vivé sin prisa, figurará en el primer puesto de las rutas turísticas americanas, al lado de la histórica Williamsburg, y con tantos- con más- -deLa calle del rechos que ella. Además, con un esfuerzo bien orientado, en marcha ya, puede con- vertirse en el núcleo interamericano de un Pascua y las buganvillas florecían a su alrededor, y tomó posesión, en nombre del gran centro cultural hispánico. Porque- aqui, en San Agustín, precisa- Rey de España, de todo el Continente normente aquí, comenzó la civilización blan- teamericano. Ahora, cuando se llega a San Agustín, ca en el Continente norteamericano. Porque aquí pasaron, y aqui perviven, hay que restregarse los of os y forzar la todas las ideas de Occidente; las bande- imaginación para darnos cuenta de que ras de España, de Francia, de Inglaterra, todavía nos encontramos en Estados Unide la Confederación separatista y de Es- dos. En este país todo es présente y porvetados Unidos han ondeado a la brisa suanir, y en 1 Estado de Florida, más que ve del Atlántico. Nos encontramos en un punto de la cos- en ningún otro. Florida es la dínamo del ta oriental de la península de la Florida, Caribe. Miaml es como una central de vino lejos de la frontera del Estado de Geor- talidad, cuyos hilos terminan en las Islas gia. Al Norte tenéiHí 5 s la ciudad de- Jaelc- -antillanas. Después de Texas, éste es el sonville; al Sur, Daytona y Mlami; al primer Estado ganadero del país. Sus huerOeste, Tampa. Un río, el Matanzas, sepa- tas y sus naranjales envían Himalayas de ra a la población de, dos estrechas lenguas fruta hacia el Norte. Sus playas, de una de tierra paralelas a la costa, que la pro- arena dura y azulada, contienen tesoros de titanio y uranio. Acaso el secreto de tegen del mar abierto. Hace cuatrocientos cuarenta y dos años, la Fuente de la Juventud, que Ponce de desde el mar, a través del estrecho canal León buscaba, era la radioactividad de de arenales que se abre entre las dos len- muchas aguas floridanas. guas de tierra, podían verse los fuegos de Todo este rebullir de vida parece imun pequeño poblado indio, llamado Seloy. portar poco en San Agustín, que vive del Guiadas por aquellos fuegos, un mediodía turismo. Si se llega aquí a la anochecida, del mes de abril del año 1513, tres naves os encontraréis, de pronto, con las puerespañolas penetraron por el estrecho y tas de la población delante del coche. Dos fondearon a alguna distancia de las du- grandes torreones cuadrados, de remate nas. Su capitán, don Juan Ponce de León, colonial, que sostuvieron un día un puenpuso el pie en esta tierra dulce y cálida, te levadizo, única entrada en el que fue a la que nombró La Florida porque era recinto amurallado. Tesoro. Las puertas dan acceso a las sombras azules de la calle de Puerta de Tierra, i ahora St. George street, una calle estre- cha, de grandes cornisas saledizas, balcones, galerías, arcos, tapias; por las que asoman las magnolias y las palmeras. Los turistas han vuelto a sus Motéis y la noche es silenciosa y perfumada. Si os volvéis, veréis, en dirección al mar, la masa i del castillo de San Marcos, ancha, sólida, con las torres redondas de vigía en el ángulo de sus poderosos bastiones, el de San Pedro, el de San Pablo; el de San Agustín, el de San Carlos... Si avanzáis, pasaréis por la calle de Aviles, la del Tesoro, la plaza de la Constitución, la de Valencia, la de Córdoba, la de Granada. Veréis Casa Llambias, la casa de don Toledo, la casa Sánchez, la casa del gobernador Salazar, una vieja escuela con un pozo árabe en el jardín, una herrería. En las afueras, encontraréis la Misión de Nuestra Señora de la Leche y el Buen Parto, y jen ella, el sarcófago del capitán general don Pedro Menéndez de Aviles; fundador de San Agustín, y el fuerte de Matanzas, a la bocana del río. Muchos de estos edificios no son de piedra; son más fuertes que la piedra; son dé coquina, grandes cubos de concha petrificada, abundantísima en estas costas. Aqui, en San Agustín, empieza el Camí-