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también en los anales de la historia de la isla. Derribó la piqueta oficial el bastión de San Jerónimo con unas torres morunas y el portalón que le daba acceso. Ya no existen los conventos de Jesús, de S a n t a Margarita, de Santo Domingo, con su monumental órgano. De la casa fuerte o fortaleza que fue el recinto de la Almudayna de Gomera donada por don Jaime 1 a la Orden militar del Temple, habitada por el comendador de los templarios de Mallorca, no queda ni un solo resto, como tampoco queda vestigio alguno del inmolado castillo del Rey, de PoHensa. Han Ido desapareciendo los típicos hostales, el fragante paseo dieciochesco, con poyos de artísticas ménsulas, y la romántica plazoleta de las cuatro campanas de airosos Jarrones, hito d e una época deliciosa. Se ha arramblado con las hornacinas, caplllitas y lienzos murales, Que van quedando en P o q u í s i m a cantidad. Puede más la c o n v e niencia o el inconsciente capricho personal que la pátina de arte ingenuo, que florecía graciosamente por el fervor que inspiraban t a l e s hornacinas, con su iconografía de a trayente sencillez y l a lampaíita Dos lindas vistas de paisajes de molinos mallorquines. (Fotos Sancho. ardiendo en las fechas solemnes. Se ha ido reformando en Palma, sin conciencia artística macerando el alma dolorida de la ciudad, que se va volatilizando, s e va derrumbando a pedazos, guarneciéndose como ultimo reducto en la recoleta barriada catedralicia y en lo qus resta de las mura. Has de la Portella y del Baluarte del Príncipe. Bordando relieves su carcoma con la ofrenda silvestre de unas plantas resecas aguántanse enhiestas aún. cuatro garitas tapiadas, pétreos oriflamas que saben da siglos de soles y de brisas marinas. ¿Desaparecerán también, por el logro de alguna otra vivienda? El auge febril de la urbe escamoteó los malinas de viento, que enmarcaban el puerto y el Levante de la bahia de Palma. Molinar se llama aún el suburbio mezcla de arrp balero y aspirante a pequeño burgués, en donde estaban emplazados los molinos de Levante, utilizados posteriormente como guaridas de tribus gitanas, y que daba unos y otros, con la albura de las velas de sus aspas, risueña bienvenida al buque jue arribaba a Palma. En el puerto, en la remozada barriada da) Jonquet queda aún en pie, intacto, un arrogante y esbelto molino de viento, entre las torres de otros ya en ruinas. Aquél, semejando respetado adrede para atracción de turistas y estímulo de algún artista husmeante de sabor local, se con- vierte en verano en improvisado local de bebidas y esparcimientos, con cuanto d chabacano significa una orientación meramente crematística, con chillonas llamadas luminosas de atención, estropeando el encanto de su anterior apacibilidad. Menos mal que el Ayuntamiento de Palma acordó su conservación y remozamiento del terraplén que lo sostiene. Desapareció el traje regional mallorquín, cantado én sonoros versos por Rubén Darlo y Prudencio Rovira, que tm folklore de guardarropía intenta en vano reverdecer. Al prescribir del rebocillo ealetargó el alma de toda la isla, suprimió la payesla su sabor prístino más puro cristalizado en La Serra de Alcover En la carrera del progreso- -decía mí Inolvidable profesor don Juan Luis Estelrleh- al que se rinde se le pasa por encima, con mortal pateadura; pero, ¿tío podremos, como los israelitas, execrarnos y maldecimos si olvidamos nuestra destruida Jerusalén? Por eso, y por todo lo apuntado, pedimos que. no se inmolen los últimos molinos de viento que subsisten en Mallorca, y que se restauren los que fueron abandonados. Porque lo qu desaparece, lo que se va para no volver cuando se trata de compendio de esencias espiritunies, deja mordimientos, añoranzas y vacíos. J. V. 1.