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La Casa de las Conchas. des la habitarán, qué hechizos traspasarán el aire de sus callejas? Luego llegáis a las riberas del Torales, cruzáis su ancho cauce por el puente nuevo, miráis con nostalgia el puente romano por donde el lazarillo anduvo a la trágala, ascendéis por la cuesta einjpinada de San Pablo y veis las casas de piedra amarilla, las nobles fachadas esculpidas de armas, las plazuelas soleadas, las iglesias, los conventos, Convento de las Dueñas, convento de San Esteban, iglesia de la Santísima Trinidad, torre del Clavero, palaclo de La Salina can sus arcadas y su patio luminoso. Gente bien vestida, estudiantes universitarios con más pinta de itronados que de intelectuales, vespas jovencitas presumidas. Un charro con su traje de pana negra, uno. No veréis más en toda Salamanca. Rúa Mayor, Estancos, platerías. Sastrería y confección: los figurines del escaparata apestan a ntodernidad. Librería Ñúñez, redacción de El Adelanto ¿Donde tus duendes, Salamanca? Plaza Mayor. Antaño rodeadla de un balaustra, verdecida de árboles y setos, mues- r ira hoy la hosquedad de sus losas desnudas. En los edificios barrocos de Alberto Churriguera, las cafeterías modernas, los cafés, las tiendas con escaparates de joyante transparencia. Cabe las arcadas vie jas, los vistosos Cadillacs Pontiacs De Luxe Es preciso convencerse. Bajo les costillares viejos de la ciudad late el pulso agitado de las generaciones nuevas, de los gustes actuales, de las apetencias cosmopolitas. Para hallar el remanso de los tiempos perdidos, de los recuerdos evpeadores, hay que huir del gentío de la plaza Mayor, con sus tertulias a la sombra de las arcadas; hay qué huir de sus calles bulliciosas. Calle del Prior; Palacio de Monterrey, con su crestería renacentista; iglesia de San Benito y, cuesta abajo, la Clerecía y el Palacio de las Conchas, con los muros salpicados de veneras pétreas y las ventanas protegidas por rejas de riquísima y trabajada herrería. Calle de los Libreros, patio de las Escuelas Menores, estatua de fray Luis de León. Aquí se paró el tic- tac del tiempo. Hay una tregua para el descanso, para el recuerdo o para el olvido. El cielo es un cuadrilátero azul recortado por las cresterías rizadas de los hastiales. Y frente al autor de Los nombres de Cristo la Universidad con la maravilla inefable de su fachada. ¿Qué cincel primoroso fue esculpiendo la pisdra donde han brotado llores, arabescos, figurillas, escudos, engríes humanas? No es posible hacer más con una dura roca. Plaza de Anaya. Fachada grandiosa de la Catedral Nueva. De. la Facultad de Ciencias salen unas chicas con los libros baje el brazo. Sobre el muro de una casa cual- Patio de la Casa de Uj Conchas. (Foto Arribas.