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VOCABLOS Y FRASES POPULARES. DONOSTIA Y SAN SEBASTIAN -N artículo sobre El Tío Sam publi -i cado no hace mucho en estas co i lumnas, me refería yo de pasada a los numerosos vocablos y frases hechas sobre cuyos orígenes, la mayoría de las veces, nada o muy poco sabemos. Personajes diversos y sucesos de la más variada índole han originado palabras y dichos que han sobrepasado las fronteras de su tiempo y adquirido carta de ciudadanía en todos los países. También las ciudades y el elemento puramente geográfico han echado aquí su cuarto a espadas. Nadie desconoce el dato de que las zarzuelas se llaman así porque fue precisamente en La Zarzuela casa de recreo del Real Sitio de El Pardo, donde Se iniciaron estas representaciones; y en cuanto a las gabardinas, su etimología queda clara si recordamos que estas prendas comenzaron a usarse en una ciudad griega llamada Gabarda. Dos términos deportivos, sin ir más lejos, tienen idéntico erigen: olimpíada procede, de Olimpia, Grecia, donde se iniciar ron estas competiciones; y el rugby fue creado por la escuela de una localidad inglesa llamada Rugby, en- el condado de Warwick. Y no faltan las motivaciones anecdóticas: un gobernador árabe de Toledo invita una noche a todos los nobles de la ciudad y les hace decapitar. Surge entonces una frase hecha una noche toledana ¿Qua en Villadiego, Burgos, se fabrican excelentes alforjas? El ingenio popular relaciona rápidamente alforjas con viaje, viaje con despedida a la francesa y crea un nuevo dicho: tomar las de Villadiego Por aquello de que para muestra basta un botón supongo que estos seis ejemplos, escogidos al azar, demuestran suficientemente la importancia dsl factor geográfico en el origen de numerasos vocablos y dichos populares. Pero de vez en cuando surge el enigma. A mi me ha perseguido desde chico la pregunta de porqué a San Ssbastián se la denomina, indistintamente, San Sebastián o Donostia, ¿De dónde ha surgido la voz t donostiarra con que hoy so define a sus habitantes? Hecha así, de repente, diríase que la pregunta asusta un poco. Sin embargo, la respuesta no puede ser ni más simple ni más clara. No intervienen personajes extraordinarios ni lances peregrinos. No hay apenas anécdota. Una vez más hallamos que la vox populi al trastocar o adulterar determinados vocablos, ensancha nuestro idioma con una nueva palabra o un nuevo concepto. ¿Que por qué a San Sebastián se la llama Donostia? Para responder a esta pregunta hay que descender muy atrás en el tiempo, allá en la vieja edad en que los peregrinos alemanes, camino de Santiago de Compostela, cruzaban los Pirineos por Irún. I a peste causaba estragos entre ellos. Irguiéronse aquí y allá, orillando el Cantábrico, ermitas y santuarios dedicados a. San Sebastián y San Roque, Santos tutelares contra la peste. Aquí hallaban los extranjeros alivio y descanso en su peregrinación. Más adelante, ya al filo del sltrlo X, se ccnsiruyo un monasterio para el culto de San Sebastián, y en tomo a él fue creciendo y agigantándose la villa que en adelante llevaría el nombre del Santo. Sus primeros habitantes le llamaban Done Sebastián, y aquí comenzó a crearse, entre balbuceos, el nuevo vocablo. Hay que tener en cuenta el modo en que los vascos pronuncian Done Sebastián para comprender cómo esta voz se convirtió en labios del vulgo en Donesebastla y más tarde, por corrupción, en Donostia. A esta voz se añadió el sufijo vasco arra y se formó, sin más, la palabra donostiarra. Nada hay, como se ve, de extraordinario ¡en esta historia. Es inútil buscarle tres pies al gato V rodear el origen del vocablo Doncstia de un ropaje f- abuisso y con encanto de leyenda que para nada se apoya en la realidad. Yo recuerdo, al respecto, las palabras de un amigo que un día trataba de explicarme por qué Bilbao ss llama Bilbao y no de otra manera. Mi amigo no quería saber nada de los anti- guos Flavióbrigá, Bilbilis o Biilibato para explicar el origen de la voz Bilbao. El se limitaba a decir, solemnemente, que una botella arrojada a la ría produjo un chapoteo singular al tragar agua: bil- bao, bil- bao... Y así nació el vocablo Bilbao... A esta anécdota tan ingenua y simpática le sucede, claro es, lo que al imponente avión que no tenía más defecto que el de no poder volar: no sirve para; nada. El origen de la voz Dohostia que aquí he explicado, por el contrario, es una historia escueta, sin fábula y sin anécdota. Tiene a su favor, sobre alguna otra versión que corre por ahí, el dato nada despreciable de su rigurosa autenticidad. De ello doy fe. Luis DE CASTRBSANA San Sebastián obra del escultor D. José Núñez. (Foto Moreno.