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que te (t ber- r b bajo ni vientre, volviendo ¡a, cebezA a r decldH y aolLcIta. didEn do. (k lu manera: Dejad a la. i nlAoa y ft lOA ncenUlea iue vengan a mj. EaCos recuerdiM eiU lazos, son de toa que no H olvidan. Anúdate a tcdo que In Cordera tenia La mejor pa tu de vaea sulrlda dtrl mundo. Cuando ae vela emparejada tiajo el ruíD con cualquier compaflera, Qel a La Eamella. fabla someler su voluntad it tn ajena; y oras y horaa se la veía con la cerviz IncUnadñ, la cabera torcida ax incómoda postura, velando en pie míenm i la pareja dormia en tlena, 4 Anti 5 n de ChJnta imprendló que habla nacJdo para pobre cuando paLpú lA Imposibilidad de cmnpUr aauel eu no dorado auyo de tener un. corral propio con dos yuntas por lo m e n o i Llrcú. ara? 1 HA a mil aboiTOE, que ttvn TDuns do sudor j pursa torio de privaciones. lle Li a la phmera taca. la Cordem j no pasó do ahí; ant a de poder ooEnprnr Is. seEunda, co vlú obllsndo. pora PDíar atrasos al amo el duefio de la que llevaba en renta, k llevar al meicado a aquel pedAEO de tas entrüafta. la Cordera el amor de ua hijos. Chlnta habta muerto a k a dos afioa de íener la Cordera en casa. El establo y La cama del matrimcolo estaban pared po 7 medio, llamando pared a Un tejado de ramai de casEafio y de cafias de m a La Chlnta. musa de IJI economía en aquel hogar miserable, habffl muerto mirsodo a la viica por un boquete del d e s t rosado tabl juC de, ramaje, KñalAndoía como alvaoldn de La fAmJUa- ellos que no deaeabo mAs hijos, pues todon acababa por perderlos pronto, sin u ber cómo ni cuándo. Al oscurecer, AntOn y la Cordera entraban por la corrada mohínos, can Bdos y cubiertos de polvo. EJ pndie no d! ú explicaciones, pero loi hijos adivinaron el pflilffro. No habla vendido, jurque nadie había querido lICHar al precio que a fl se le habla puesifl pn la cabeta. Era e iceslvo: un f o ñ i a del carino. Pedia mucba por la vaca para QUe nadie se atreviese a llevársela. Lov que se habitan acercado a Intentar fortur w hablan alejado pron to echando pestes de aquel hombre que miraba con ojoa de rencor y desafio al que osaba Innl tlr en acerenrse al precio njo en que él se ubroquclnba, Hasta el último momeriEo del merecido ealuvo nos de los que pedía, le dio el último oto- que, aUo thonacho. El de Carrló subJa, subía, luchando entre la codicia y el capricho de llevar la vaca. Antón, como una roca. Llegaron a tener las manos enlncadaj. pamdog rn medio de la carretera, interrumpiendo el paso, Por fln, la codicia pudo mAs; ct pico de los olncuenta les separó como un abismo; so jolíaron loa msnos; cada cual tiró por íiu lado; Antón por una calleja que, entre madreselvaa que aun no florecían y zarzamoras en flor, le condujo hasta su casa El Desde aquel día en que adivinaron el peligro. Pínln y Rosa no sosegaron. A media ftfmana se personó el mayordomo en el corral de Anión. Era otto aldftina de la misma parroquia, de malas p u l í a s cruel con los caseroo atrasados. Antón, que no admlcla reprlmendaa. fe puso JlvJdo ante las ame nozAs de desahucio. El amo no cepera ba más. Bueno, vendería la TBca a vtl precio, por una me f l e n d a Habla ¡ua pBBEar o quedarse en la calle. Al sAbsdo inmediato acompañó al Humedal Plnln a su padre. 1 nlAo miraba con horror a los contratistas de carnea, que eran los tiranos del mercado. La Cor- r ¡r dera íui Comprada I S en injusto precio por ti A un rematante dé CosA mf tlLhu 6 e la hlvo una sefial en la piel, t volvió a su establo de P u a o. ya vendida, ajena, tañendo trist e m e nte la esquila. D e t r á s cnmln ban Antón de Chlnta, taciturno, y Plnln. con oJoB como puGos, Rosa, al saber la venta, se abrazó al testuz de la Cordera que indinaba la cabe B a las caricias como- vi yugo. -iSe Iba la viejal- -pensoba con el alma destroEada AnlÓtk el hüraflo. la ser en raza bestia, pero su hijos no tenían orra madre ni otra abuela. Aquellos días, en el pasto, en lo. verdura del Somonte, el silencio era fúnebre. Lí. Cordera QUP Ignoraba su suerte, descíinsaba y pacía como oEempre, sub ¿pecle aeternlLalü como deacansaría y comería im minuto antes da que el brutal porrazo la derribase muerta. Pero Rosa y Plnln yacían desolados, tendidos sobre U hierba. Inútil en adelante. Miraban con rencor los trenes que pasaban y los del telésrafo. Era aquel mundo desconocido, tan lejos de ellos por un lado y por otro, el que les llevaba su Cordera El viernes al oscurecer fué la despedida, vmo un encarRUdo del rcmamnTe de Castilla por la rea. Pagó; bebieron un tragO Antón y el comisionado, y se sacó a la quintana la Cordera Anlün hobla apu- Culdadlan ea vuestro sustento pareclan decir los ojos de lA pobre moribunda, que murid extenuada de hambre y de erabajo. Zl amor de os gemelos se había concentrado en la Cordera el rcíaiOn que tiene su cariño especial, que el padre no puede reemplazar, estaba al calor de b vaca, en el es vablo, y ¿a el Semiente. Todo esto lo comprendía Antón a tu manera, coníUAamentfl, De la venta necesaria no habla Que decir palabra a los ncñoq -Vn sábado de JUUOH al ser de día, de mal humor Antón echó a ando; hacia Qijún. llevando La Cordera por delante, sin má atavio que el collar de piQUlla. Plnln y Ro a dormían, otrofl días hnbía que despertarlos a azotes. El padre 1oi dejo tranquilos. Al levantarse se encontraron sin la Cordera Sin duda, mío pa Tü habla llevado al xatu Ko cabJn. otra conjetura. Plnln y Rosa opinábate que Lrt vaca Iba de mala ana; creían AntAn de Chlnta en el Humedal, dando p l a u a la fatalidad. No le dlri. pensaba, que yo no quiero vender; fion ellos, que no me pasan la Cordera en lo que vale, Y. por fln. suspirando, st no aatlsfeeho con cierto consuelo volvió a emprender el camino por la carretera de Candís adelante, entre la confualün y el ruido de cerdos y novillos bueyes y vacas, que los aldeanos de muchas parroquias del coniomo conducían con mayor o menor trabajo, segiln era de anticuo los relaciones entre dueflos y bestias. En ol ííalfloyo, en el cruce de dos caminos, todavía estuvo expuesto el de Chmta a quedarte sin la Cordera un vecino de Carrló que le habla rondado todo el día ofreciiíndole pocos duros me-