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QUINIENTOS KILÓMETROS EN BISCUTíR POR TIERRAS DE LA MANCHA La cueva de Medrano... Buen queso y mejor vino... La casa de Dulcinea... La venta de Bou Quijote... ¿Pero hay cuestas para el B i s c u t e r? Habíamos ido de Madrid a Valdepeñas en un viaje de índole familiar. Nuestro Biscuter había salvado tan limpiamente los doscientos kilómetros de carretera la tarde anterior que, cuando a la mañana siguiente hablamos de regresar, alguien propuso alargar el recorrido y hacer un poco de turismo cervantino. Argamasilla de Alba, El Toboso, Campo de Criptana... eran nombres que nos tentaban con su proximidad. Y luego, ciertamente, tenía su encanto recorrer tierras de Don Quijote en el primer Biscuter seguramente que las ha atravesado; en este ligero y. cómodo vehículo, nacido precisamente en aquella Barcelona en que terminaron las aventuras del famoso caballero andante. orden; pero, afortunadamente, estábamos equivocados. La excelente suspensión de sus ruedas nos permite continuar cómodamente nuestro camino y, minutos más tarde, nos detenemos ante la iglesia de Argamasilla, la ciudad que pretende ser aquella en que Cervantes comenzó a escribir su inmortal libro. En este templo, en un cuadro que representa a Nuestra Señora de Illescas, aparece retratado al pie de la imagen un caballero que se asegura fue don Rodrigo de Pacheco, en quien muchos ven la figura que inspiró a Cervantes su Don Quijote. Rodeados aquí, como en todos los lugares por donde hemos pasado, de la curiosidad de grandes y chicos, que se arremolinan en torno al Biscuter. visitamos luego la Cueva de Medrano, donde la tradición asegura que Ceryan tes escribió la primela parte. de su novéla; el lugar a que el mismo Cervantes se refiere cuando habla de. una cárcel donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación De Argamasilla; seguimos viaje hasta Alcázar de San Juan, para almorzar allí. Una típica comida roanchega, por cierto, que se inicia con el sin igual queso de esta tierra, seguido de la pipirrana y En la carretera genera! de Andalucía, un nuevo pueblo se le- la caldereta de corvanta entre Valdepeñas y Manzanares. dero; regada abundantemente por tan A la salida de Valdepeñas nos detenemos buen vino como era de esperar en La unos minutos para visitar el molino- museo Mancha y que terminamos con la bizcode Gregorio Prieto, el mejor homenaje que chada típica de Alcázar, hecha con sus su ciudad natal ha podido hacer al insig- famosas tortas, empapadas en leche con ne pintor manchego. Emprendemos la canela. A la salida de Alcázar, la inevitamarcha. Pasamos Manzanares y, en Vi- ble parada en un paso a nivel. Y el tamllarta, abandonamos la carretera general bién inevitable comentario; No tiene repara ir a Argamasilla de Alba. Habíamos medio. La RENFE produce retrasos... auntemido que resultase molesto viajar en el que se viaje en Biscuter. Y la verdad Biscuter fuera de las carreteras de primer es que los únicos retrasos que hemos tenido han sido debidos a otros tantos pasos a nivel. A pocos kilómetros, 2 ampo de Criptana. Por calles en cuesta, reverberantes de cal a ambos lados, subimos a la parte alta del pueblo, donde tres antiguos molinos nos recuerdan otra de las más famosas aventuras de Don Quijote. Desde esta altura- ¿pero hay alturas para el Biscuter? Campo de Criptana, con una blancura que casi hace daño a los ojos, como ocurre en todos los pueblos manchegos, pero con sus empinadas calles que no son corrientes por estas tierras llanas, podría pasar muy bien por un pueblo de la serranía de Ronda o de los montes de Granada, en cuanto cambiásemos sus m o l i n o s por pitas y chumberas. De Campo de Criptana, al Toboso. Cualquier toboseño- -y en torno al Biscuter tenemos naturalmente muchos- -os conduce én seguida a la casa de Dulcinea, que, según la tradición, es aquella en que, cuando Cervantes andaba por estas tierras, habitaba doña Ana Zarco de Morales, de la que posiblemente estuvo enamorado. ¡Y pensar que, en cambio, a Don Quijote y Sancho no hubo nadie que pudiera decirles dónde estaba el palacio de la famosa Dulcinea... Minutos más tarde salimos a la carretera general de. Albacete, precisamente en el lugar en que se encuentra la venta donde Don Quijote fuera armado caballero. esta carretera, a Desde un Biscuter, cobijado bajo su aspas, Y ya por la Orden, Corral Madrid. Quinde Almaguer, se ve así nn molino de Campo de Criptana. tanar de Un alto en el camino, con tres molinos manchegos como telón de fondo. Villatobas... En Ocaña volvemos a coger la carretera general de Andalucía. Pronto pasamos por Aranjuez y enfilamos la famosa Cuesta de la Reina, sin que nuestro Biscuter se hubiese seguramente enterado si no se lo decimos. Miramos el cuentakilómetros: 55, 60, 65, 70... La carretera, recién arreglada, invita a correr. Madrid está ya a la vista. La Mancha, con toda su incomprendida belleza, q u e d ó bien atrás. Pero después de recorrer por ella casi quinientos kilómetros a bordo de tan estupendo puesto de observación como es un Biscuter, traemos las retinas impregnadas de luz y blancura... del verde de las viñas y el rojo de la tierra y el amarillo de las eras... y también de esos horizontes infinitos que en La Mancha, como en alta mar, nos invitan a soñar con metas inalcanzables. -R. H. BENAVENTE. Ante el moHnorinuseo de Gregorio Prieto, en Valdepeñas, nuestro Biscuter se dispon? a emprender su regreso a Madrid, i i do la ruta, de Don Quijote.