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Por LEOPOLDO ALAS iCLARIN RAK trea; siempre loi tresl ñojui. Pinrn y la Cordera El prflo Somtjnte ero un recorte tiinníular de IfTclopelQ verie. t nóiúo. como una COiaadUi CUerila úbojo por Ja loma. Uno de aua ¿neulos. el Inferior, de puntflba el camliiD de hierro de Oviedo a a u ó n Un pala del telígrufo, pl ntado allí romo pendón de conquista, con B B Jlcarja blaacñs y sus alambres U paraleloA ti derecha c izquierda, repceaent ba puta Uosa y Pliün 1 ancho inunda desconocido r TnlatevloAo, tejnlble. etemnaiCJite Igncx do. Plnln. deapuéa úv pensarlo mucho, cuendo A fUFrza de ver dlax y dtfls ol posto tríinquUo- Inofet slvo. cwnppchano, con s a n ín duda, de flcllmaiQEse en la aldea y parecerse Iodo lo poslbEr: a un úrbol Eeco. íüé atrevEéndOK con él. llevó la Conflania extremo de ebraíarse al lefio 1 E y trepar h u t a cerca de los alambres. Piro nunca IleeabD a tocar la porcelana de arriba, que le recordaba las Jicaras que habla visto en la recCoral de Puno. Al vei ü tiin ctrea del mi tcrlti a AtJo. le acometía un pfinlco da respeto y se dejaba resbalar de prlaa hasta tropezar con loa p l u en el c ped. Hosa. menoia auda pero mát enamorada di lo deuonocIdOp st contentaba con arrUnar el oído al palo del teCfr ufo, y minutos 7 ha ta cuartos de hora p u a b a escuchando los formidables rumores metAUoos que el Viento arrancaba a Icj fibras del pino aeco en contacto con el alambre. Aquellas vlbracEonea, a veces Dteruas como las del dlapesún que. aplicado al oido, parece que quema con su vertlfllnoíO latir, eran para Hoaa loa papelea que paaatián, las cartaa que at CMriblan