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D I A R I O IL U S T R A DC) D E ÍN. FO RMAC ION G E N ER A L DIARÍOiLUST R A DO D E INF O R MA C I O N G E N ERA L FUNDADO EN 1905 POR DOW tORCUATO LUCA DE TENA A gusto v e r perderse allá a b a jo, desde la fresca sombra de la casa, la carretera calcinada que avanza entre flores hasta el mar. La casa, desde abajo, es apenas un cuadradito de cal con la gracia de sus cuatro arcos posados levemente sobre el mente. Resulta difícil, sin conocer antes a su dueño, imaginar su construcción. Más bien parece cosa de milagro aquel eqtiilibrio de sus muros sobre las rocas del cantil. -Mire- -me c u e n t a sonriendo- Miguel- Cuando andaba metido en la mar y veía, a la vuelta de Argel, estas piedras, me decía a mí mismo desde el barco Ahí tendrá Miguel una casa o dejará de llamarse por su nombre. Y ya lo ve; en. la vida todo es ponerse a algo. Miguel- -no hará falta decirlo- -es el dueño y el constructor de la casa. Creo que andará rozando los setenta, aunque es difícil arrancarle los años a este levantino socarrón, que lleva en sus ojos entornados la imagen de casi todos los puertos del mundo. Ahora mismo, mientras sirve la mesa con sus manos toscas, de venas gruesas, como cordeles de esparto, me cuenta sonriendo que una mañana en Rotterdam le pagaron veinticinco florines por servir de modelo para un lienzo de Augusto. Y debe de ser cierto, porque la cabeza de este hombre aun tiene la noble y serena prestancia de un senador romano. Si alguna vez hacéis la ruta de Valencia a Alicante y queréis probar sus guisos marineros, os resultará fácil comprobarlo. Quiero hacer una necesaria aclaración: no perdáis el tiempo en escribirle, porque este viejo lobo de mar, patrón de quince barcos, náufrago de tres mares, torpedeado por los ingleses en el Canal y por los alemanes en Córcega durante la guerra del cator- co, no ha aprendido, ni creo que las aprenda nunca, las primeras letras. Me daba cierto agobio decirlo, pero al fin es la pura verdad y tampoco es un secreto para nadie. El mismo, en mi anterior viaje, me contaba riendo que ni en Cardiff, ni en Nueva York, ni en La Habana, echó de menos la escritura. ¿Por qué iba a necesitarla ahora para cocinar un arroz o para aliñar una ensalada? Ni aun hurgándole en la proverbial codicia levantina conseguí llevarle a la razón. D PARLE FRANCAIS DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO -Mire- -me decía, balanceando un poco las piernas, como si anduviera aún sobre cubierta- Para negocio esto queda demasiado alto. El que lo prueba, como usted, repite; pero con letras o sin ellas, sé bien que no escapo de pobre. Yo bajo cada mañana al mar y calo les aparejos. Si hay suerte y se da bien la cosa, el pescado no falta. O se lo comen los que pasan o me lo como yo. Casi pre- En verdad, tamp o c o mi respuesta contaba para su negocio. Pero le hubiera aclarado muchas cosas. En fin de cuenfiero esto último. Porque eso que cuentan del turismo son todo fantasías. tas, el tremendo fracaso de ese On parCuriosa afirmación, como suya. A le franjáis levantino venía a ser nada cien metros, sobre la calcinada carretera, más y nada menos como el adiós a un pasaban casi en continua caravana los tiempo lleno de prosperidad y de alecoches. A intervalos, un autocar replegría. Le hubiera convenido saber a este to de turistas enfilaba el recodo y se lobo de mar tan escéptico que de aqueperdía lejos, junto al mar. Como si adilla Europa viajera y feliz, con príncipes vinara mi desconcierto continuó: en la Costa Azul, conciertos de Erahms- -Sé lo que está pensando. Yo tamen Alemania ó en Viena y millonarios bién llegué a frotarme las manos de gusen los Campos Elíseos o en. San Sebasto viendo eses coches extranjeros. Tamtián, rio queda ya más que el recuerdo. bién he viajado y sé cómo corre el diUn recuerdo tan fabuloso como un cuennero por país extraño. Un día me bajé to de niños. Los dulces otoños de París, hasta el pueblo y mandé pintar ese cardonde se daba cita medio mundo; la pritel. Ahí lo tiene, comido por el sol- -rio mavera de palermo o de Nápolcs, los lagos señalaba al fondo de la casa con su brade Ginebra, los valses en los viejos pazo reseco- ¡Léalo, léalo! On parle lacios de Austria, de Hungría o de Pofrancais- -deletreaba- Des plats tipilonia, toda la Europa confiada, un poco quss du pays, frivola si queremos juzgarla duramente, ¡Se veía a cien leguas de la carretera! pero sensible y armoniosa como un Stra- -Pero usted, Miguel- -le repliqué yo divarius, se quebró en mil pedazos ensuavemente- no sabe hablar francés. tre el espanto de la guerra. -C i e r t o- -asentía él convencido- Y luego, ¿qué? Eso es lo que le conTambién me preocupaba a mí al prinvendría saber a Miguel. Luego, sobre el cipio. Pero, ¿sabe los que subieron en pánico de las ciudades en ruinas, sobre tres meses? Cinco. Dos de ellos por el hielo de los Acuerdos de Potsdam, agua para cocinarse la comida. Otro pisobre el hijo perdido o la esposa abandió una gaseosa. El cuarto, un abrelatas. donada para siempre, sobre el humo del Y el último, una manta para pasar la hogar en escombros, un afán inmenso noche. Le digo que se traen de fuera de vivir, una prisa de ganar el tiempo hasta los. mondadientes. Por eso retiré del dolor y la guerra, un afán de recoel cartel de ahí a abajo. brar todas laá ilusiones imposibles, de Lo decía con calma, sonriendo, sin la conocer los pueblos y las cosas soñamás leve sombra de acritud. Como si de das. La Europa pobre, vencida y casi veras lo único que le importara algo sin mañana, las gentes del quiero y no fueran los veinte duros del cartel. puedo decidieron dé pronto gastarse su- -Créame- -rezongaba, marchándose hacia el interior de la casa- Aquellos última soldada en la para ellos quizá EU última aventura. Por eso cruzan sobre misters de los buenos tiempos ya no la carretera calcinada, sin detenerse apeviajan por. el mundo. Y es lástima. Eso nas ante el reclamo de Miguel. No es seguramente lo que pasa. importa que ellos no tengan conciencia No aguardó siquiera mi respuesta, de su condición y que sonrían pidiendo como si en el fondo tuviera el mismo vaun poco de agua para cocinar su- allor para él que aquellos automóviles de muerzo o que llenen la noche con el rumatrícula extraña que pasaban de prisa mor de sus armónicas. Es lo mismo. Esa hacia el mar, asfixiados por la enorme joEuropa que viaja ahora tiene que conroba de sus lonas y tiendas de tampaña. tar cada jornada sus monedas. Eso es lo que desconoce Miguel. Tiene que limitar duramente sus gastos, exactamente igual que en aquel piso de Berlín, de Marsella o Burdeos. Es una lucha inútil por recobrar algo de aquel antiguo señorío perdido. Un lujo de príncipes, millonarios y banqueros, continuado, a lo pobre, por estas gentes trashumantes. Si Miguel fuera capaz de entenderlo, yo le EDICIÓN 1954 diría que su On parle frangais levanDOCE MAGNÍFICOS VOLÚMENES tino es como un réquiem a esa EuroSOLICITE CONDICIONES D E ADQUISICIÓN pa que se fue para siempre y ya no volvrá. SAIJVAT EDICIONES SÁIVAT- DISED! Calle fie Recoletos, 13. Madrid. Tel. 35 59 30 I Vicente ESCRIVA