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A B C V I E R N E S 10 DE J U N I O DE 1955. EDICIÓN DE LA MAÑANA, PAG. 49 JOVENZUELOS DUEÑOS DE LA CALLE Dueños omnipotentes de la calle, señores absolutos de las salas de espectácu- los se creen a veces, y parecen, ciertas bandas de jovenzuelos que pululan, a ciertas horas, por la ciudad. Especialmente cuando la temperatura benigna permite una prolongada estancia al aire libre. Hablan en forma desaforada, se gritan, innecesariamente unos a otros, organizan apasionados juegos de fútbol y de pelota en la calzada, sin la menor preocupación del transeúnte, ni temor alguno al guardia urbano. Constituyen- -deben. constituir- -una constante preocupación para autoridades, sociedad, educadores y familiares. Por el bochorno qué suponen estas actuaciones en el presente. Y por él peligro pcsible que significan para el futuro. Señalemos, con gusto, el contraste que ofrecen estos grupitos con el inmenso resto de una juventud estudiosa, pulcra, correcta, formada en los mejqres moldes y sintiendo las nobles inquietudes de nuestras preocupaciones nacionales. El cuadra de las actividades públicas anteriormente indicado es mucho más amplio: con gesto burdo y palabras desagradables, tienen a. gata molestar a las jóvenes; rechazan y menosprecian, despectivos, cualquier observación que se les haga, y sus risas y. voces insolentes Herían de malestar los sitios donde acampan o por donde pasan estas cuadrillas. Si asisten a un espectáculo, el cine especialmente, aesgen cualquier signo de ternura, manifestación de amor o diálogo impregnado de fino lirismo con grandes risas, abucheos y comentarios, sin importarles el respeto y consideración debida a los demás concurrentes. Junto a las veces destempladas, risas groseras y gritos malsonantes, unen otras actitudes igualmente descorteses: americana al hombro, camisa abierta, pies sobra los asientos, gesto displicente de cansancio... Toda una gama de reprobables manifestaciones. Sabemos que las autoridades persiguen toda muestra de gamberrismo que pueda cambiar el tradicional y famoso sentimiento de hospitalidad madrileño, de finura en el trato, dé acogida servicial y cortés, que tanto hacen resaltar, gustosos, los extranjeros que nos visitan. La amable fisonomía externa de la villa no puede estar a merced de unos pocos jovenzuelos malcriados, que tomen a brema lo que en todas partes forma el patrimonio común, por afectar a virtudes tradicionales, realzadas en el transcurso del tiempo. Existe aquí un problema, por lo me- nos de triple dimensión: afecta, de una parte, a la constante autoridad de los padres en el seno del hogar y fuera del mismo. De otra, compete a las autoridades mantener un. rígido criterio ante exteriomaciohes como las que venimos indicando. Per último, a todos, para no presenciar pasivamente, sin intervención adecuada o la corrección inmediata, manifestaciones de incultura que pueden desdorarnos ante propios y extraños. Cualquier fallo de estas proyecciones trae censido consecuencias que todos lamentaremos, quisa tardíamente. Padres, autoridades y sociedad, constituyen, unidos por común afán de perfección, indispensables elementos para cortar toda manifestación pública cuya raí? desemboque en exteriorizacíones de incultura o de simple signo descortés. i Queda otro factor importante: el edu- cativo, de más lenta eficacia, pero de indudable trascendencia. El profesorado tiene que cultivar, junto al estudio, la actitud humana de los estudiantes. En el siglo XVII, el tema de la cortesía en el trato y la galantería con las damas son asuntos que llevan a la escena Lope de Vega, Tirso, Cervantes, Calderón... Vicente Espinel llega a decir de los españoles, en su mejor y conocida obra: Pueden enseñar cortesía a todas las naciones del mundo Por muchos cambios y transformaciones que la vida moderna imponga en el trato y en las costumbres, creemos que la herencia recibida de generaciones pasadas no pueden malgastarla unos jovenzuelos, por muy dueños que se crean de la calle. Sobre todo si padres, autoridades, sociedad y educadores velan por la conservación de sus valores tradicionales. PARA LA UNIFICACIÓN DE LA ESCRITURA ÁRABE El Cairo g. El secretario general de la Liga Árabe ha pedido a todos los países integrantes de la Organización que den a conocer su punto de vista sobre el problema de la unificación de la escritura árabe. Un Congreso en que tomarán parte los más ilustres calígrafos del mundo árabe estudiará las propuestas de unificación. Igualmente se va a hacer la compilación de la historia de la caligrafía árabe. -Efe. necesidades espirituales apenas pueden ser atendidas. Aun con los esfuerzos be neméritos qué se llevan a cabo. Se construyen barriadas de casas. La acción gubernativa y municipal, la de organismos sindicales y estatales, la del prelado, consiguen desaparezcan los habitantes de una determinada zqna de cuevas y chabolas. Al poco tiempo vuelve a reproducirse el bochorno de otras viviendas por el estilo de las destruidas. Cuevas y chabolas son objeto ya de un sorprendente tráfico: se alquilan y traspasan, como si se tratara de pisos normales y estables. La migración hacia Madrid de provincias concretas prosigue sin cesar. Se deja la inseguridad de la vida jornalera campesina para acampar cerca de la ciudad o en ella, a la espera de convertirse en peón, siempre perceptor de mejores ingresos que en el pueblo. No importan, de momento, las dificultades originadas por el traslado, la escasez de viviendas y la abundancia de peonaje. Malvenden el ajuar casero y se desvinculan del medio en que han vivido generaciones familiares campesinas. El suburbio, esa amplia zona doloresa, secuela de todas las grandes ciudades, puede extenderse. Ahora, hacia los términos de San Fernando y Coslada especialmente- -17 y 15 kilómetros de Madrid- afluyen familias obreras y campesinas. El establecimiento de nuevas industrias, con celeridad, transforma lo que fueron poblaciones agrícolas esencialmente, en industriales. Ni aoenas señal queda de los establecimientos fundados por Férn a n d o VI hacia mediados del siglo XVIII, en el palacio ya totalmente demolido. Los campesinos de pueblos próximos cambian sus actividades y se transforman en obreros. Al hueco que ellos dejan acuden campesinos andaluces. La escasez de viviendas llega al límite Hasta ahora, los propios obreros construyen sus casas. Incluso con facilidades por parte del Ayuntamiento para la adquisición de solares a precios irrisorios. Se siguen estableciendo nuevas industrias. La afluencia de obreros proseguirá en lo sucesivo. Y pueden surgir cuevas y chabolas. Faltará la escuela, la iglesia, los centros sanitarios y campos para el deporte. Sabemos que la autoridad gubernativa y los- sindicatos desean resolver, apenas iniciados, problemas que pueden agudizarse en futuro inmediato. Llamamos la atención de todos, especialmente de Empresas y Ayuntamientos, a fin de que al construirse los edificios de las fábricas y talleres en punto donde no existan viviendas, piensen en la resolución previa de tan vitales cuestiones. Como h a c e E. N. A. S. A. en la carretera de Barajas, al acometer la construcción de una completa barriada. ¡A todo trance, es preciso evitar la formación de nuevos suburbios! NO DEBE EXTENDERSE EL SUBURBIO Nos referimos al suburbio madrileño. La capital del Estado se halla rodeada de múltiples zonas suburbanas. Forman una auténtica corona en la que florecen todos los dolores. Ya sabemos constituyen una herencia de etapas anteriores al Movimiento. Un abandono incalificable dejó llegar hasta las puertas de la ciudad millares de seres, deslumbrados por una vida más fácil que la desarrollada en zonas rurales. Y ellos resolvieron el apremiante problema de la casa en forma sencilla, pero inmediata: la construyeron con sus propios medios. A lo mejor en un solo domingo, con el auxilio de un grupo de amigos. No hubo alineación posible de edificios, ni existió urbanización de calles; faltó el alumbrado, pero al menos dispusieron de un techo bajo el cual tenían acogida todas las desdichas. ¡En Carabanchel, barrio de Comillas, Mataderos, Puente de Praga y Ventas; en San Blas, la Cabana y Canillejas; en la Ciudad Universitaria y San Pablo; en Peña Grande, Entrevias, Vicálvaro, Palomares, Barajas y Campo Yesares... múltiples cobijos sirven de alojamiento- -malo, inhumano- -a millares de seres cuyo ínfimo nivel de vida impresiona y cuyas bien situada, rentas antiguas, con confort. PEÑA MARÍN- Avda. José Antonio, 31. 317143- 331146. (Colegiado. COMPRO CASA