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(Continuación) ta abarca el majestuoso valle Jordánico, y la Izquierda, aparece la sombra azul plateada del mar Muerto. Dejamos a oriente el promontorio del monte Nebo. donde murió ante la tantálica visión de la tierra prometida, en la que no habla de entrar, 1 rio viene caudaloso, es la época del deshielo en las cumbres del Hermón, la misma estación en que se separaron sus aguas para que atravesaran el vado milagroso Josué y sus huestes; hoy, el puente de Allenby cumple la misión que entonces. tuvo el Arca de la Alianza. Las riberas cubiertas de vegetación: los arbustos y matorrales nos traen a la memoria el verso del Salmista: Junto a los ríos lt Babilonia nos sentábamos, do los saúcos de sus orillas, colgábamos nuestras cítaras. Luego, Jericó, sin murallas que la cerquen y defiendan; en lo alto, como réplica del monte Nebo, el monte de la Tentación ¿por qué no llamarlo Tibí dabo cenobios griegos en las cuevas de la empinada ladera hasta la cumbre en que se divisaron todos les reinos del mundo y la gloria de ellos Un alto en la orilla del mar Muerto, en un merendero, y la clásica novatada de tomarse un sorbo de agua que sabe peor que la de Carabafia; a poca distancia, cerca de los restos de un antiguo monasterio griego, que conmemoraba el bautismo de Jesús, se explotan industrialmente las sales minerales, especialmente potásicas, del gran lago. Seguimos adelante, subiendo hacia Jerusalén, el último trayecto que recorrió Nuestro Señor; vencemos un desnivel de mil metros; el terreno aridísimo, casi lunar; algún pastorcillo árabe, unas cuantas cabras en torno a un sicómoro; luego, ya ni eso. De nuevo el cartel del nivel del mar. La vegetación vuelve a ganar altura y acercarnos a Be- Una calle de Jerusalén. tania: higueras, olivos, cipreses y palmeras. A la vuelta de un recodo, la Ciudad Santa se extiende a nuestros pies con la claridad de un mapa. No voy a describirla aqui; plumas ilustres lo han hecho una y otra vez; sólo consignaré una sensación subjetiva, de sobrecogimiento, ante la magnitud de la evocación. Partida por la linea de armisticio, la ciudad amurallada queda toda bajo dominio jordano; el recinto fortificado, construido por los cruzados durante su efímero reino, marca, al Oeste, el límite con la tierra de nadie Quiero aqui reseñar la corrección ejemplar de los elementos de orden jordanos, su respeto ante las manifestaciones religiosas que les san ajenas, su tacto y firmeza, a (Continúa) Todos (os viernes por la tarde, a las tres y m edla, una procesión oatólica, apostólica y romana vuelve a seguir los pasos que Jesús dio cuando transportaba la cruz desde el Pretorium de Pílalos, en donde fue condenado a morir crucificado en el Calvarlo. V tras milla cayeron en la buena tierra, y granaron, y dieron oien veo su fruto 8 an Lucas, VIII, I.