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dianos, pronto se pierde de vista el monte que cubre y protege a la capital; miles de casuchas encaramadas, la mayo lia habitadas por kurdos, producen de noche la impresión de un inmenso nacimiento. Atravesamos la feraz huerta que crea el Bárada al ramificarse y desaparecer, cual nuevo Guadiana, tan cerca de sus fuentes. Luego empieza la llanura, verde el trigo temprano, ocre la tierra de labor, y, para mi sorpresa, no se ve el desierto. Al Oeste, la mole imponente, bíblica, del Hermón nevado. Me encantan estas montañas despejadas, con perfil propio, que no se pierden en el enjambre de picos de una cordillera; pienso ahora en la Jungfrau, o el K- 2 recientemente conquistado. Es como un gigante protector, cargado de historia, centinela de la más antigua civilización, en la espina dorsal del Oriente próximo, entre sus hermanos, el Slnaí al Sur, al Norte el Ararat. Sus nieves aseguran el caudal del Jordán y la fertilidad de su valle, tiene, por tanto, la llave de la prosperidad de los pueblos asentados entre el desierto y el Mediterráneo oriental. Estamos a ñnes de marzo, un aire sutil nos recuerda el del Guadarrama; altitud, la de la meseta castellana. Nos paramos en De ra n, frontera entre Siria y Jordania, una frontera sencilla, entre pue clos hermanos. Un guardia nos pregunta por el General Flanco, el primer nombre que sale de la baca de un árabe cuando sabe que uno es español; estaba de servicio, nos cuenta, cuando pasó por aquí su hija. Ya en territorio jordano empalmamos con la gran carretera que lleva a Bagdad, autobuses preparados para hacer noche en el camino, grandes tanques de gasolina, paradas con número y sin nombre, como el Bidón cinq argelino, asi hasta Maíracj. Se reconoce en seguida- -alambradas, S Sur, AALIENDO de Damasco hacia elmerisiguiendo casi la linea de los cactus en tiestos, todo bien encalado, baterías de camiones kaki- -la presencia de un gran campamento de la Legión Árabe- -pañuelos a cuadros rojos y blancos, con les típicos aros negros en la cabeza- otro cercano de la Aviación jordana, luego un puesto de las compañías petrolíferas. La seguridad exterior del país está en buenas manos. Nos dirigimos de nuevo hacia el Sur; hasta aquí no llega aún el beneficio del agua, pero no está lejos el día en que se gane la batalla al desierto. Existe un plan ambicioso de aprovechamiento integral del Jordán y sus afluentes, susceptible de mejeras y pospuesto por unas u otras razones, que podrá, en un futuro próximo, transformar esta reglón y devolverle mucha de su antigua fertilidad. Es tierra muy a propósito para los ganados dijeron ya a Moisés los hijos de Gad y los hijos de Ruten. Pronto llegamos a un tía encajonado, el ÍSarqa, que se cruza por la ciudad del mismo nombre, surgida como tantas otras al lado de un vado; de nuevo, arbolado, rebañes, caras alegres de pastores mercial y urbano, y los asentados en lo alto de las colinas que sirven de contrafuerte, les residenciales; en ellos está el Palacio Real de Basman, las mansiones principescas, las Embajadas y cientos de casas y villas de piedra blanca, desde donde se dominan todos los alrededores. Sorprende agradablemente la construcción en piedra, que da un aire noble, limpio y duradero a estos edificios. Más alto que Madrid, se respira un aire purísimo y vigorteador; sólo en el centro del verano aprieta el calor en la parte baja, templado siempre por las noches del desierto. En la hondonada hay un anfiteatro de gran capacidad en buen estado de conservación; más allá, restos de la ciudadela de Ammán y de las murallas romanas, que atestiguan, si falta hiciera, la noble prosapia de la capital. Almorzamos en el hotel Filadelfla, en un sótano muy fresco; entre el personal muchos entienden el español; unos han estada en la Argentina, otros pertenecen a familias de indianos de Belén. Las calles están adornadas con arcos de triunfo, banderas y gallardetes; la ciudad se prepara Al pía d l Monto Moflan, y situado Inmediata mente según te pasan tas murarlas de la eiu dad, en u costado surorlental, destaca promi nentementa (a cúpula octogonal del santuario musulmán da la l efla, conocido por muehoa bajo I nombre de la Mezquita de Ornar. árabes, de muchachas circasianas de tes blanquísima, campesinas con blusas bordadas en rojo, que lo mismo podrían ser de Maeedonia, Bulgaria o Anatolia. El rio, que se llamó en tiempos bíblicos Jaboc, fue escenario de la lucha de Jacob con el Ángel, en el lunar denominado Panuel. La carrete y el ferrocarril siguen desde allí el curso del Zarqa, hasta llegar a Ammán, la Rabat Atnmón de la época premosaica, la Filadelfla de la era helenísticorromana, capital del reino hachemita del Jordán. La ciudad está construida sobre terreno accidentado, de forma Que los barrios que ocupan el fondo del valle son el centro coa recibir al joven Monarca, del que se ha anunciada la boda con la princesa Dina. Pocos pueblos habrá que, como el árabe, se compenetren de tal manera con las alegrías y fastos de sus Soberanos. La carretera que sigue hacia Jerusalén da un gran recodo en Salt, pueblo pintoresco, arropado en la ladera de la montaña. Desde allí bordeamos un torrente sinuoso y empieza la depresión; ño resistimos a la tentación de fotografiar un cartel, paradójico sólo en apariencia, que anuncia que estamos al nivel del mar Los oidos se resienten ligeramente de la bajada. Se abre por fin la garganta, la vis Continúa) ti mar Rojo, en donde, rodeado de playa de arana dorada y en aauas profundas y azules, abunda la pesoa. Aleaba, unto puerto marítimo de Jordania, dista 844 kilómetros I Sur de Ammán.