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N TORNO DE LA FERIA L libro es la cátedra del gran público al alcance de todo el mundo: jóvenes o viejos, obreros o burgueses. Los libros han contribuido a la formación de los espíritus, acaso mas que las enseñanzas doctrinales de los claustros académicos. Esa ciencia oficiosa y espontánea, un poco plebeya y callejera, de los libros en general son el gran alimento del espíritu de las gentes. La Prensa comparte con el libro esa función de docencia oficiosa. En algunas épocas y en algunos sectores de la nuestra la ciencia ortodoxa se contiene sólo en ciertos libros serlos y académicos. Silo implica aun el predominio de la verdad dogmática que ae daba toda hecha en una pieza en textos, cuya lectura se reservaba sólo a los iniciados. Y ahí todavía, como representantes de la ciencia oficial y secreta, esos profesores herméticos- -afortunadamente ya pocos que sólo acertaban a serlo durante la hora de dase, a puerta cerrada, frente al texto elegido; pero que nada tenia que profesar a las veintitrés horas restantes de día, y su sapiencia sólo podia colegirse por la seriedad de la expresión, el hermetismo y el sombrero de copa. Felizmente los libros de la calle, los de la ciencia oficiosa y plebeya, acabaron con el ridículo crédito de ciertos textos doctorales, que pusieron a las gentes todas en la pista del secreto, averiguando que el misterio lo ea para todos, y que, por tanto, las actitudes dogmáticas y pedantescas son sencillamente intolerables. Los intelectuales, tan aborrecidos de ciertas gentes, pero representantes, en de- E finitiva, de la ciencia oficiosa y callejera, han sido justamente los que han descubierto aquel secreto. Los intelectuales, con su función critica y quizá un poco heterodoxa, han destruido esas posiciones falsamente dogmáticas, y esto fue sencillamente intolerable. Pero, ¿cómo? sin birrete doctoral, sin unas oposiciones, se puede convertir un hombrecito cualquiera en profesional del pensamiento. Esto es lo- grave y lo a osurdo. s i hombre mas humilde, pudiendo cultivar y desenvolver las esencias humanas. SI intelectual de todos los tiempos ha renovado, desde la plaza pública, la vida espiritual de los pueblos y hoy realiza su labor mucho más eficazmente con ayuda de ese instrumento poderoso que le llaman el libro y la Prensa. Los tiranos no cejaron en su empeño. También quisieron convertir el libro, esa cosa alada y libre, en instrumento de opresión y de monopolio. Así se creó el libro oficial para los iniciados. Los libros de texto fueron la forma última de esa dictadura espiritual. Pero los libros en general, los buenos y aun los malos, los libros todos fueron la gran venganza y el gran desquite del libro único, del libro doctoral, y frente a las oirás de la ciencia oficial, que muchas veces son flor de un dia, quedaron las obras de la ciencia Ociosa y callejera. Frente a la obra anticuada de ciencia de hace algunos siglos, estará la juventud eterna del libro de la calle, pongamos por ejemplo, El Quijote Cada dia se dignifica más la Prensa como se dignifica, el Libro. Pero conviene tener mucho cuida- do en esto de las seleccione Felizmente s deriva a extremos peligrosos. Conviene no olvidarlos. Lo importante es fue el libro contenga una manifestación de pensamiento y de sentimiento: una partícula de verdad o de emoción humana. Sin que se pueda recusar ninguno a condición de que contengan est partícula de humanidad, porque nadie puede creerse jactanciosamente en posesión del secreto. Victoriano GARCÍA MARTI (Fotos V. Muro.