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D T R A D O 1 E 1 N F O R. Á A G: i o N G EN ER A L FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO UUCA DE TENA D 1 ARIO 1 LUS T R ADO D E INF O R M AC 1O N G E N 1 ER A L i i 4 T cia histórica bien asegurada: y nunca creen que es engaño eso de ser el más listo. Ahora, en Cádk, la Alcaldía, velando por meter en disciplina el gaseoso y mediterráneo negocio de los coches de. punto, ha colocado junto a la salida del muelle un guardia, que cuenta las maletas y personas que transporta cada coche, hace una rápida operación mental con arreglo a no sé qué rígidas tarifas, y sentencia lo que el viajero tiene que pagar sin posible extralirriitación. Este cochero del otro día llevaba unos dinamarqueses o noruegos. No sé bien. Una de esas razas cercanas al Polo y a la perfección: dos cosas blancas y aburridas. Antes los guardias decían morosamente: Tiene- usted que pagar tanto por el servicio. Pero todo se esquemafiza con el uso. Este contó maletas y personas, y sentenció: -Ocho pesetas... Esperó el cochero a apartarse del guardia y empezó una letanía de lamentaciones interminables y de tipo semítico. -Maldita sea mi suerte. Con el pie izquierdo he debido levantarme. Así me hubiera quedado en la cama. Uno de los nórdicos que medio hablaba el español se interesó por lo que le ocurría. -El guardia, señor, que ya me ha puesto ocho pesetas de multa. Todo por ser uno complaciente. Por llevar en el pescante el maletín, que no es regla... ¡Ocho pesetas! Ya ha hecho uno el día... Sucesivamente, durante el trayecto hacia el hotel, que era largo, glosó estas afirmaciones y pintó el más oscuro cuadro que pudieran forjar en colaboración un novelista tremendista y un socialdemócrata cristiano. Hizo la cuenta de la plaza, en la que el déficit de las ocho pesetas de la hipotética multa tenía equivalencias de ayuno. También insinuó los terribles disgustos conyugales que ls traería aquella multa. Y como la protección a la natalidad ha enseñado al humilde... el valor emotivo dé la prole se colocó seis hijos que le esperaban en su casa. Luego le pareció que se había quedado corto y se añadió tres más que ase guró tener de un primer matrimonio. Con todo esto habían llegado al hotel. Y uno de los. nórdicos preguntó tímidamente por el valor del servicio. -Quince pesetas, señor... Ya ve usted lo que va a quedarme... Entonces fue el mismo viajero el que insinuó que si había sido por culpa de su maletín, él pecharía con la multa. Se negó al principio el cochero. Insistió el nórdico y al fin recibió el mediterráneo ocho pesetas más. Hizo rápidamente su cuenta. Veintitrés pesetas. Gcnába quince sobre tarifa. ¡Gracias al guardia! Si se descubrió y fue a la Comisaría- -que no lo sé- -depondría por él Ulises, Esopo, Fedro y Maquiavelo. Porque la astucia, con riesgo y a cuerpo limpio, es una forma mediterránea de la inteligencia: una provincia mental que si por el Sur limita con los coches de punto por el Norte limita con las cancillerías. José María PEMAN 4 e Xa Real Academia fespaiioZ y lántico, es todavía casi un puerto mediterráneo. El mar de las sirenas y las Gracias, de Ulises y San Pablo, está tan cargado de contenido que no termina fácilmente, así como así, al modo de una carta que se rubrica! No tiene físicamente mareas. Pero tiene una larga marea moral de influencia, estilo y modo que se alarga hasta Cádiz: y que no creo haya desaparecido del todo en la misma Huelva. Por eso, incluso para muchas personas cultas, es bastante borroso e indeterminado el tránsito del Atlántico al Mediterráneo. Saben vagamente que esto ocurre en los ciento y pico de kilómetros de costa que van de Cádiz a Gibraltar. Pero como esos kilómetros están erizados de puntas, arrecifes y peninsulillas, es muy corriente atribuir a cualquiera de ellas esa función demarcadora. En Cádiz- -ciudad atlántica- -se hizo famoso aquel gobernador que al entrar por el estrecho istmo que une la ciudad a la costa, iniciaba sus piropos a su nueva ínsula, exclamando i Qué situación! A un lado el Atlántico, al otro el Mediterráneo... En cambio, son muchos los que creen el peñón gibraltarense situado entre las olas del Atlántico, océano más crespo y propicio a las palabras épicas que le van. bien a Ja hurtada roca. Pero son pocos los que al pasar, por la carretera, frente a la idílica y desnuda punta de Tarifa se dan cuenta de que allí es donde tienen a la vista la sutura de los des mares. Porque claro está que s, ería va no buscar un vallado y alambrada donde estuvieran mirándose, sin atreverse a. pasar, de un lado las ballenas y de otros los boquerones. La verdad es que todo lo que es desunión es cosa humana. De Norte a Sur del Estrecho, de España a África, cien hombres revisarán nuestros papeles y nos preguntarán sí llevamos máquinas de fotografía. De Este a Oeste, el tránsito entre los dos históricos mares del planeta se hace imperceptible, sin que ninguna sirena nos pida el pasaporte, ni ningún delfín nos decomise los cigarrillos... Así son las aduanas de Dios. Por eso Cádiz recibe al viajero, en sus muelles, con ese sello indeleble que es la larga fila de coches de punto descubiertos y con una capota de hule negro. Todcs los puertos mediterráneos parten de la base de que el viajero llega, sin prisa, a visitarlo, a pasearlo. Además, todcs parten de la base de que poseen un clima paradisíaco e inalterable. Así lo aseguran unos carteles sobre un fondo dé azul rabioso. No dejan de tener sus peligros estos lugares cuyo clima no está en el termómetro ni en la atmósfera, sino en los carteles. La litografía no se nubla nunca. Por eso la capota, abierta a la intemperie como concha de apuntador de teatro, es a modo de un crédito concedido al clima publicitario: si éste ro cumple sus compromisos, nada recogerá mejor que esa capota, casi escondiéndolos como un encubridor, la lluvia o 1 viento helado. Pero esto ocurre pocas veces. Y ya se sabe que en matemáticas, al resolver un problema y resultar unos decimales, se dice: Tanto... y tantas décimas, se desprecian. Así se desprecian G ADIZ, ya frente al At- en los paraísos mediterráneos las horas de viento, frío o lluvia. Lo cual no evita que con esos desprecios pueda uno fabricarse, bajo esas capotas optimistas, una buena bronconeumonia que, desplazada de sus obligaciones nórdicas, puede hacer necesaria la penicilina y hasta la Virgen de Fátima. Los coches suelen estar en correctísima fila. Antes reclamaban a gritos a su posible cliente. Ahora en casi todos los puertos la Policía les obliga al turno más exacto, y cuando aparece el viajero con sus maletas reclama: ¡El primero! Y el primero se adelanta sonriente como en unas oposiciones de abogados del Estado... Desde que se le prohibió reclamar a gritos la clientela, los cocheros de coche de puerto- aparecen casi mineralizados. Nadie les ha visto nunca comer, ni bajarse del pescante. Como éste no tiene ni baranda, ni la capota le alcanza, el cochero está garbosamente al aire, y es la figura humana que más se parece a San Simeón Estilita. No existe en ei mundo vehículo- que más se asemeje a un grupo escultórico. Teóricamente están hechos para moverse, pero, en realidad, la inmovilidad es su ambiente natural. El máximo episodio de un coche gaditano durante muchas horas es la oscilación milimétrica de las orejas del penco para ahuyentar a una mosca. Hay que fijarse mucho, como en las manillas de un reloj, para percibir ese movimiento. Así se comprende por qué tardó tanto la Bética en expulsar a los árabes. Esta inmovilidad meditativa hace del cochero un pozo de sabiduría. Tiene contestaciones filosóficas: Cochero ¿no podría ir usté más de prisa? Yo sí, señorito, pero ¿a dónde, voy a dejar el caballo? Otras, epigramáticas. Como la conocida de aquel que, molesto porque sus clientes, habían comprado tabaco y no le habían ofrecido, al requerirles éstos para que les enseñara el San Antonio de Muríllo, les enseñó el primer San Francisco que encontró a mano, en una iglesia. Pero éste no es San Antonio, cochero: ¿dónde está el Niño? El niño ha ido por tabaco para mí. Y sobre todo, la astucia; a la que hoy damos un sentido peyorativo pero que en el Mediterráneo tiene una larga tradición que pasa por Ulises, la zorra de Esopo y de Fedro, los Médicis, Maquiavelo... Los cocheros de punto tienen sus ascenden- Fabricada con técnica de cbsoiufa garantía.