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DIARIO ILUS- T R A D O D E! NF O R MA C I O N G E N ERA L 1? FUNDADO EN 1900 POR DON TORCUATO CUCA DE TENA ENGO ante mí el libro- Prosa fugitiva -cuya edición me ha dedicado Alejandro Gaos, en muy cor- terviuvador quien da excelencia periodísdial gentileza de amigo. El admira- tica al trabajo. Es casi imposible que de ble poeta valenciano, autor de Vientos un cuestionario vulgar se deduzca un arde la angustia La sencillez atormen- tículo interesante. Por ingenioso que sea tada y otr s obras que son culminan- un hombre, si le preguntan cómo se tes en la lírica actual, ofrece esta vez a llama, dónde nació, cuántos años tiene y sus lectores un libro dé entrevistas. Vein- demás datos tópicos, habrá de dar las tinueve nombres de españoles, algunos mismas respuestas y todas sin enjundia, de prestigio universal y los demás que porque los temas que se le proponen son- -según los clasifica en su prólogo- per- lugares comunes fosilizados y ningún tenecen a ese núcleo espiritualmente se- jugo puede desprenderse de ellos. Él inlecto, orgullo y luz de una nación A terrogador, para hacer algo que prenda v todos ellos se ha acercado el ilustre catedrático de literatura que es Gaos con sencillez y con el alma limpia de segundas intenciones, que es la mejor, si no la única manera de que dos hombres puedan entenderse No voy a intentar una crítica de esta obra, que doctores tiene el A B C p a r a ello, pero la alta categoría literaria de su autor y lá verídica limpieza de intenciones con que está escrita y su apartamiento de cominerías, su amable seriedad, me hacen suponer que ésta es. acaso, la mejor oportunidad para decir algo de lo que ya en otras ocasiones he pensado acerca de las interviús, precisamente porque éstas no puedtn ser incluidas en el grupe de las qUe me propongo comentar. Después de una larga experiencia, la interviú llega a ser considerada pavorosa. La interviú es muy fácil y es muy difícil. Que es fácil lo demuestra el que se refugien en ella casi todos los principiantes. Cuando un periodista en agraz quiere lubrificar su acceso a las planas de un diario y no dispone de ideas propias, suficientemente interesantes, suele acudir al hombre va conocido, al que cuenta con predilecciones entre el público, y pone en el chorro de sus temas el cucurucho de sus cuartillas con la natural sencillez con que se acerca el cántaro a la fuente. Aquel personaje amparará su labor y le dará interés y- -por decirlo así- comercialidad. A veces, un interviuvador tiene la franqueza de decir, TRUDE VON OLO DE RIBON, Ilustre al interviuvado: pintora austríaca, que hoy inaugura, por primera vez en Madrid, una Exposición de- -Si se niega a atenderme me hará persus más recientes óleos. (Ft. Madariaga. der las tantas o cuantas pesetas que me pagarán por el artículo. Por ésa y otras razones, un admirado escritor amigo mío considera las entrevistas como una variedad del sablazo y se resiste a concederlas, alegando que le hace bastante falta el dinero para permitirse regalarlo a los demás. El error de quienes usan y abusan de la interviú consiste en creer que la ca tegoria del personaje elegido es la que determina su importancia fundamental. Esto puede ser así alguna vez. por! a excepcíonalídad del tipo o por haberlo enii contratistas cumbrado pasajeramente la actualidad, siempre que ya no esté demasiado exprimido por los interrogadores. Pero la realidad que no ha de ser desatendida Fabricas en: Madrid, Bilbao, Valiadolld, es que no es el que contesta, sino el que Barcelona, S jll i Sagunto. pregunta, no es el interviuvado, sino el in- ABC D 1 A R I O I L U sT R A D O DIE 11 F O fii M AC I 0 N G EN E RA L tt el interés de los lectores, ha de estudiar previamente el plano de aquel alma para ir derecho a los escondrijos donde pueda guardar lo que tenga valor de confidencia, o, por lo menos, de desconocida novedad. El hombre de mayor sustancia ideológica o de más rico anecdotario aparecerá gris e inimportante al través de uri inquisidor torpe y vulgar. Otra modestia que llega a hacer temíbles las interviús es la frecuente propensión de aquellos que las realizan a aparecer en cierto modo superiores a quienes se han prestadb a ellas, ya con indiscreciones que, les perjudiquen, ya con observaciones poco congruentes que les empequeñezcan, o bien permitiéndose interpretar la intención de sus palabras con las exégesis más punzantes. Si se refieren a su físico, lo caricaturizan; si a sus costumbres, las embrollan, o arremeten contra el mobiliario de la estancia donde, se les recibió, -si no descubren motivos más pertinentes. Es como si pretendiesen decir al lector: -Estamos conformes en que el hombre a que me refiero posee una personalidad descollante, ¿verdad? Bueno, pues ahora fíjense ustedes en cuanto digo de él y podrán deducir sin esfuerzo que estoy a mayor altura y que aquí el que vale soy yo, y ese señor es el que debía haberme hecho a mí la petición de la entrevista. El libro de Alejandro Gaos está al margen de todos estos reparos. Escrito con una admirable naturalidad, se advierte en todas sus páginas que está hablando de gente que conoce bien, en cuyas almas ha entrado ya muchas veces por las puertas de la camaradería y de la amistad; Así con Vicente Áleixandre. y con Dámaso Alonso, y con Gerardo Diego, y Díaz Plaja, y con Fernández Almagro, y con Marañen, y con Menéndez Pidal, y Julián Marías, y, en fin, con todos los que se alinean en las páginas de Prosa fugitiva porque Alejandro Gaos es uno entre ellos y los ve como un parigual, iluminando las figuras con su propio talento y sin nieblas de envidia ante los ojos, sino con una profunda simpatía humana, al través de su limpio y buen corazón de poeta de la ternura como le llamó García Luengo, con su comprensión exquisita, que movió a Dámaso Alonso a decir que en los versos de Gaos reconocemos los deseos y temores gue nos ligan a todos los hombres, triste materia dividida en tantos mundos minúsculos (cada ser humano un microcosmos) y que sólo el auténtico poeta pone en comunicación, es decir, restituye a su unidad Ciertamente, este libro de entrevistas sigue siendo la obra de un magnífico, poeta, de trémula y sencilla expresión, sin hiél, que sabe ver y sabe dibujar a los hombres. W. FERNANDEZ FLOREZ de l t Ji ctil Ácodttt Ui- T LAS VIGUETAS CASTILLA Preferida fjoor técnicos