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de murallas, en la Alcazaba; la ciudad de los cargadores de mineral y el eterno encanto del Mare Nostrum cinador; la ciudad, con sus techos planos; el próximo castillo de San Cristóbal; la carretera que esconde su di- Restos de fortificaciones en el Cerro de San Cristóbal y el camino que tas une a las de la Aloaiaba. rección a Málaga entre las peñas... ¡Instantes de gozo, admiración y en- una estación ya lejana en sus extremosos contornos, canto! La brisa del mar nos trae suave caricia Pasamos al segundo recinto, en plano húmeda y su atracción de lejanía y forta- más elevado que el anterior. Se han inileza. El aire parece posado, quieto, filtra- ciado y están en ejecución nuevas obras. da toda impureza. El cielo halló reful- Montones inmensos de escombros que segencias sorprendentes. El invierno parece pultó el olvido y abandonaron siglos de indiferencia esperan la pala que los vaya removiendo. Debajo dejarán al descubierto posibles mazmorras, termas, aljibes, alojamientos castrenses, mezquitas... Un estanque delicioso- -agua en reposo aprisionada entre mármoles de Macaen- -es ejemplo de armoniosa reconstrucción. Más amable aún junto a las desolaciones próximas. Seguimos la ascensión. Hasta coronar la tercera parte de esta extensa Alcazaba. Aquí existen fortificaciones posteriores a la Reconquista- -la torre del homenaje especialmente- -y estuvo, al parecer, el palacio regio. Hemos gozado una mañana esplendorosa en la Alcazaba de Almería. Que reconstruye y adorna- -como en tantísimas ciudades y pueblos- -la pericia de un arquitecto poeta, agudo conocedor de nuestro pasado a través de las piedras derruidas, de los escombros hacinados, de los conjuntos monumentales que descuidó la indiferencia. Es don Francisco Prieto Moreno. Estimulado en este caso por el que fue gobernador civil de la provincia muchos años, don Manuel Urbina. Y por autoridades municipales, que ponen en el embellecimiento de la ciudad que se les ha entregado su mayor entusiasmo. 61 primer recinto, cuyo encanto realza el fondo que ofrece ¡a perficio brufiida ti ti mar. Alfonso INIESTA (Fotos Brea. ciones. Abundantes geranios y rosales en flor, madroños, eucaliptos, plátanos, pinos, palmeras, botón de oro, piteras y chumberas indican el poder soberano de la voluntnd. Más, cuando a ella se une el acierta y una delicada sensibilidad. En todas partes hallamos estanques, albercas con peces, fuentes que lanzan al aire unos delgados hilos que suenan cómo canción de alegre esperanza Por entre las múltiples almenas que coionan los extensos muros de este recinto podemos contemplar un extenso y variado panorama. El mar, en su tranquila majestad; la vega, verdeante: el puerto, fas-