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ti LA isla í i TpERiFi m m DESCUBIERTO UNA SEPULTURA GUANCHE Por LUIS DiEGO CUSCOY s CANARIAS es un mundo hermético. el secreto del primitivo canario: pero lo f Su geología, aparentemente tan cla- cierto es que aun no está claro el secreto V ra, con esa impresión de regulari- de la raza aborigen, como no lo esta el de dad que dan sus estratificaciones volcáni- su lengua. T todavía queda largo camino cas, es todavía una geología no revelada, que recorrer para llegar hasta la médula con viejísimos secretos envueltos celosa- de su cultura. mente por las revueltas masas de lava. La Pero como todo es hermético allí, la hisflora de las islas constituye una inespera- toria de unos hombres que no hablan tu da sorpresa desde el punto de vista de la escriben, que no dejan más huella de su biología vegetal, y hay especies que viven paso que las propias de una andadura viamparadas por el milagro de un clima, de tal y de unas necesidades elementales, se un viento, de Unas nubes y de un suelo, hace de veras difícil de reconstituir. Ciercuando las mismas especies, en otras lati- to que no hay mayor incentivo que el mistudes, son dureza fósil, sin renacer posible. terio, y que el deseo de saber algo nuevo y Herméticos también la geografía y los de descubrir azuza. Y así, con esa pacienpaisajes. Hay que llegar a la primera en cia que impone la geografía y con esa paubrazos del alisio, que lleva plasma y vida a sa que demandan las altitudes insulares, las islas, o sobre las corrientes marinas, se ha estado rastreando largamente sobre que las abrazan y acunan. Los paisajes no todos los caminos, pero no siempre las huese alcanzan repentinamente: hay que ron- llas descubiertas compensaban la pasión y darlos con paciencia, culminarlos con pau- el esfuerzo. Uno de los puntos que más apasionaba sa, porque todo está escondido al otro lado de las montañas y éstas han empleado de- al tratar del guanche era el de la muerte. masiado ímpetu para elevarse desde la ori- Es éste un hecho verdaderamente llamativo y curiosa Más que cómo vivía el guanlla del mar a la altura de las nube Pero donde las islas se hacen más her- che, ha preocupado siempre saber cómo méticas es en su historia primitiva, en ese moría. Hasta hace muy pocos años nadie pasado cruzado por sombras de las que sa- se atrevía a hablar de cuevas habitadas, bemos poco más que eso: que son sombras. pero todos podían decir algo referente a Nos han llegado desamparadas, desnudas cuevas sepulcrales. Se desconocía el utillay silenciosas. Cuando alguien pudo haber- je doméstico, ese que transmite quehacer se fijado en ellas, ya era demasiado tarde, humano y afanoso, ipero de algún modo se y aquel mundo cerrado se desvaneció en su conocía el ajuar funerario. No se habla propio silencio. Se ha rastreado en la his- oído hablar ni siquiera una vez de rutas de toria de muchas razas y se ha seguido el trashumancia, de campos de pastoreo ni hilo de muchas culturas. Era lógico sospe- de tierras de cultivo; pero de un modo u char que por alguna vía se podría alcanzar otro se podía seguir la senda que condu- cía a una necrópolis o a un paraje puleral. Se ignoraba la alimentación del vivo, pero se sabía algo sobre las ofrendas depositadas junto al muerto. Desde siempre, el anticuario de las islas buscó alguna que otra prueba material del pasado guanche, pero fue desbordado por el antropólogo, que llegaba amontonando cráneos y cazando ángulos faciales con sus compases curvos. Y esta preocupación se daba lo mismo en el docto que en el ignorante. los restos humanos eran contemplados con más curiosidad que respeto- -Incluido el cienti (Contiuña. Cabeza de una íe las momias,