Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
D 1 A R I O I L U 5 1 T R A P O DE I N- D 1 A. R 1O1 LUS FORMACIÓN GENERAL FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENf T R AD O DE INF O R bvi A C 1 O N G E N E R A LH pió caballo de Ati, la A lo que el tratante que tampoco sabía, naturalmentei quién era Atila, agregaba: Y se queda usted corto, don Paco Las cosas están hechas para hablarse antes que para escribirse. El exceso alfabético, como el exceso legislativo, están cegando las viejas fuentes orales de la civilización. Es muy problemático que sea más culto un pueblo porque lea todos los días los goles que ha metido el Coruña las atrocidades de aquel ranchero del Oeste y las leyex de arrendamientos. Si el verso español llegó a tanta flexibilidad fue por la previa y larga elaboración, no escrita de los juglares. Como si, en manos del Rey Sabio, la prosa castellana parece que nace, de golpe, milagrosamente adulta, es porque antes, en la Escuela de Toledo, al traducir los libros árabes al latín, como el latinista no sabía árabeutilizaba a un analfabeto intermedio- -morisco o media sangre- -que lo sabía y. que traducía de oído, oralmente Esta larga faena oral fue la que amasó la prosa e hizo posible el milagro de las Partidas Si Santa Teresa o fray Luis escri bieron tan bien y jugosamente, no fue por lo mucho que antes de ellos se había escrito, sino por lo mucho que antes se había hablado. Por eso el diálogo de listo a listo, teniendo que adivinar las calidades y de fectos de la bestia, da al trato casi un nivel científico. En una conferencia yo oí sostener a un profesor de la Escuela de Veterinaria que su profesión era más científica que la Medicina, porque había de ejercitarse sin la intervención subjetu va del enfermo, investigando sobre la pasividad silenciosa del animal. Ya los primitivos médicos chinos desdeñaban como vergonzosa y anticientífica la práctica del reconocimiento del enfermo y del diálogo con él, en busca de sus confidencias: cosas todas contrarias a! a hermética discreción del buen mandarín. El trato no desciende nunca a esa claudicación del sastre que pregunta al cliente si está larga la manga. No es el cliente, sino el zapatero, el que ha de saber dónde aprieta el zapato. El defecto del mulo feriado no nos lo dirá nadie. Ni el vendedor, ni el mulo naturalmente. Por eso el trato es una escuela de adivinaciones, dé derecho y, sobre todo, de retórica. Todo se hace entre matices evasivos. No se comprende casi nada de lo que en él se dice. Nadie sabrá nunca poiqué aquél apostillaba a cada alegación contraria: (Y un mono! Ni por qué aquel otro, para exaltar su honr. -dez inmaculada! disparataba: Mi abuelo fue garrochista en Trafalgar Cuando al Séneca lo felicité porque había sido intermediario en un trato pingüe y venturoso, rae contestó, aludiendo ion las cejas a un mundo superior y misterioso -Ha caído bulla, don José... ha caído bulla. ¿Quién entiende nada de esto? Pero en ello consiste la civilización. ¿Es que acaso se entiende mucho mejor la filosofía alemana o la pintura abstracta? José M. PEMAN üe Ta It til cad; a Españole. L grupo, casi e s c u ltórico, del tratante el cliente y el vendedor, rodeando al mulo, burro o jaco, en el real de la feria, significa algo así como un retorno de la humanidad a sus elementos primarios. Es algo que se diría modelado en un espesa terracota de siglos: de limos fundamentales. Esos personajes son los protagonistas mínimos y el diseño primario de la vida económica: como Arlequín, Colombina y Pierrot son el abecé de Ja vida sentimental. Ya he observado alguna vez que el tratante es, por rudimentario y prehistórico, el polo opuesto de la Sociedad Anónima. Esta es, por afán de anonimato, una abreviatura de letras misteriosas; aquél es, por afán de personalismo, un mote agregado a un nombre. Entre llamarse Juanito Sánchez el Enterao o llamarse la C. I M. P. S. A. media todo el proceso fugado de la vida mercantil hacia el anonimato y la irresponsabilidad. La Sociedad lo fía todo a la desnuda carta comercial o al seco telegrama; el tratante a la verborrea y el circunloquio. El uno vende a fuerza de stops el otro, a fuerza de hipérboles. Al lado del tratante el comprador y el vendedor- -las otras vértices de ese elemental diseño mercantil- -son figuras lentas, ceremoniosas, reticentes: que ad. -ninistran ton una prudencia secular palabras y silencios. Porque el trato se rige por una de las disciplinas más viejas y educativas de la humanidad, que es la costumbre; el derecho no escrito Cada vez es menor el área regida por esta sutil esencia jurídica que sustentó tantas zonas de la humana relación. Yo recuerdo, en casa de mis padres, a Isabelita la de los chismes la honorable baratillera que jamás tomaba en sus manos expertas, para verlo o apreciarlo, un jarrón de porcelana, sin legislar gravemente: el que rompe, paga Era un aforismo de baratilleros que inundaba de tranquilidad al dueño de la pieza frágil. Así, con brevedad y solidez dé refranero, se ordenaron, durante siglos, riegos, pastos, ganados y vallados de chumberas. Así, los tratos de ferias apoyados en un apotegma básico: lo que se vé no se advierte Es decir, que el vendedor sólo está obligado a advertir los defectos ocultos de su bicho, no aquellos otros que- -como el esparabán la matadura, o la nube en un ojo- -deben ser apreciados por cualquier entendido Estos quedan entregados a la habilidad V forcejeo de listo a listo que es el trato ferial. No cabe reclamar al día siguiente: Su caballo no ve Porque le contestarán: Yo siento qué usted haya visto menos que mi caballo. Esta es la fértil eficacia de ese derecho mínimo, no escrito, que tanta parte deja al hábil recurso humano. El exceso legislativo, las tasas, el contrato con letra menuda, agostan las inteligencias para la esgrima del trato consuetudinario. El Servicio del Trigo- -me decía el Séneca -me está deseducando! os niños nara la salsa y la nimienta del recateo. Desde Madrid llueven unas cifras inexorables ahuyentando circunloquios, hipérboles y adjetivos: todo ese 1 DE LISTO A LISTO folklore mercantil y colorista que era preciso para subirle media pesetilla a la fanega de grano. Cuando el Séneca fue a consultar a don Eustaquio, el abogado, sobre aquel pleito de veredas y límites, se amoscó al ver cómo éste, antes de contestarle a cada pregunta, abría un libro gordo de hojas multicolores que tenía sobre su mesa y citaba el número de un artículo o la fecha de una sentencia para ajustar su respuesta. ¿Cuánto me va usted a llevar por la consulta, don Eustaquio? -Cincuenta pesetas. ¿Quiere usted setenta y cinco y me llevo el librito? Al Séneca le parece que tedas las cosas graves de la vida- -la conquista de una mujer, la venta de un caballo, el arriendo de una montanera- -se han hecho siempre sin librito, de listo a listo; poniendo en tensión todos los recursos superiores y divinos del ser racional. Hay una secular sabiduría en esa espontánea decepción que corre por las mesas de un banquete cuando un orador saca un montoncito de cuartillas Va a leer se susurran todos, al oído, con deprimido gesto. Sin embargo, leer es, según un convencionalismo pedante, el supremo signo de madurez humana; el analfabetismo es el gran coco social y el que va a leer va a ejercitar una máxima prerrogativa de civilización. Pero su auditorio tiene la vaga sensación de que hablar es más importante que leer; como torear en medio de la plaza es más garboso que hacer la faena junto al burladero. Porque hay también un analfabetismo culto que no consiste en no sa- ber leer, sino en no dignarse escribir. El trato de feria, la palabra de honor, la tradición, la costumbre, son los elementos vivos de ese analfabetismo civilizado que fía más en la persona humana. Ese analfabetismo jurídico que es la costumbre- -la ley no escrita -es una gloriosa escuela de recursos. Constituir una Sociedad regular colectiva es mucho más primario y fácil que vender aquel jaco, junto al que. durante tres horas largas, oí decir, en la feria, cosss tan sorprendentes por uno y por otro lado. El comprador objetaba que el jaco veía menos que un perro de escayola Pero el vendedor aseguraba que era el. pro- LA VIDA Y LA OBRA QE VELAZQUEZ POR BERNARDINO DE PANTORBA UN LIBRO ÚNICO PARA CONOCER A FONDO LA PINTURA DEL GRAN MAESTRO 650 pías. Compañía Bibliográfica Española, S. A. Fuentes, 9- Teléfono 21 64 35- MADRID