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C UANDO el tétano Cario Marx conoció en París a su compatriota En gels, y los dos se dedicaron al estudio te las condiciones económicas y sociales en que se desenvolvía la vida laboral inglesa y alemana, no pedían sospechar, ni remotamente, cuál podría ser la aplicación práctica que iban a obtener eus teorías, ampliamente expuestas en SI manifiesto comunista de Engels, y en El capital de Marx. V mucho menos profetizar que 1 último pueblo de Europa en que fueron conocidas aquéllas, había de ser el primero en Implantarlas. Desde la aparición de les preceptos comunistas en 1848, hubieron de pasar más de cuarenta años- ¡último decenio del siglo XIX- -para que el pueblo ruso cominease a oír hablar sobre el socialismo y su extrema consecuencia, el comunismo. Pero si bien es verdad que fue el ultimo en enterarse, también es cierta que prendió con rapidez asombrosa el nuevo credo entre la masa obrera e intelectual- nás en ésta que en aquélla. Un mediocre intelectual llamado Nicolai Lenln, fanático propalador de las doctrinas comunistas entre los obreros, dirigía, eñ compañía de Trotsky, el partido revolucionario que, al presen tarse la ocasión con los desastres rusos en la primera Guerra Mundial, desencadenaba la Revolución de febrero de 19 Í 7, para, establecer con ella la dictadura del proletariado fase intermedia, preconizada por Marx, entre la abolición del capitalismo y la Implantación total de la sociedad sin clases, el comunismo integral, Pero Lenln no habría de ver logrados sus propósitos; tan sólo podría conseguir se dimentar el aluvión revolucionario y que las tremendas dificultades que se presen taren al hundimiento del régimen zarista se solventasen en parte. Es entonces, y a su muerte ocurrida en 1924, cuando surge el oscuro secretarlo general del partido comunista, el georgiano Joseph Visarianovich Oyugachvili, alias Stalin aue significa hierro, acertado símbolo- quien re. cege la herencia de Lenln. MANE THECEL PHARES dero en quien Stalin confiaba para continuar su obra, aparece investido con lasuprema jerarquía para gobernar el colosal Imperio soviético. Todo se desarrolla, serenamente y los viejos y nuevos compinches parecen reconocer unánimemente al novel dictador. Pero la realidad dramática no tarda en aparecer y surge el traidor, Laurenti Beria- (el paisano del viejo su abyecto sabueso y pronto ejecutor de la? purgas organizadas por su amo- que se cree postergado ante su afortunado rival, el funcionario sin brillantez ni historial combativo. El drama comienza de un modo desconcertante y prometedor de hondas emociones. El eficaz e inteligente jefe de las dos Policías, la oficial y la secreta, temiblemente poderoso en un país de régimen policiaco, empieza a tejer la útil trama con que espera atrapar a su odiado y seboso enemigo. Sin embargo, y contra todo pronóstico, es el habilísimo estratega de las depuraciones el que cae, como Ingenua y atolondrada tortoUlla, en sus propias redes. El final del acto primero es magnífico y espectacular. El terrible depurador, el verdugo de millones de compatriotas es depurado a su vez, y con su confesión conmovedora preludio de su ya decretada muerte, cae 1 telón, Desde sus comienzos, Stalin se daría una consigna que iba a constituir la única base eficaz y positiva de su dijatada permanencia en el Poder, y que habría de cumplir, inexorablemente, a lo largo de cerca de treinta años: La oposición tiene que ser liquidada y destruida sin compasión. Y uno tra otro van desapareciendo del escenario soviético los prohombres de la Revolución y de la doctrina comunista. No importa que sean los viejos cantaradas de luchas y destierro. El corazón es una viscera burguesa de uso limitadísimo en la unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Es la vieja táctica de todos los aspirantes a la dictadura, desde Sila a fíltler, pasando por Cromwell y Napoleón. Pero no son únicamente los hombres los que desaparecen, sino que las ideas, los intangibles postulados del viejo y barbado filósofo socialista, son tergiversados y corrompidos al extremo. Y ocurre que Stalin establece un socialismo sul generis en abierta pugna con la doctrina marxista. La debilitación del Estadb como consecuencia obligada de la dictadura del proletariado, no se realiza; por el contrario, en ásanos de Btalín se fragua una solidísima y abrumadora estructura en que el Estado lo es todo y el Individuo no es nada. La vieja aspiración ccialista de la supresión de la burguesía es groseramente escamoteada y contrarrestada con la creación de otra burguesía centralizada y todopoderosa, encastrada en los órganos del partido. El marxismo es antimilitarista; Stalin crea la potente máquina bélica del Ejército rojo. Y por i esto fuese poco, a la odiosa O. O. H. R. A. N. A, laantigua Policía zarista, le sucede las huestes del desaparecido y. siniestro Beria, la El comienzo del acto Segundo no puede ser mías esperanzador. Un cielo tranquilo y sin nubes se extiende sobre el paraíso soviético. Nada hace presagiar la tormenta que se avecina, pero la acción dramática no se interrumpe ni el interés decae. El primer actor, Malenkof, trata úé representar, un papel que no le v y para el que no reúne condiciones. Olvida que las dictaduras sólo se llega por dos camines: el de la revolución o el de la guerra; empuñando la tea o ia espada, dos cosas de uso desconocido para el orondo y fracasado padrecito de toda las Rusias. Consecuencia obligada son las nubes que se ciernen sobre su cabeza, a mediados Asi acto segundo, cuando, con un rasgo inconcebible en uft estadista soviético, preGeni- ge M, Malenkaf. tende dar preferencia a la obtención de mantequilla antes cañones N. V. K. D. la terrorífica Policía política depravada idea sóloque a la deen una soimaginable soviética. En consecuencia, la política de ciedad capitalista. La Jormenta estalla soStalin hasta la segunda Guerra Mun- bre, su cabeza, y el aprendiz de tirano, dial, tuvo dos objetivos primordiales. Uno, que sabe bien cómo se altas logrado a través de una prolongada y alturas del cemiunismop ge en las politiel fracaso agobiadora marcha para alcanzar la mepasar por la ta anhelada: colocar a la U. R. 8, 8. ce, prefiere arrastrarseely mea culpa huentonar con en condiciones de defensa antes que el millación de permitan conservar una protal de que le Mein Kam p de Hitler, comenzase a vo- blemática esperanza de salvación. mitar metralla sobre las estepas rusas, El Con la caída de Malenkof, el acto seotro objetivo sería consolidar su Gobierno personal. La última hecatombe guerrera, gundo de la gran tragedia rusa ha termihabría de colmarle con creces la copa de nado. Nuevamente va. a levantarse el tesus ambiciones, y el ya septuagenario des- lón para, dar comienzo el tercero y último. peta pasa a ser el mito de la Rusia sovié- Los personajes van a variar sus papelea, tica; el ser fabuloso que desde el Kremlin y. algunos que lo tuvieren principal van dirige los destinos de ochocientos millones a representarlo de comparsas y viceversa. de seres en dos Continentes. Jamás hombre Henras de ver grandes cosas, y todas imalguno en la Historia ha regido tamaña portantes, pues la tesis de la obra es cacomunidad de seres; ni tatnpeca, para ver- pital al sostener que las dictaduras no se güenza de una civilización, estuvo más heredan Que la agonía podrá, ser más ausente la grandeza y el valor moral del o menos larga, más o menos escalonad alma de un dictador. Si es cierto que y transparente, pero que sus días están cada país tiene el régimen que se mere- contados después de la muerte del dictace Rusia se halla todavía en la Edad dor. Así, la U. R. S. S. yace decapitada, y Media de su desarrollo político, pues los su carroña, aventada a los cuatro vientosBoyardos de Moskovia no hubiesen te- del odio, la desesperación, el ateísjio y r; i nido que aprender cosa alguna del sátrapa terror, desaparecerá de la faz de la tierra. El Destino- -empleamos el término soviético. Con la muerte de Stalin en los prime- adecuado tratándose de los soviets- -ha ros diás dé marzo de 1953, el mundo se trazado ya en la plaza Roja, de Moscú, preparó, con expectante ansiedad, a pre- sobre los muros que sustentan él mausosenciar e drama más intenso y trascen- leo que conserva los restos del maléfico dental para la Humanidad, representado genio de la Revolución rusa las fatídicas tras el telón de acero La herencia sta- palabras del festín de Baltasar, Mane liniana, el omnímodo poder, que durante Thecel Phares que anuncian la próxima tantos años estuvo en las manos de un aurora de un mundo que no sabe de más solo hombre, iba n ser disputado en una Redención que la que nos ofreció Cristolucha a muerte por conseguirlo. Al levan- desde el Calvario a todos los hombres d. e tarse el telón, Jorge Malenkof, el tirano buena voluntad. de los archivos dilecto y escogido hereRicardo PIELTAIN