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Y BC. DOMINGO 24 DE A B R I L D E Í 95 S. JBPICIOTtfj- PE IA MAWANA, fAO. Vt Crítica y glosa flTA CATIRA por Camilo José Editorial Noguer. Barcelona, 406 páginas. Dibujos de R. Arenys. T XTEAORDINARIO libro éste que acaba de publicar Camilo José Cela, a pe- sar de los reparos que pudieran formularse, aplicando un determinada con -J cepto de la novelística, o enjuiciando el lenguaje en que el autor ha gustado de expresarse, puesto su empeño en la incorporación del venezolanismo al habla literaria española. Cabría reconocer el artificio del embutido de vocabulario y for- t mas dialectales en nuestro idioma, y registrar también el peligro de dispersión en que acaso se vea frecuentemente la acción novelesca de La Catira sin embargo... La Catira sí, es un libro extraordinario. Las objeciones en que ¡pueda insistir una crítica unilateral quedan compensadas espléndidamente: el exceso de venezo- lanismos, con el don verbal del autor, y el riesgo de que la novela se pierda o desvíe, en el conjunto de tipos y caracteres, no importa demasiado, en atención al relieve y movimiento de los personajes que pueblan este vasto paisaje, real e imagin asió a la vez, por la doble gracia de la observación y la fantasía: llanos de Venezuela, tierra abierta a la lucha de elementales pasiones, que la Historia atestigua y la literatura realza, ahí, tanto como más allá, a lo ancho y a lo largo de Hispanoamérica, ya que una de las características más ciertas de las novelas de esai divisaos su, poderosa emoción telúrica que aflora en La Vorágine de José Eustasio Rivera, como en Zogoifcí de Enrique Larreía, por ejemplo, o en Don Segundo Sombra del malogrado Ricardo Güiraldes, como en Doña Bárbara de Bómulo Gallegos, que si por razones de locaiización geográfica pudiera servir de antecedente- -como Canaima y, Pobre negro con variantes en sus respectivos escenarios- a La Catira de Camilo José Cela, se diferencia radicalmente de esta ultima por el fondo de problemas político sociales y étnicos que al aistor español no le interesan en igual medida que la creación estética y lingüística. Lo que haya en la novela, en toda novela de calidad, de tradición épica, realza y anima a La Catira con clásico aliento cuyo soplo vitalizador se hace mitclio más sensible, a, nuestro juicio, en las figuras que en su acción combinada; correspondiendo SE más orgánica unidad a la primera parte de las dos que componen la novela. Camilo José Cela tiene la precaución de doblar el título de La Catira con este otro: Historias de Venezuela Pues bien, preferimos las que dan. contenido a Viento Oeste, viento barinés por su más lograda composición, no obstante prevalecer siempre, por su mayor interés, el cuadro, estampa ó epis diov razón inmediata jde cada personaje. Son muchos los que intervienen, en abigarrado desfile que maniobra libremente, con la espontaneidad de la vida y de la naturaleza, cada uno con su caso y con su nombre, por delante, claro está: todos sabemos la importancia que Cela concede a la onomástica, que, aunque no lo parezca, es una forma de creación como otra cualquiera. Así conocemos a la, rumbera Saludable Fernández, al bachiller Leandro Loreto Moneada, al mestizo Pedro Apóstol Taisorda, al indio Afielo Kosas, a. las solteronas Misia Mari- Flor y Misia Marisela, al caporal Feliciano Bujanda, a la negra María del Aire... Sobre todo, a Pipía Sánchez, la llamada Catira esto es, la rubia, que bastaría, a cubrir, por su tremenda vitalidad, el primer término de 1 novela, si el autor no se dejase llevar de su vehemente instinto para engendrar los otros seres vivos que se reparten entre sí la novela a suma de novelas o historietas. Esa trágica Pipía Sánchez, en lucha infructuosa con su destino, mujer fuerte e impávida, llamada, a patética soledad, por caminos zigzagueantes que BI lector sigue, interesado de veras, sin sentirse defraudado; esa figura de mujer y el ambiente que nos hace respirar, cargado de voces de la tierra, acusan sin gran acierto de La Catira en línea con el estilo, al servicio- -difícil y afortunado servicio- -a lo grotesco y lo poético. En ese punto es indefectible la cita de Valle- Inclán y su Tirano Banderas sólo que don Ramón no situó su novela de tierra caliente en país determinado de Hispanoimérica, y mezcló rasgos de varios fie ellos, con algún reflejo sarcástico de la doctrina de José Vasconcelos en su Raza cósmica acerca de la relación del mestizo, el indio y él negro con el blanco. Camilo José Cela ha preferido localizar su obra en Venezuela, de tal suerte que limita al venezolanismo el injerto hispano- americauo. con la precisión a que tiende el extenso vocabulario adjunto a La Catira Pero no es la exactitud o propiedad del vocablo, en todos los casos, lo que preocupa primordialmente al autor, sino los efectos que consigue en cuanto a color, plasticidad, ritmo, fuerza expresiva, ea un lenguaje de sorprendente riqueza. FERNANDEZ ALMAGRO de la Real Academia Española RAUJO- COSTA, LUIS: LA CALLE AMCHA DE SAN BERNARDO, r Vamos a dar un paseo por la calle Ancha de San Bernardo dice al comenzar su folleto Luis Araujo- Costa. Y a continuación expresa que no es su propósito tragar una, historia completa, exacta, exhaustiva Pero ese paseo del escritor, acompañado de su lector, es sumamente instructivo y un capitulo muy deleitoso para los amantes de la Villa. Lo más importante no se le escapa al observador y comentarista, que registra que la supradicha calle se llamó de Co n v alccientes de San Bernardo y que así figura en el plano de Texeira, y que en el da Espinosa tiene, en cambio, su denominación actual, y que ésta procede, en, la invariante del Santo, de haber exis tido en las casas que después se consignan como propiedad de los condes de Torreanaz y Amela, un- monasterio de Bernardos, que fundara- -son datos puestos a la luz por el autor- -D. Alonso de Peralta, contador del Rey JD. Felipe II. Lo más esencial y fundamental, también lo más pintoresco de esa calle, asi como la historia y descripción de sus edificios más caracterizados y notables, desfila por el paseo de Araujo- Costa, en el que une el escritor la evocación y la actualidad. Y en ese paseo, junto a la información veras, historicista y artística, de indiscutible valor, vemos él rebullir y remozarse de la vía; su profunda transformación después de la Regencia hasta llegar a ser lo que el presente nos ofrece. Adornan la amena relación la galanura de la prosa do Araujo- Costa, su habilidad y sabiduría en describir, y, en consecuencia, esta pintura de ayer y de hoy de la calle está llena de vida, de movimiento y de curiosidad. Constituye, pues, el trabajo breve, pero instructivo, de Araujo- Costa un bello ensayo madrileño de gratísima lectura. LAFUENTE, RAFAEL: LOS GITANOS, -L FLAMENCO 1 Y LOS FLA- MENGOS Editorial Barcia, S. A. Barcelona. Un yol. con ilustraciones. 180 págs. X ecio 75 ptas. Instituto de Estudios Madrileños, 1955. Un folleto. 37 pág S. Brinda este libro tres trabajos diferentes, pero que alcanzan una homogeneidad interna. Es el primero un ensayo sobre lo que pudiéramos llamar- -y su autor llatna- -una teoría de lo gitano y lo flamenco. Rafael Lafuente nos expone en ella sus vastos conocimientos del tema y el producto de sus investigaciones, que nos llevan a un entendimiento, a una eomprensión de la materia. El segundo trabajo es suma 7 nente expresivo; diríamos que se trata de una pequeña obrg. -dentro de la global- -de ambientación, ya que se recoge en ella un verdadero tesoro anecdótico, vie dibuja tipos y perfila caracteres. La última y tercera parte del volumen es documental y resume las noticias y notas del escritor sobre el cante flamenco y el origen racial de los gitanos Nos hallamos, pues, al leer Los gitanos, el flamenco y los flamencos con un liirp, de matices diversos, como, irosos de. un puzzle, que, al reunir e, al encajarse, presenta un panorama completo, claro, revelador. Rafael Lafuente no lo ha abordado por mero capricho, o como guien se propone hallar un asunto de interés para un nuevo libro, y parte alegremente para la aventura. No; el autor es un conocedor profundo, y su interés por los gitanos le ha empujado a vivir con ellos largas etapas- -lo mismo que hiciera Wálter Starkie por las rutas de Europa- r- para