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tContinuactónj bálsamo para sos llagas y Un alivio para su carne maltrecha; lo muíttos, una mano piados que cierre sus ojos. La Cruzada sirve de nuevo para poner a prueba la admirable Institución, Su desinteresada y humanitaria l a b o r durante la g u e r r a q u e ensangrentó el suelo de España a lo largo de tres largo años mereció del Gobierno español u n a e 1 e v ada recompensa: la Oran Cruz de Beneficencia. Sin embargo, 1 m a y o r premio, la recompensa constante es la- satisfacción de saberse útiles a la Humanidad doliente, de pensar que en la vida se deja un recuerdo grato. El solo nombre de la Cruz Roja despierta un sentimiento vivísimo de gratitud. Si su obra es benefactora en la guerra, no lo es menos su actuación en la paz. Es prácticamente imposible seguir paso a paso las intervenciones de las brigadas sanitarias. Recordemos, sin embargo, algunos sucesos que sirvieron para poner de relieve el heroísmo de estos hombres vestidos de caqui, que, sjn más armas que su valor, su abnegación, su desinterés- -que todo esto significa el brazalete blanco con ía cruz roja- se lanzan alegres, al combate con la muerte y la destrucción. Recordemos el incendio del teatro Novedades, el hundimiento del Canal de Isabel II, las explosiones de los polvorines de Tarancón y Alcalá de Henares, el trágico accidente ferroviario de Las Rotas, el avión de Bilbao que dejó su carga de muertos y heridos en los picachos de Somoslerra. Pensemos en las 126 victimas extraídas de las ruinas de la casa que se hundió en la calle Maldonado y en las 117 rescatadas del tranvía que cayó por el Puente de Toledo. Recordemos los 10.126 enfermos e impedidos que las tropas de la Cruz Roja movieron; en un plazo de seis horas, durante la estancia en Madrid de la Virgen de F timá. Y no olvidemos que fue la Cruz Roja quien consiguió que regresaran a la Patria año rada aquellos muertos en vida que durante muchos años gimieron en les campos da. concentración soviéticos. La Cruz Roja permanece en constante vigilia, sin desmayos. En cada momento puede necesitarse su presencia, su ayuda. Solamente en el año 1954 se registraron 4.292 asistencias en Madrid. Un porcentaje muy elevado de esta cifra corres ponde a servicios prestados en competiciones deportivas. Asi, con motivo del Festival Hípico Internacional de la Casa de Campo, la Cruz Roja montó durante dieciséis días un servicio permanente, con tiendas, quirófano y ambulancia. Todo está siempre a punto. La brigada sanitaria de Madrid cuenta con un hospital móvil de campaña compuesto de quirófano, farmacia, laboratorio. Hayos 3 C, Incluso una central de energía eléctrica capaz de suministrar luz a una población de diez mil habitantes. Dos mil médicos, cuatrocientas religiosas, casi seiscientas enfermeras profesionales y más de quince mil oficiales, clases y camilleros integran esta legión con la que está en deuda iper- manente la Humanidad. La Cruz Roja tiene 27 hospitales, 56 dispensarios, 6 ft puestos de socorro y 216 autoambulancias. El carácter voluntario de las tropas sanitarias hace más meritoria su labor. No perciben gratificación alguna, y ello demuestra que todavía en el siglo XX quedan muchos quijotes hombres generosos y desinteresados que renuncian a su propia comodidad para servir a su Patria y a su prójimo. La preparación de las tropas es dura. Las brigadas sanitarias realizan todos los años prácticas de campamento. Son varias semanas de trabajo intenso, agotador. En 19 SO llevaron a cabo las primeras maniobras aéreas realizadas en España por tropas sanitarias. Una compañía simuló la evacuación, cura y desembarque de heridos. Todo fue perfecto. En ningún momento decayó el ánimo de los participantes en la operación. Se les llegó a decir que tendrían que lanzarse en paracáfdas, instrumento que, posiblemente, alguno de los soldados desconocería, y la respuesta unánime, sin vacilaciones, fue la de que se arrojarían detrás de los oficiales. Con razón pudo elogiar el presidente de la Cruz Roja Internacional, M. Paul Ruegger, el elevado grado de instrucción y el magnifico espíritu de estas tropas, que son, sin duda, las mejores del mundo. El heroísmo de los hombres que integran las brigadas sanitarias se refleja perfectamente en multitud de hechos. Recordemos aquel camillero que, en una competición deportiva motorista, se lanzó a la pista para cubrir con su cuerpo el de un niño, a punto de ser atropellado por una moto El pequeño se salvó a costa de aquel hombre que vestía de caqui. Recordemos también a aquel otro camillero que se lanzó a las ruinas humeante; para rescatar el cuerpo de una mujer herida cuando ya se había decidido abandonarla a su suerte. No olvidemos al oficial que, caído en el suelo, con las piernas rotas, ordenó que fueran evacuados todos y él quedó el último entra los escombros del edificio hundido. El espíritu que anima y vivifica la actuación de la Cruz Roja se resume en una frase espléndida, pronunciada por un mismbro de las tropas sanitarias, por un soldadito: Esta insignia (señalaba a su brazalete) me da derecho a morir. Maravillosa lección la de estos hombres que arriesgan voluntariamente su vida una y mil veces para salvar la de sus prójimos. A. T.