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D SAR T k AD D E IN 1 h O R M AG 1 O N 9 o í L U S- G E NE RA L FUNDADO EN 1805 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA OS países en guerra han de c o n c e n trar sus energías todas, en la lucha- armada, con la vista puesta en conseguir la victoria; la voluntad de vencer constituye el primero de los grandes principios estratégicos. Al triunfo ha de; posponer el gobernante los demás objetivos. Clemenceau lo sintetizó en su conocida frase: Moi, je fais la guerre. Pero una vez lograda la victoria, no piensen los ganadores que todo lo han logrado; han de convencer a los vencidos de su razón; de que no hicieron la guerra por causas poco nobles, por intereses mezquinos, sino por necesidad ineludible. Sobre todo, han de convencerles de que, por mutua conveniencia y por seremos intereses de la Humanidad, deben aceptar, sin rencor, la mano que amistosa se les ofrece. La victoria quedaría frustrada si, tras el vencimiento, no se lograra el convencimiento del adversario. Esto no suelen entenderlo muchos Gobiernos victoriosos. No lo entendieron los de las dos pasadas guerras mundiales por eso fue de gran oportunidad el libro titulado Ojo, vencedores del cual copio una frase, escogida entre varias que lo merecen: La paz no bagta, porque hay muchas maneras de conservarla. La paz reina en Varsovia, por ejemplo, es dicho de un general ruso, después de haber hecho una matanza en la ciudad. También se dice: la paz de los muertos. Las tres grandes potencias podrían conservar la paz entre ellas mediante un acuerdo siniestro ¡de explotación de los demás países... Los aliados vencieron a los alemanes en igi 8, pero no los convencieron; y estalló en 1939 la segunda gran guerra. Vencieron nuevamente en ésta a los alemanes pero no necesitaron convencer- los- -verdad es que tampoco lo intentaron- porque los vencidos estaban convencidos, en el fondo, de que su guerra no estuvo justificada; que había sido un acto de locura de un paranoico genial. La oficialidad alemana, modelo de patriotismo, no hubiera intentado en otro caso el complot para eliminar a Hitler, que se frustró. Uno de los pocos que entendieron los deberes que trae anexos la victoria fue el general McArthur. Con discreción y tacto consiguió congraciarse al vencido, tratándole afablemente y respetando al Mikado, símbolo y cumbre representativa del Japón. Cometió algunos errores- ¡quién no los comete! pero procuró adaptar su mentalidad americana a la oriental, sin olvidar un. momento qir estaban muy recientes los crueles bombardeos atómicos de Hiroshima y Naga- D 1 ARIO IL UbT RA DO DE INO F ORMA G 1 N G EN ERA L H japonesa, y las dé la A v i ación culminaron en esa sublimación heroica del valor militar que representaron los kami- Recobrado ya casi totalmente de su kases- -aviadores suicidas- No cabe derrota, encuéntrase hoy el Japón, como subestimar, dada la importancia que aun ayer Alemania, en trance de opción enconserva el papel hombre, lo que vale tre dos grupos antagónicos. La situación un pueblo que cuenta con tales guerreen uno y otro país presenta, sin embarros. Sobre todo si se recuerda que esos go, marcadas diferencias. Quince siglos de común historia crearon lazos muy só- aviadores que emprendían serenos el úllidos, irrompibles, entre Alemania y Eu- timo vuelo, sin retorno posible, no fueron media docena, sino más de un millar, ropa. Japón, en cambio, país del Extremo Oriente, ha estado incluso, por va- y que aun quedaron varios miles en esxios milenios, en el ámbito de la cultura pera de turno para hacer explosión, con su avión, al chocar contra la cubierta de oriental; y su joven occidentalismo- -que un barco enemigo. apenas cuenta un siglo de edad- -se demostró, en la segunda gran guerra, no Los occidentales debiéramos seguir ser aún completo, sino imperfectamente con atención los cambios que ahora se asimilado. Son fuertes los lazos que unen están produciendo en la política nipona. Japón al Asia continental, cuya direcAcaba de cesar en la jefatura del Goción decidió tomar en fecha no muy lebierno un estadista muy patriota: Shigejana. ru (el viejo zorro) en quien el general McArthur depositó su confianza al terLa decisión que está en trance de tomar no es fácil. Se contrapesan su pro- minar la guerra. El presidente consiguió hábilmente para su país un trato bástanfundo anticomunismo y su rivalidad, llete generoso, con el consiguiente desgasvada hasta el odio, hacia China, con la te personal, que lo hizo caer al cabo de necesidad de aprovisionarse y colocar sus diez años. manufacturas en el inmenso mercado Acaba de sustituirlo otro patriota: asiático. Sin él, su población, densa y Ichiru Hatoyama, al que McArthur hapobr, e, moriría de hambre. Es posible bía prohibido ejercer cualquier actividad también que su rencor, grande y tenaz, política. En el nuevo Gobierno figura como de país asiático, no haya aún dicomo ministro de Asuntos Extranjeros gerido la reciente derrota. Mamoru Shigmitsu, quien ha sufrido seis Para el Occidente, en cambio, no exisaños de presidio por haber sido el printe opción. Ha de conservar a toda coscipal colaborador de Togo, el general! ta la amistad nipona, traducida, si es simo japonés, ahorcado por los ameriposible, en estrecha alianza. Lo contracanos en calidad de criminal de guerra. rio significaría un golpe terrible para el El reciente cambio político tiene acenporvenir. En primer lugar, porque ello tuado matiz nacionalista, de vuelta a las representaría un refuerzo considerable tradiciones seculares niponas. El primer para el eje ruso- chino, logrando la uniacto del nuevo presidente consistió en dad política de Oriente no estando aún peregrinar al templo de la diosa sintoisbien consolidada la de Occidente. En seta: Ameterasu. AI regreso, dio publicigundo lugar, por las excepcionales cuadad a su programa de política internalidades del soldado japonés: de su Ejércional: independencia, paz y amistad con cito, de su Marina y de su Aviación. Las del primero pudieron apreciarlas todos los países, negociando con ellos Tratados en plan de absoluta dignidad; los chinos, hace medio siglo, en la batapidiendo a los rusos la devolución de las lla de Mukden y en otras de la guerra islas Kuriles y del Sachelin del Sur y a chino- japonesa, y posteriormente en la los americanos la del archipiélago Riu Manchuria. Las de la Marina las conoKiu. ció, a su costa, Rusia, en la batalla na ¿Será ese el camino hacia una política neutralista o filosoviéticá? Esperamos que así no sea; que el Japón se incluya voluntariamente en la órbita occidental y sea la cabeza asiática del anticomunismo. Sería una suerte para la humanidad que así aconteciera; mas no olvidemos que el Japón acumula go millones de habitantes en un territorio menor que el de Inglaterra, y necesita, para subsistir, del mercado chino de 600 millones, siquiera sean de muy bajo nivel de vida. No debemos perder de vista la conferencia afro- asiática que se está celebrando en Bandurig. L VENCER Y CONVENCER val de Tsushima, en la campaña ruso- saki, del S v t í o de asesto- le TCMC. C 5.1 399