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A B C DOMINGO 3 DE A B R I L DE 18 S 5. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAO. SI Crítica y glosa EL FULGOR Y LÁ ¡SANGRE por Ignacio Aldecoa Editorial Planeta Barcelona. 362 págs. 60 ptas. JOANIQUET, AURELIO: ALFONSO SALA ARGEMI, CONDE DE EGARA Ed. Espasa- Calpe. S. A. Madrid. 195 5. Un vol. encuadernado, con profusión de láminas. 464 páginas. Precio, 175 pesetas. La pequeña Historia hace la grande, se Tía repetido, con razón, infinitas veces. Lo mismo que un hombre de mérito, relevante por sus dotes, su talento y su esfuerzo pasa a ilustrar la Historia de su época, y su nombre se recuerda y perdura. Es el honor a que tiene derecho en su patria. Este es el caso del que- fue ilustre procer, el conde de Egara, D. Alfonso Sala Argemí. Desde ahora puede decirse que gracias a la pluma minuciosa, y a la par amena y vivaz, de Aurelio Joaniquet, aquel maestro de energía y de patriotismo, posee el libro que es condigno a su figura; este libro Que comentamos con tanto deleite y que lleva, por rótulo el nombre y los apellidos del biografiado y su título nobiliario. Así en el volumen, magníficamente impreso e ilustrado Que reseñamos, podemos repasar una existencia generosa y sus frutos, y nos cabe recibir la gran lección del trabajo, asistido por la buena fe y los más elevados ideales. Consta la biografía Alfonso Sala Argemi, conde de Egara de cuatro extensas partes. En la primera, advertimos cómo se va forjando el hombre en la época, muy discutida, pero no lo bastante conocida, del último cuarto del pasado siglo, con la que el mozo, todavía lo era el conde de Egara, se ilusiona al principio y cree ver en ella la fórmula feliz de la tradición y el progreso hermanados. En la segunda parte se nos presenta al personaje como debelador del nacionalismo catalanista En la tercera se ofrece su participación en las luchas entre librecambistas y proteccionistas. Y la última se consagra a la influencia decisiva del procer en el auge de la técnica textil consustancial, afirmaremos, a Cataluña. Se necesitaba, para reunir y reflejar con fidelidad aspectos tan diversos, una pluma capaz de llevar a buen puerto la importante labor, alguien que sintiera profundamente la proyección del hombre en cuestión y la vibración de su tiempo, con sus escondidas claves. Había que trasladar con singular tino, con el máximo escrúpulo al libro, en la acumulación y selección de datos; el pasado que, en cuanto a la Historia y a sus consecuencias vara el devenir, así como en lo que significa permanente lección, jamás puede considerarse como cosa muerta. Y ello lo ha hecho con admirable acierto Aurelio Joaníquet. No es, pues, esta extensa biografía de un hombre y un tiempo, lleno de altibaMONTEROS- VALDIVIESO, M. Y. jos y de convulsiones, de ebullición ideoló VIDA DE CAJAL gica y social, un simple libro- homenaje, Editorial Lnx L i Habana. Tin un montón de páginas, como las que tanvolumen, 430 páginas. tas veces se nos brindan y en las que El aoctor M. Y. Monteros- Valdivieso es suelen recogerse frases altisonantes y vacuos discursos. Es una obra humana, cons- un investigador científico, que trabaja en tructiva, un documento de inapreciable valor y actualidad que habrá de tenerse muy en cuenta cada vez- que se desee escribir la Historia moderna de Cataluña y su integración en la unidad nacional. El desenvolvimiento del país late en todos los PRESENTA SU FUEVA COLECCIÓN DE SOMBREROS capítulos que el autor ha sabido trazar de DE ZSO? TB. y: A Z? V VEF. A Q mano maestra en el alto empeño de naMONTERA, rrar la existencia fecunda de un procer de España- MPEZAMOS a leer: De vez en cuando arrastraba el pie por la pista de las hormigas y producía el desastre... Y no podemos por menos de temer que el novelista mire demasiado hacia abajo. Pero no tarda nuestra incipiente alarma en ceder un tanto: Alta volaba el ave y alto estaba el sol... Tampoco se perderá la mirada del autor en el celaje. Lo más probable, según avanzamos en la lectura, es que Ignacio Aldecoa nos haga contemplar las cosas frente a frente o, mejor dicho, como convenga en cada caso, con la novedad posible en el punto de vista: Si levantaba la cabeza, podía ver, a través de la ventana, a su compañero: a la mitad de su compañero, apoyado sobre una de las jambas... Nos hallamos ante una realidad perfectamente localizada en el tiempo y en el espacio: Casa- cuartel de la Guardia Civil, al socaire de un desmantelado castillo, próximo a la raya de Castilla y Extremadura. Los rasgos descriptivos son, inevitablemente, de naturaleza pictórica: zaloaguesca, estamos posr decir. Pero, sin que un párrafo determinado de este primer capítulo baste a fundamentar nuestra impresión, advertimos que el propósito del autor se cifra en dotar a esa realidad rural y cotidiana de upa dimensión de profundidad que la haga interesante. Profundidad, en efecto: vida hacia adentro, y no movimiento superficial. Se presiente que con un solo suceso bastará para que el interés del lector se produzca y no decaiga. El suceso que nos va a intrigar queda ya consignado en el principio mismo de la novela: han matado a un guardia de las dos parejas jue fueron destacadas a un pueblo: del contorno. No se sabe cuál de los cuatro fue la víctima y en la casa- cuartel están las respectivas esposas- -sólo uno do aquéllos es soltero- con el auna en vilo, poseídas de una angustia, cls una incertidumibre, de una ansiedad que el novelista se tíispone a matizar y a medir, con precisión de parte facultativo, a lo largo de una tarde, la tarde de un mismo día, sin prórroga ni escape, bajo la presión, física y moral, de unas horas de asfixiante verano. Son las tres de la tarde. Julio. Castilla... podríamos repetir con cl verso famoso. Y el novelista nos comunica, minuto por minuto, desarrollada en ondulante tornasol, una viva sensación de bochorno y de ahogadora inquietud. Pero quizá resulte contraproducente la anterior referencia, por breve que sea, al asunto ás El fulgor y la sangre que, por sí solo no justificaría el interés del lector. No cabe duda que el tempo lento de las noveias en que la procesión de los hechos, recuerdos y asociaciones va por dentro, se explica bien cuando se trata de personajes muy vividos y más o menos complicados, como la gente selecta de que Marcel Proust se vale para el refinamiento de sus introspecciones. Pero se hace mucho más difícil de concebir ese jnego psicológico si se aplica a seres de vida o carácter elemental hasta la vulgaridad. Con ese reparo contaba Aldecoa, sin duda, de antemano, pues las dificultades de concepto y composición que afronta en su novela no se acumularían si no las antecediera la deportiva vcS. ttntad da superarlas. A ess respecto, la victoria del autor es patente, y porque salva los obstáculos propuestos, conjugando el presente y el pasado de los habitantes de la casa- cuartel, cabe registrar la aparición de esta primera novela de Aldeeoa como un felicísimo suceso literario. El poeta y cuentista excelente que ya conocíamos, se revela ahora como un novelista de claro porvenir. Así y toáo, creemos que Eí fulgor y la sangre habría ganado aún más en calidad si el autor hubiera sacrificado algo, cuantitativamente, de su virtuosismo en el arte de contar. Si para obtener una novela propiamente dicha, el autor fuerza las naturales dimensiones del tema preferido, ¿qué deja para el cuento y la novela corta... En trance de señalar influencias, citaríamos la de Faulkner. Pero, ¿no constituye un fenómeno literario universal ess de la penetración avasalladora da la novela y del teatro norteamericanos... He ahí la cuestión palpitante de hoy en el mundo de la novela, como lo fue el naturalismo a la francesa en los días de Emilia Pardo Bazán y Leopoldo Alas. Pero el aire del tierojpo nunca descuaja la personalidad del buen escritor. Afianza la autóctona inspiración de Ignacio Aldecoa su dominio del lenguaje eme requiere toda novela: un lenguaje más atento a- la narración que a primores formales: instrumento que Aldecoa utiliza con soltura y acierto, tanto en la caracterización de los personajes- -los femieninos, sobre todo- -como en la descripción de situaciones y ambientes. El fulgor y la sangre contiene variadas estampas de la vida española contemporánea, en el campo y en la ciudad. En todos los casos, la expresión es sobria y vigorosa, sin excluir, llegado su momento, el toque delicado, matizando la emoción trágica del conjunto. M. FERNANDEZ ALMAGRO de la líeal Academia Española la Universidad de La Habana, y un admirador profundo y fervoroso de la figura y la obra de nuestro Cajal. El dedicarle este libro, biografía y análisis de su labor, que se titula sencillamente- ¿para qué otro rótulo? Vida de Cajal es muy significativo, ya que es muestra de la profunda huella que dejara el maestro en los universales dominios de la Ciencia, y muy especialmente en Cuba, donde, como es sabido, estuvo durante la guerra, poco antes de la independencia del país. Basada en las propias memorias del gigantesco español se nos brinda, ahora su vida escrita por pluvia ajena, pero no es sólo el discurrir e su existencia lo que aquí se