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M A R T E S 8 DE MARZO DE 1955. EDICIÓN DE LA MAÑANA, PAG. 22 A B C en África del Sur gino ya vieja, entero el porte, frente á los Reyes vencedores. Porque cuando los anteriores Monarcas británicos hicieron en 1947 su visita a África del Sur (en e í último viaje imperial, este viaje no ha figurado tú el itinerario) Raquel Elizabeth Steyn estaba ya. muy vieja y no pudt asistir a la recepción oficia! Sin embargo, la corte inglesa tuvo el buen gusto de organizar una entrevista privada. En ella, sin saberlo, se dijeron adiós para siempre. Cambia la radio de tema y yo la pongo en silencio. Me parece preferible entre estos trigales casi castellanos de un dorado absoluto. De estos trigales en los que se trabaja normalmente naciendo vacilar mi idea de que en este país la rutina cede ante la magia de la sorpresa, del descubrimien to imprevisto y la riqueza fabulosa. Por ellos marcho pensando que de su tierra se ha evaporado el más fuerte y delicado perfume: el de la viva tradición que acaba de morirse. Porque Mrs. Eteyn, la vieja gran señora, tuvo una de esas vidas que en nuestras tierras de pan llevar aún fe cantan en romance, cuando el atardecer se. derrama entre los trigos. ¿Sabes en qué se diferencia esto de los campos de Johannesburgo? -Supongo que en todo. Pero, en fin, dímelo... -En que en Johannesburgo el oro está bajo tierra y aquí está encima. Es la eterna pasión por el oro, la eterna pasión por la aventura y el descubri miento que tiñe de avalar ha. sta los simples quehaceres del trigal con vidas de romance. -Pero ya se acaba. Sí, ya se acaba. Se acaba la buena carretera para convertirse en un desdichado taminejo. Se acaba el recuerdo de Castilla, se acaba el romance. Y empieza el desierto. Un desierto de matorral, piedra y arena. Durante cientos de kilómetros, siempre igual. Muy de cuando en cuando, una manada de corderos. Alguna vez, un negro solitario. Cansa y deprime la monotonía. Y me dicen que esto no es el desierto propiamente dicho aún. Me llaman la atención sobre las soledades con cerco de alambrada. Pero estos campos desolados, lunares, ocupan extensiones inimaginables. Sin embargo, a veces se ve una mancha verde y cultivada. Ello nos- demuestra que el esfuerzo normal podría convertir éstas tierras en campos de labor. Pero el boér prefiere poseer inmensidades. Y en ellas tener el ganado pastando. Cuando agotan la tierra se lo llevan más allá; y luego más allá... Sin ver nunca el humo del vecino. Como los antiguos boers No, no he tenido que rectificar mi idea sobre el trabajo y la magia. Porque estos campos son infinitos, salpicados de aven. tura, de una sorpresa que arrincona ál método, al esfuerzo, al abono. Aquí podían vivir millares de familias. Pero el boer rico y solo, lo prefiere así: productivo sin esfuerzo, desolado, errante. Cae la tarde; cae el cansancio; sobre el paisaje caen unas campanas lejanas. Pienso si serán el alma de Mrs. Steyn, que tanto lo amaba. Pero no. Son. unas campa ñas católicas y españolas: las de la Mi- sión de Van Rhynsdorp. -José S 4 L 4 S Y GUIRIOR, Londres. La Albania comunista lia rechazado el ofrecimiento que hizo la semana pasada Eisenhower de enviar alimentos para aliviar la escasez de víveres. La radio albanesa calificó de ÜÍPGCJ P. sía el ofrecimiento. Londres. El ministro de Justicia ha Ü 9 clarado en el Parlamento que si el periodista pro comunista Alien Winnington regresase a Inglaterra desde la China roja, se estudiaría, cuidadosamente el juzgarle como desertor UN ROMANCE EN TRIGAL Van Rhynsdorp. (Crónica de nuestro corresponsal. Sudáfrica es un país abierto a las sorpresas casi mágicas. Acaso por ello, las gentes boers no gustan del trabajo en su aspecto estrictamente normal. Yo. ya tenía esta idea preconcebida antes de su confirmación. Kloticias históricas y de segunda mano me habían llevado a ese criterio. Pero cuando pasé por Paarl y vi los viñedos cuidadísimos, y más tarde me interné en la zona triguera de la Unión, temí que fuera necesario llevar a cabo una rectificación en regla. Sobre todo recordando el trabajo continuado- y metódico a que se entregan las gentes de El Cabo. Ese trabajo serio y eficiente que da a su pequeño centro un aire vertiginoso de gran ciudad, entre cuyos colores ponen los negros, aún en actividad, una nota arrastrada y vaga que nos recuerda que estamos, en África. Atravesamos la zona triguera sudafricana, que recuerda a Castilla la Vieja. Cielo azul y suelo de oro. El sol, que en los bosques y ciudades se abre paso como manotazos, aquí se derrama vivido y agobiante. Parece una mañana pintada por Dios a la acuarela. De pronto, la radio que venía retransmitiendo música, suspende las melodías. En la apretada prosa de las noticias ss nos informa que a la edad de ochenta y siete años ha muerto Mrs. Steyn, ¿Y quién es Mrs. Steyn? ¡Oh, Mrs. Steyn! La vieja gran señora... La vieja gran señora es como la llamaba todo el mundo. Fue la mujer del último presidente de Estado libre de Orange, y allá en su lejana juventud conoció la gesta de los boers Fue una de esas mujeres heroicas y populares que derrochan generosamente su vida junto a un adalid. Defendió ciudades y no huyó cuando la caída de Bloemfonteyn. Fue hecha prisionera. Después conoció el exilio, donde estuvo cuidando la deshecha salud del desterrado presidente. Y a, la muerte de éste, aún en plena juventud, volvió para representar el papel de un trozo dé historia. La vieja gran señora ha sido durante más de medio siglo una sombra viva de- la tradición sudafricana. La radio dice que era la madre de la Patria y que en su funeral estarán los recuerdos de la gesta lejana que forjó a esta tierra como a una nación libre. Luegodice todas esas cosas que hay que confeccionar apresuradamente, cansadamente, para adornar la noticia y que constituyen el rédito usurario de la vocación literaria. Pero donde se detiene mi atención es en la descripción de sus rasgos físicos. Era una viejecita con ojos azules, sonrisa continua y peinado antiguo. Era alta, huesuda, de buen porte. Pero yo me la imagino, más joven, asistiendo a la emoción de la caída R E M de Bloemfonteyn, arrasados los azules ojos, crispadas las largas manos. Y, más tarde, en el destierro, junto al héroe nacional quebrantado, nostálgica la mirada y coasoladora la caricia. Por último, me la ima- ARCNAl, gran surtid t BLUSAS ENCAJES- BATISTAS BORDADAS TULES, propiospara en el número 50, esquina a General Pardiñas, con siete habitaciones, dos baños para señores, uno para servicio, calefacción y agua caliente central, trastero en el sótano, ascensor, montacargas. P r e c i o 750.0 QO menos 175.000 de Banco Hipotecario. Visitarlos: de 4 a 7. PEÑA MARÍN. -Av. de José Antonio, 31. 317143- 321146. (Colegiado) PolUtos deism dio I TI D P L. A CONTRIBUCIÓN SOBRE LA RENTA por reciente orden del Ministerio de Hacienda ha sido autorizada la publicación de uñ curioso libro con consejos y ejemplos prácticos. Pedidos al autor: don SE NECESITA PLANCHADORAS Daniel de Linos. General Mola, 3. Madrid. Precio: 30 pesetas. -R. camisas. Martín- Soler, 5 Ü. 179.