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ANTE LOS 90 DE DON NATALIO v E noi haber leído hace relativamenI I té pocos días, en una espeluznante JL- crónica de José María Massip, corresponsal de A B C en Washington, lo que al confiado género humano le reser va la infernal bomba de hidrógeno- -quién sabe si se descubrirá aún 3 a del papirotazo bien merecido y sobre- podría en estos momentos, y por lo que a la vista salta, apuntar, a modo de vaticinio, sin temor de equivocarme, que don Natalio cumplía hoy nada más que los primeros noventa años de su vida. Su apostura, ágiles movimientos, dignidad con que se yergue, son otros tantos motivos de asombro a su alanzada edad, y no quiero decir que sólo puedan justificarse mediante un pacto con el diablo, por que don Natalio únicamente puede hacer pactos con Dios, que es quien de su divina mano le conduce conservando clarividente su numen, lozano todo su ser y eternamente juvenil áu gran corazón, al servicio de la amistad. Ese gran fraile mercedario, cuyo espíritu agradecido ronda la entrada de la callé de Jorge Juan, por el descubrimiento reediflcador y reivlndicativo que de él y de su obra logró mi también jovial- ¡noventa y cinco años largros! -y entrañable amiga, muy venerada, doña Blanca de los Ríos (el honor que me otorga tuteándome su hijo literario me autoriza esta cariñosa, licencia) hizo, entre otras muchas cosas estupendas, permanente lección de filosofía y del conocimiento de los valores humanos, la definición exacta de la amistad. Don Natalio -no sé si la conoce; pero sospecho que sí, pues de todo sabe- parece ser que, enamorado sempiterno del afecto integral, como ahora se dice, debió tomarla para lema del escudo de nobleza de su alma. iBonito y generoso blasón! amistad. Pray Gabriel Téllez entendía que la amistad es una especie más pura de amor y don Natalio Rivas rinde culto a tan importante afección de benevolencia. Cuando allá, en la maravillosa Alpujarra de sus amores, bajo el signo Aries, por el año de gracia de 1865, vino, don Natalio por antonomasia, a este embrollado mundo, no era mejor el momento que los actuales, A modo de inciso destaquemos el adagio que asevera que no hay regla sin excepción, porque si las frases venir de o haber nacido en las Alpujarras denotan la ignorancia o rusticidad de una persona, es evidente que la regla se quebró al nacer, tan cordial, efusivo y culto granadino. Cuenta la historia, y no sabemos si cuenta con la fidelidad a que nuestro nonagenario nos tiene acostumbrados, que aquellos tiempos eran de semejante turbulencia a los de hoy. Que en España no eran muy tranquilos, nos lo prueba que al proyectarse la Ley sobre el patrimonio real se vendieron muchos de sus bienes, cuyo importe quédala a favor de Isabel II. La entonces reina, con un rasgo de la generosidad en ella característica, renunció para 1 Estado el 75 por 100 del producto de la venta y donó los jardines del Buen Retiro al pueblo de Madrid. Fue merecidamente aplaudido su gesto; mas el orador insigne Castelar discrepó abiertamente desde el periódico de su dirección, La Democracia valiéndole la destitución de su cargo de catedrático de la Univei sidád Central; lo que acai- reó luc- tuosas consecuencias, al mes y pico de nacido el niño Natalio Rivas Santiago, por la famosa noche de San Daniel cuyo infante, al correr del tiempo, también sería célebre político, escritor notable y brillante conversador, como el orador gaditano. Siempre ameno don Natalio, afortunado coleccionador úe papeles raros; achaca a la casualidad su adquisición, y no digamos que a aquélla no le alcance algo; pero bueno será reconocer que ha trabajado desde su juventud en la recopilación de datos y documentos, asi como en formar su archivo iconográfico, que hoy constituye una verdadera Riqueza no sólo para curiosos, sino para quienes necesiten bucear especialmente en la Historia de España del siglo XIX, pues, como bien señala el conversador por excelencia, la anécdota y la frase, que siempre las ha considerado como elementos auxiliares de la Historia, muchas veces completan y redondean una semblanza o una biografía, con solaz y entretenimiento para el lector que gusta de instruirse. La portentosa memoria de don Natalio, con apoyo tan útil como la multitud de cartas autógrafas, que cual reliquias con serva, nos lo liace concebir, en estos tiempos en los que lo sobrenatural pierde importancia aparente por el agobio de la sucesión de asombrosos inventos, como un magnotophone de carne y hueso que nunca pudiera equivocarse al repetir lo que en el hilo ae ha grabado, pues algo asi debe ser su privilegiado cerebro, ya que, fiel a la verdad, cuanto investiga o aclara, luego puede relatarlo de palabra o por escrito, con tanta minuciosidad como gracejo, cosas ambas cautivadoras. Es peregrino considerar cómo retienen su atención y excitan su interés las vidas de personalidades del pasado siglo: Narváez, Prim, su venerado maestro y amigo padre Manjón, la emperatriz Eugenia, con la que se entrevistó en la primavera de 1920, al cesar como ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes: Zorrilla, al que exalta al recordar los días de su coronación, en los que salvó la vida a un hombre condenado a muerte, defendido por el generoso alpujarreño; Lula López Ballesteros, el gran ministro de Fernando VH, de quien con constancia y laboriosidad, sagazmente, ha hecho una magnífica biografía, a la que puso epílogo magistral el doctor Marañón, al que le une fraternal amistad, y- tantos otros que el notable escritor ha hecho desfilar en los varios tomos publicados de historia contemporánea. Con ser todo esto maravilloso, nada puede compararse con la bondad con que acoge a cuantos a él acuden, conocidos o desconocidos. Para don Natalio, el acto de estrechar la mano a un semejante se traduce en ver ante si a un amigo en potencia y al día siguiente ya será amigo de por vida. Este granadino, madrileño de los de pañosa, acredita su amor á nuestro pueblo en cuantas ocasiones puede, y lo testifican su habitual concurrencia a la selecta, distinguida y castiza peña de Los Amigos de Madrid que preside también otro chaval Allí donde aparezca la palabra amistad, encontraremos, con el más nimio motivo, a don Natalio. Si la Nación algún día pensase rendir tributo a don Natalio por los valiosos servicios prestados a la Pairia en su dilatada vida- -gran variedad de esos servicios Inestimables por muchos desconocidos- -y quisiese otorgársele ún título, el más apropiado que podría concedérsele para honrarle a él y a los suyos serla el Marquesado de la Amistad Alfonso DE GABRIEL (Fotos Torres Molina.