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LARRA Y EL LARRISMO i w 1 t- i re lón lfe la época. tAMtA I. a Uft- ratura n. t puedo ser nun STO de escribir para el público debe tener sus encantos cuando tantos somos los que cogemos la pluma para hacerlo. Por lo que a nosotros respecta, siempre tendremos la tranquilidad que nos concede lo que pensaba Cervantes sobre el rigor de las criticas: Tanto más se escudriñan las faltas de un impreso cuanto es mayor la fama del que lo compuso. Si buceamos un poco en nuestro interior, encontraremos, sin duda alguna, un mucho de vocación y un tanto de vanidad que nos lleva, con impulso irresistible, a contemplarnos en ese río revuelto qus es la Prensa moderna. Pero junto a estos claros móviles se emparejan otros, por completo desconocidos, que son, en definitiva, los que ponen en marcha el motor de nuestra voluntad. Uno de estos misteriosos duendecilios es el que, con gesto burlón y socarrón, nos ofrece su pluma al mismo tiempo que susurra en nuestro oído: toma. ¡y que té diviertas! Ahora bien, ¿cómo escribir para el público en el día de hoy? Difícil es la respuesta... pues nuestros gustos no cuentan. El escritor de nuestra época se ve constreñido por mil trabas que despuntan su pluma y enmascaran su. personalidad. La sociedad, el Estado, las creencias, incluso los lazos familiares, sin olvidar los económicos son imperativos que coartan y dificultan la obra literaria sea del género que sea. De todas las disciplinas sociales que gravitan sobre el hombre moderno, puede ser que. la. más penosa sea la que corres. ponde al escritor. Él signo del tiempo en que vivimos es la limitación. Y para el escritor ¡a limitación supone el cerrar horizontes, el aherrojar la fantasía y el caminar con paso lento, pero seguro, hacia la infecundidad. No obstante, hay que admitir, pues es ley general, que cada época tiene sus limitaciones, que son, precisamente, las que por singular contraste caracterizan y encuadran a sus escritores más representativos. Y hasta tal punto es esto cierto, que la mayoría de los escritores que nos parecen admirables en su época, en la nuestra, fuera de su lugar y tiempo, perderían lo nias sustancial y encomiable de su obra. Solo él genio, por su misma excepcionalldad, es intemporal y actual siempre. Así podemos presentar un ejemplo, entre varios, que pueden abonar y concretar nuestra opinión. ¿Cabe la posibilidad de que alguien pudiese continuar lo que a Larra le dio su nombradla como crítico, y que nosotros, con permiso del diccionario, denominamos larrismo Y también, ¿Larra es Una planta característica de su época, inútil y hasta ponzoñosa si floreciese en la nuestra? Que Larra es un hijo predilecto del Romanticismo, no esperamos que suscite discusión. Tan entrañable es su encarnadura con él, que, para no dejarnos lugar a dudas, el mismo Larra rubrica su vida al estilo genuino de los románticos: con un pistoleta de final de tercer acto que liquida Uh bello amore Es lo previsto; ía E tragedia indefectible que surge en los hombres que, como Fígaro ven el mundo a través de los gemelos sin vuelta que es el Bomanticlsmo p a r a los que viven en ei segundo tercio del siglo pasado. La realidad es absorbida, en Larra y sus afines, por el tamiz de unos órganos sensoriales hipert r o f i a d o s que les muestran una humildad sin poros convertidos eti cavernas profundas donde se cueoan todos los vicios. El mismo nos lo confiesa: La verdad escomo el agua filtrada, que no llega a tos labios, sino a través del cieno. Cuando la encuentra, o cree encontrarla, m o d e l a merced a su centelleante pluma, unas monísimas fi g u r i tas que si no fuesen tan bonitas no destacaría tanto el contraste entre la forma y el deleznable barro Retrato de Mariano José de L rra, que se conserva en el Museo da que proceden. FíRomAritico. (Foto S us. garo no puede elogiar, no puede decir, tan siquiera, cómo son pudo sobrevivir a su creador. Ahora bien; las cosas en realidad, porque no las ve; las si Larra reencarnase en nuestro tiem sueña sintetizadas en un monocromatismo absoluto: el rojo de las pasiones huma- po, ¿cómo reaccionaria ante la sociedad Lo haría nas. Es un cerebro que bulle a temperaturas actual? Ni más ni como hombre de este tiempo. Fígaro le de horno, para transfigurarse en Imágenes- serían innocuos los menos. yApasiones del vicios desenfocadas, que, cual hierro polar, queman bajo su capa de helado escepticismo. carnaval actual. ¿Quiere esto decir que la sociedad hoy día es mejor que la suya? Asi es Larra y- así se vuelca en su obra Nada de eso. Proporcionalmente hay él el larrismo No critica lo que ve, sino lo mismo número de tontos, vanidosos y enque siente, Y cuando este sentimiento llega vidiosos- -como diría Fígaro son, en real paroxismo, como resultado de una tra- sumen, los que caracterizan una sociedad- -yectoria amorosa que no alcanza el blan- que entonces. Lo que ocurre es que la malco de sus deseos, entonces ejerce la auto- dad de los hombres es tan antigua- ab critica, entonces se ve como una despre- origine y se nos han administrado tanciable y ruin máscara de su carnaval tas dosis que resistimos perfectamente el de ese carnaval que le obsesiona con im- veneno. Seria preciso que calásemos las presionante fijeza, que es su sino y su mor- antiparras del Romanticismo para que taja- -en un día de carnaval pone fin a su nuestro corazón palpitase aceleradamente vida- la única apropiada para quien, al saborear el triste pesimismo de Día de como auténtico romántico, ha hecho de su difuntos de 1836 o las amargas reflexiovida un carnaval Esa perenne farsa hu- nes de La Nochebuena Nuestra realidad mana, cruel y i- iente al mismo tiempo, de cotidiana exige de nosotros tanto que, forla que el Romanticismo ha de nutrirse en zosamente, hemos tenido que sustituir el sU vital y exclusiva savia: la apariencia deprimente Vuelva usted mañana por que encubre la realidad. Esta realidad, por el acucioso Pase usted Inmediatamente mano de Dolores Armijo- -la mal queriDe modo tan da- le arranca la carta a Fígaro el bello capullo, que aquella planta de culpero cual comprende que su farsa termina y tivada por Fígaro carente de aroma, con malsano deleite, y que. el telón ha de caer como en las comedias al uso: arropando con sus pliegues que hemos clasificado bajo el nombre de larrismo fue flor que, como las del los pies de un cadáver. mal crecieron hermosas, pero sin pistiLa tragedia de Fígaro no es la suya los- -tal vez porque no las regó la Piedad- El Romanticismo se la adjudica para que y para conservarlas hubo que disecarlas sirva de florón y símbolo máximo de toda entre las hojas de un romance del duque una época. No creemos que en la historia de Rivas, o entre los versos del más dulde los hombres haya algo más representa- ce y humano de los románticos: Gustavo tivo, más identificado con una época y con Adolfo Bécquer. un concepto de la vida, que la de Larra y su obra. Por esta razón el larrismo no Ricardo PIELTA 1 N