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res, niños, va deteniéndose de maravilla en maravilla. Les enorgullece ver a cuatro compatriotas en la galería de la fama, que muestra los científicos que hicieron posible el moderno milagro- ¡Roentgen, Planck, Heisenber, Hahn- cuatro alemanes, sin contar a Einstein, cuyas teorías quedaron probadas por el ha- liazgo 1) Luego se detienen ante el inmenso panel levantado a la misma escala del de Oak ftidge, en el que se realiza el proceso introduciendo ¡las barras de urahio para fijar el átomo. Tanto la radiación como el calor van a turbinas, donde se convierten en energía eléctrica. Ño hay que advertir que en la Exposición sólo se finge el experimento, pero la apariencia de los movimientos al coincidir- con la imagen que todos tenemos de la fuerza gigante produce cierta emoción. Una de las instalaciones que atraen más al público son las manos mecánicas. Es la forma con que manipulan los productos radioactivos los especialistas colocados al otro lado de un grueso cristal protector. Otra agraciada señorita mueve a cuatro metros de distancia con excepcional facilidad botellas, vascs. alambiques y retortas. A veces escribe fórmulas en un papel. Él día de la inauguración sirvió de la misma delicada y lejana manera unas copas de vino a los invitados. Mas allá, una exhibición de cómo trabaja el Geiger aparato registrador de la presencia del uranio, -Este es el aparato- -me dicen- -que usan los nuevos descubridores en Alaska y las Montañas Rocosas, Ya sate usted que en los Estados Unidos y Canadá Jhay una fiebre de uranio, que en muchos casos se parece a la famosa del oro. Ha habido ya incluso hace unos meses una muerte violenta entre dos socios que habían registrado una concesión. La gente vuelve a agolparse. Se trata de una muestra de cómo trabaja el Cobalto 60 y el Neutrón para tumores malignos. Unos muñecos- enfermo, enfermeras, médicos- -se mueven acompasadamente en una evocación de lo que ya está ocurriendo en muchos íl) 1 6 otros i l j l o s Wvuqucre: ¿VI. TI. OUI- H (franef. -i Xíuttíi foxd, Ohníiwlnk (i. nírlt 4 inu í. r n, l rv J- awrt- P El gran reactor de Oak Ridge. Su copla, a la misma e cala, se exhibe n Frankfort e U día lugares del planeta. Un plano indica los países que hasta, el momento han recibido de los Estados Unidos radioisótopos para curas e investigaciones. Son cincuenta Estados, entre los cuales alegra ver el nombre de España. Los niños se empujan para ver al hombre del futura. Se trata de un traje como de buzo, hecho de plástico y lazado con la habitación vecina por un tubo de la ínisma materia, que permite revestirlo sin exponerse a la letal exposición radioactiva y moverse alrededor del cuarto con relativa facilidad. Estamos llegando al final de nuestra excursión por un mundo de ensueño, que es el actual. El de la Edad Atómica. Los niños de lioy- -decía un maestro alemán- -hacen ejercicios de clase sobre temas que hace quince años eran propiedad absoluta de un puñado de grandes especialistas. Una pregunta más a nuestro acompañante. ¿Qué tal fue la Exposición en Berlín? -Un rotundo éxito. Doscientos mil visitantes. De ellos, se calcula que noventa mil vinieron de la zona oriental. Esto nos llena de orgullo, porque pudieron volver diciendo a sus amigos que los gansters americanos creían que la fuerza del átomo podía servir para algo más que para hundir al mundo. Y que hacían esfuerzos desesperados para conseguir ¿uz, energía y poder para todos los. humanos. ¿La Prensa alemana? -Se iia volcado a nuestro lado. Vea incluso éste pe riódico comunista de Occidente; entre insulto e insulto, reconoce que la Exposición está perfectamente instalada y que da una idea muy clara. Salimos deslumbrados; al subir a un tranvía miramos a nuestro alrededor un poco despectivos. Es un tranvía movido por electricidad corriente; ya saben, esa electricidad de antes... part posterior del reactor gigante, Igual tAmafto que e usado eo Oak P. D. -P. Ridfle. (Foto Usis Urtft.