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oello con lo provechoso, qui miscuit utile dulcí deleitando y al par doctrinando al lector. En cuanto a lo provechoso, recibe buena remuneración de Sosio; en cuanto a lo bello, traspasa el mar y prorroga su nombradla de escritor a lo largo de los siglos. Este Sosio fue un conocido librero, en tiempos de Horacio; como Trifón, editor de los españoles Quintiliano y Marcial; y Atrecto, Secundo, Polio Valeriano, que menciona Marcial. A pesar del celo más asiduo y, del estudio más tenaz, hay fracasos involuntarios. La cuerda de la lira no siempre produce el sonido que la intención y la mano solicitaron de ella. Cuando se quiso que fuese un sonido grave, lo devolvió agudo. Ni la flecha del arco da necesa riamente en el hito donde se puso la mira. Me indigno cuando a veces dormita el excelente Hornero, indignor quandoque bonus dormitat Homerus pero a tan grandiosa empresa como la suya es licito consentirle algqn abandono. La poesía es como la pintura, ut pictura poesis Hay cuadros que cuanto más de cerca, más gustan; otros, si están lejos. Cuáles, es mejor exponerlos a media luz; y cuáles, a plena luz, sin temor al examen exigente de un juez. Aquéllos gustarán una sola vez; éstos, diez veces que se les mire, gustarán más y más. Ni los dioses, ni los hombres, ni las columnas conceden un lugar de inscripción a los poetas mediocres. El vulgo, eñ cambio, sobre todo el vulgo intelectual, se inclina hacia los poetas mediocres. Calzan los mismos puntos. Nada podrás decir ni hacer si Minerva no te asiste. O lo que es lo mismo: si careces de inteligencia. No hay poetas tontos; o lo que es lo mismo, el tonto no puede ser poeta. Puedes cciregir y enmendar mientras no has sacado a la luz tu obra; pero, la voz ya libertada no vuelve a la boca. Se suele disputar si la verdadera poe sia proviene de una aptitud natural, o bien de) arte aprendido. Por mi parte, no alcanzo a entender que valgan de nada, por si y aisladcs, la aplicación y el esfuerzo, ni el ingenio en bruto. Las dos cosas tienden la una a la otra, para conjurarse amistosamente, conjurant amice Cáceres J Cario Lozoano. (Foto de Jorge Zockoll. V ARTISTAS A pintura de Lezeano expuesta en la Sala Vilches nos testimonia un aspecto de nuestro impresionismo tan. rico en personalidades y tan diferente del francés. Aunque parten de supuestos análogos, aquí quizá conducidos por la aspereza del tema- -y de ello es una buena prueba estos ¡paisajes roqueros, estas soledades y estos incendiados crepúsculos castellanos de los cuadros de Lezcano- a pintura de nuestros impresionistas se hace más seca y empastada, con unos reflejos menos vibrantes y unas masas más construidas. Aunque sea también la luz la conductora de la mancha, esta luz es menos disuelta, más definidora de unas formas sin vaguedades, colocando el acento, más en la claridad de netos límites que en los matices claroscuristas. En estos cuadros de Lezcano, el golpe de pincel superponiendo los toques produce una impresión de materia opaca, pronto desvanecida por la firme gradación de los tonos y por la grandeza perspectiva de estos paisajes de tan amplia curvatura. En esta Exposición podemos seguir la evolución del pintor desde una primera etapa, dura y realista, hasta la fase impresionista, que abstrae de cada paisaje sus elementos definidores, dando a la luz y al espacio la primacía de los valores y unificando los tonos en un predominio de una coloración unida, de grises lechosos muy atenuada y sensible. Esta unidad cromática es quizá su mayor excelencia, apagando todas las estridencias y realzando del paisaje su más simple monumentalidad. L En conclusión: ¿qué diremos del arte poético de Horacio? Siglos y siglos fue Un canon indiscutible. Hoy se predica y se practica todo lo contrarío y al revés de como dijo Horacio. También Bernard Shaw, en un rato de buen humor (o de mal humor) formuló un. antidecálogo. ¿Qué importa? Los mandamientos d sl decálogo, como los de Horacio, son la cristalización definitiva del sentido común, tan poco común. Pero, decidme: bien mirado, ¿qué es el sentido común? 1 sentido común, en última instancia, es la oculta, permanente e inviolable voluntad de la naturaleza, a la cual hemos de obedecer So pena de caer ridiculamente o de perecer miserablemente. No se le ocultó a Horacio que desrazonar, hacer y decir tonterías de cuando en vez, es un gran desahogo, dulce est desipere in loco La tensión necesita de la distensión, de vez en cuando. El arco bien templado es el que no está siempre tenso. Esto es también muy natural. Pero, a sabiendas y sin extralimitarse; porque, como también dijo Horacio, haturam expellas furca, tamen. usque recurret que Boileau tradujo: Chassez le naturel. il revient au galoo Salvo en los seres de naturaleza enfática, en los cuales lo enfático es lo natural. R. P. de A. llo de la Revista Ateneo, al descubrir un arte de fuerte personalidad, alejado de todo ese fácil juego de pinceladas sueltas y de vibraciones ambientales. Pintura seca, ceñida, con abundancia de negros, con perfiles recargados y con una tendencia a la planitud para destacar las líneas nucleares. Arte pesimista, que e recrece en los temas sombríos, arte de una posguerra, con una humanidad abrumada y de la que el artista destaca sus formas más masivas y rotundas. Le preocupa el ritmo cerrado de la composición. Pero es en los retratos donde quizá su arte se manifiesta más personal, con un rayado muy incisivo, de amplios y sintéticos rasgos. Una grata sorpresa, nos procura la Exposición de Ricardo Bastid en el salonci- Oran acierto ha sido la celebración de una Exposición de Nicanor Pifióle, en Madrid. Este anciano maestro, siempre recluido en su tierra asturiana, nos trae un conjunto de cuadros de una impresionante modernidad, con las luces tamizadas no sabemos si por la niebla o por la exquisita, sensibilidad del pintor, con un predominio de los grises en unas gamas trémulas que modulan paisajes o expresiones. Hay en esta obra un lntimismo que aun se acentúa cuando son vastedades marinas o perspectivas montañeras las que llenan sus miradas. No hay crudezas ambientales, ni primeros términos violentos, ni contrastes que vigoricen el claroscuro. Todo tamizado por el alma, un poco incierto, vago? oso de niebla y de espíritu, raspando todas Ia 3 durezas que puedan acentuar la plasticidad de los objetos. Pocas veces una tierra ha modelado más profundamente el tertlperamento d e un artista, como Asturias ej