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diciendo: Usted no sabe comprar. Teníamos que pedir perdón y salir a la calle, a cuestas con nuestra pequeña vergüen- za. Funcionaban las señales para los encargos, aunque éstos fuesen de mínima cuantía, y si solicitábamos la corbata que habíamos visto en el escaparate, se nos ofrecía otra igual, pero que a nosotros nos parecía distinta, sin que consiguiésemos por nada del mundo que el comerciante alterase sobre la marcha su escaparate- para compacernos y, además, cumplir con su obligación. Ignoraban, o querían ignorar, algunos comerciantes el valor jurídico de las ofertas unilaterales al público, encastillados en unos modos anacrónicos y absurdos. ¡Cuánto puede la simpatía bien cultivada en. este aspecto! Un hombre simpático, sin empalagosos amaneramientos, puede salvar un neg o c i o Un hombre antipático puede echarlo a pique. Hay una diplomacia para las ventas, compuesta de muchos y sutiles matices, que contribuye a fortificar lo que los italianos llaman el aviamento expectativa de ganancias, crédito presente y venidero, respetabilidad de una firma, perfil espiritual de un negocie... Hcy, los buenos comerciantes- -casi todos- conocen perfectamente su aguja de mareer. Dependientas bien vestidas, muchachos mundanos, recaderos complacientes. Y un poco más allá, oculto a ia clientela, pero vigilando siempre, el jefe, como itn tribunal supremo para resolver las posibles apelaciones o los recursos de casación. Ni tm mal gesto, ni una mala contestación, ni un ademán de impaciencia. Si buscamos alguna cosa que no existe en. tal comercio, nos orientarán sobre las tiendas donde podemos encontrarla. Va mucha diferencia entre decir: no lo tenemos con cara de fiera, y pronunciar la misma frase con aire de amable condolencia. En los establecimientos ccnocidos nos llamarán por nuestro nombre, y se nos dirá que la casa se complace en servirnos, por ser nosotres, de una manera especial. ¡Qué diLLEGADA DEL PRINCIPE CON JUAN CARLOS A MADRID. -Su Alteza Real el princloe don fícil, hoy, salimos de una tienda sin comJuan Carlos (legó ayer mañana, en el Lusltania Express a la estación de as Delta ss, de prar nada! i Es tanta la cortesía que se Madrid, y se dirigió en seguida al palacio de los duques de Montellano, que será su residencia hasta que ingrese en la Academia General de Zaragoza. En nuestra fotografía, desda nos brinda! ¡Sen tantas las facilidades la ventanilla del tren, D. Juan Carlos saluda a las personr- s que, er. crecido número, acu- que nos otorgan! Frente al arte de ven dieron a recibirle. (Foto Ortiz. der, el arte de comprar, en el que suelen ser maravillosas especialistas algunas mujeres. Cuando una señora llama Pepe al dependiente, le dice que está cada vez más joven y le pregunta por sus niños, tiene ya mucho camino andado para el ESDE hace ya tiempo, el comercia facilidad y que en último término nos éxito de la compra. Pepe se desvivirá por en España se ha hecho amable. decían: Si lo quiere usted, lo coge, y atender a la exigente compradora, y hasSalvo excepciones, los comercian- si no, lo deja. Era natural que en es- ta inventará colores y calidades de tes españoles de hoy conocer perfecta- tablecimientos de este tipo penetrásemos telas que no existen en el diccionario. He mente su oficio, que tiene mucho de arts. con cierto temor, como si fuéramos a aquí la psicología, la cortesía, la simpadesde el fino slogan publicitario has- examinarnos o a sentarnos en el banqui- tía al servicio del comercio. He aquí ia ta la paciencia sonriente del dependiente llo de los acusados. Perqué algunos co- buena vista A veces habrá que saber ante la insoportable pesadez de alguna merciantes eran auténticos examinadores perder. Pero la pérdida piesente puede compradora. Los escaparates llegan a 0 jueces, si no fiscales, de los clientes, significar muchas ganancias en el futuro. constituir verdaderos alardes del buen, 1 Qué lamentables equivocaciones para Que el oficio de vender es un arte, y gusto, y en pocas tiendas nos encontra- el éxito de su negocio! Pedíamos un ob- cuando el arte- -aun con minúscula- -mos con aquellos mercaderes rancios y jete, quizá raro o que no correspondía anda por medio, todo va bien. malhumorados, que nos trataban descon- a la especialidad de la tienda, y el comersideramente, que no nos daban la menor ciante se nos quedaba mirando, así como Francisco Javier MARTIN ABRIL D