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A B C. D O M I N G O 2 DE ENERO DE 1955. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 61 Crítica y glosa EL CANTO DEL GALLO por José Antonio Giménez- Arnau Ediciones Destino Barcelona. 202 páginas. 50 pesetas. L tema del sacerdote que cae en graves tentaciones logró escandalosa boga en el ciclo de la novela naturalista, según lo atestiguan famosas obras cíe ola y Eca de Queiroz, no sin alguna repercusión en España. Huelga recordar que tales casos no están concebidos ni desarrollados ciertamente desde el pimío de vista de la moral cristiana y de la disciplina eclesiástica, sino en virtud de ia ¡concepto del amor como fuerza de la naturaleza, muy a tono con la estética adoptada por el naturalismo. Hechos ulteriores han venido, sin duda, a complicar aún más el mundo del pecado con inducciones o estímulos que no se cifran ya precisamente en las pasiones de la carne, sino también en el ansia de poder y en la fruición del crimen políticoa que ha dado lugar la revolución comunista, allí en donde ss ha producido. Como en ese país, de indeterminada localización, donde sitúa José Antonio Giménez- Arrian su reciente novela El canto del gallo cuya protagonista traiciona, por mie. áo, su sagrado ministerio. Huelga puntualizar que el autor cristianiza por completo el tema, puesto que iras la apostasía viene la angustia de! remordimiento, la confesión de la calpa, la purificación por el flolor. De ahí que José Antonio GiménezArnau experimente la necesidad de prevenir a sus lectores, explicando el propósito de la novela y la alusión evangélica implícita en el título: Esta novela fue escrita por un católico y escrita creyendo prestar un servicio a quienes piensan que la religión puede sufrir de la conducta de sus ministros. Nunca, en ningún momento de la Pasión, se antoja al autor más hermoso y patético el sacrificio de Cristo que cuando le vemos negado por Pedro en aquella madrugada de dolor en que el canto del gallo anunció el comienzo de la angustiosa y tremenda soledad. Par miedo peca este P. Muller que José Antonio GiménezArnau ha ideado para centrar El canto del gallo y cubrir con su dramático caso la narrración, que no incorpora otros elementas, personajes o situaciones que los estrictamente Don José Antonio indispensables para justificar la acción. O la pasión, mejor Giménez- Arnau dicho, porque, en realidad, el movimiento del asunto es íiacia dentro, por la íntima condición de las fuerzas en choque, dicho sea en atona de la noble intención moral y literaria a que responde El canto del sallo Pero fuerza es reconocer que si en esa dimensión áe profundidad pudiera csíñoar el mayor mérito de la novela, no siempre la consigue el autor, porque la exploración psicológica necesita de lentas maíizaciones que difícilmente pueden obtenerse con larapidez expositiva, cinematográfica a veces, de que gusta José Antonio GÍI EISZArnau. En ese sentido, tal vez hubiese bastado para dar lógica al asusto en tcás. s y cada ima de sus vicisitudes, con la falta absoluta de vocación de Hiaríü- io en 2I quebrado espíritu del P. Muller. Y ya sería éste motivo suficiente para qwe el desventurado sacerdote pasase por el drama ele cunciencia que el auícr lleva a la novela y oue, por la acumulación de abyecciones, cae en melodrama. Para jusiiíicar cumplidamente tan categórica falta de cimientos en fe y moral del P. haría faíía una más profunda definición del carácter y una amplia reconstrucción e su S vida anterior. Cuando, muy avanzada ya la lectura, leemos, por ejemplo: ¿ije Ja misa mecánicamente KO podemos por Ríenos de pensar tsue no da otro metío h. procedido el P. Muller, en efecto: como un autómata más que cora un ser haisKno. Nos resalta demasiado simplista el resorte del miedo. 1. a sensación fie asco y desprecio que el protagonista de El canto del gallo experimenta per sí missr. o, no hubiera sido un principio de reacción elemental, que acaso ie hubiese defcnáiS contra ulteriores culpas y pecados? Sobreviene peco después un momento en c que se humaniza el P. Muller con más autenticidad, a nuestro juicio, qao 0: 1 ctrerj lances, y es cuando, rescatada la ciudad roja por las fuerzas del bien, vuelven a sonar las campanas. Al oírlas, tras aquellos meses (Je pavoroso silencio, se sintió estremecer a medias, por la emoción casi fisiológica del sonido familiar; a medias per la realidad inaplazable que le obligaba a enfrentarse con sa propia jtuáueta. El interés que suscita el conflicto espiritual y ¡a humanización del peraa- naje ano lo vive, muriendo, en desconcierto horrible, se conjugan atinadamente en la visitr, del P. Muller al abad de la Cartuja. La tensión se mantiene, a través de la íercern parte- -la más afortunada, a nuestro juicio- -hasta el final, contribuyendo a- la graduación del interés, no sólo las vicisitudes del protagonista, si, también r. quellas otras por las que pasan Elsa y Hans, personajes complementario: en funciin de la ejemplaridad moral que Giménez- Arnau se propuso. FI celebrado autor de La hija de Jano se espresa en El canto deí galla can laviva y directa prosa que leí es peculiar. M. FERNAr Z ALMAGP K- HITO: ANDA QUE TE ANDA Anaquel de Dígame Madrid. Un volumen de 288 PÚRS. PnMoso de Fernando Caatán Palo- mar. Precio: 50 pesetas. El famoso caricaturista K- Hito es además, un escritor da rara amenidad Lleva publicados, con éste que reseñarnos, cerca de diez tomos de sus escritos, y su radio de acción en la literatura es prolongado y aoarca diversos géneros. Así ha pergeñado novelas, covientarios y biografías de toreros, y crónicas viajeras. En las últimas hay siempre un aliento optimista, un mirar y ver las cosas con gracejo, con agudeza de penetrante observador jocoso. Fernando Castán Palomar, el veterano y sagas periodista al que ha confiado el prólogo del presente volumen el autor, dice c o n tino: Las crónicas viajeras de K- Hito entroncan desenvueltamente con el reportaje, y en ello reside una de las razones del éxito que las ciñe. Porque el reportaje gana en el tiempo a la crónica. La gana por más vibrátil, por más humano, -por mas alígero. Dije en otra ocasión que el reportaje supone una actitud inquieta, curiosa, deportiva y viajera. ¿Y no es ésta, exactamente, la posición de K- Hito como autor de estos gratos liaros escritos por las rutas de España? Efectivamente, K- Hito, viajero, ilustra y divierte. Extrae cosas, efectos de los lugares, sus gentes y sus costumbres, que a la, mayoría escaparon, aunque hubiesen visitado los sitios, conocido a sus habitantes, contemplado su manera de vivir. Se muestra el humorista en sus reportajes dinámicos no muy partidario del mayor dinamismo, sino de los medios de locomoción más tradicionales, más afincados. Por eso elige un tren cualquiera a esos que mejor parecen aviones que artefactos que andan sobre carriles. También se decide por los hospedajes d? mayor sabor, y por los centros de reunión populares. Por es e libro desfilan Alicante, Logroño. Córdoba, Albacete, el Guadarrama, Barcelona, Sevilla, San Sebastián. Valencia, Castellón, etc. etc. Pueblos, villas, ciudades... Viaja K- Hito a la buena de Dios. Donde le gusta se detiene; por donde le gusta menos pasa de largo. Anda que te anda es el título del libro, un título que lo refleja y lo define. De la mano de K- Hito el lector, sentado en su cómoda butaca, recorre sin esfuerzo España, saboreándola, disfrutándola del modo más confortable y optimista. YNBUSAIM, FRANCISCO: ANTOLOGÍA DE LA NOVELA ESPANOL A I rl. iel Cc: i: jo Superior de Invehí zcioneF Cier. tífLC Un vol. ele 310 üágs. E Don Francisco Ynaurain, catedrático de la Universidad de Zaragoza JIOS brinda hoy esta Antología de la novela española que obre de acuerdo a la proyección que obras lleva el pie editorial del Consejo de Inves- y autores ofrecen. Nosotros, por nuestra tigaciones Científicas. Comienza el antolo- parte, habremos de señalar, puesto que asi go por explicar en un breve prefacio el sen- lo estimamos, que el profesor Yndurain ha tido de su obra y por establecer él mismo conseguido mostrar en su libro un panosus limitaciones. Dice, con razón, que to- rama muy completo de nuestra novelístido empeño como el suyo, y desde que ta- ca, partiendo del Libro de Patronio o del les empresas so abordan, es producto de Conde Lucanor que data de 1335, hasta un criterio personal, de la apreciación y Ramón Gómez de la Serna. Ha prescindiBustos particulares del autor, aunque ésta do, pues, dejándolo para futuros compila- üc la Real Acader- iia Española dores v discrimiii dores, de lo escrito or los autores de. las viás recientes- yemraciones, ya que el juicio definitivo de éstos nopodrá hacerse con perspectiva, sino, dentro de algún tiempo. Así reúne páginas dé Corvadlo o reprobación del amor munáü no de cárcel de amor de Amadis dé Gaula del Lazarillo y lo más funda- mental de los novelistas del siglo de oro. Pasa lueco a los? na: stros del siglo XIX, y