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CHARLA DE CAFE N este viejo y remozado café de los Madriles, sito en la zona chamberilera, hemos tenido un encuentro. Grato encuentro, que nos trae nuevas de la incomparable ciudad de Sevilla y de su gitano madrileño. El hombre es inconfundible, y el nombre también. ¿Cuál otro que no sea Rafael Gómez Ortega, el Gallo puede ser el gitano madrileño de la capital bética? ¿Quién si no el hispalense de progenitura, que- vio la luz en la Villa de las Siete Estrellas o del Oso y el Madroño, puede arrogarse el papel ni la estampa del héroe de las espantadas, de las maravillas, de las genialidades del toreo de hace cuarenta años? Mas he aquí que Rafael no se hace recordar en una centésima reaparición de su arte frente a los astados, aunque él podría aducir que José Romero, hermano de coloso de Ronda, mató cuatro toros cuando contaba o restaba de su vida los setenta y tres inviernos. Rafael aparece ante nosotros en a espléndida cabeza que le ha hecho el gaditano Juan Luis Vassallo, director de la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla, escultor de esta Real Maestranza, primera medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes. Vassallo nos muestra y ofrece las fotos que aquí se publican y cuya vista bastará a los lectores- -estamos seguros de ello- -para apreciar esa buena personalización (o personificación) añ 3 rante y remota del torero de ayer en rt hombre de hoy. Ea abajo ñimante se halla, como dice al comienzo de este artículo, en un café de Madrid, cuando el laureado escultor, finalista asimismo en el Concurso para e monumento a Manolete y el toreo cordobés viene atentamente a saludarnos. Como otras veces- -como tantas veces- Vassalio nos habla de Sevilla. De sus obraSi realidades y proyectos para el porvenir; del afecto suyo, vigilante y cordial, por la escuela que con cuidado amor dirige y enaltece. Y luego saca de una amplia cartera las citadas fotografías. -No he podido traérselas dedicadas por Rafael- -nos dice- porque la premura del UNA CABEZA DE RAFAEL EL GALLO E viaje me impidió buscar al Gallo en otros sitios que no fueran los de costumbre, y en éstos no lo encontré. -Esta cabeza es magnífica. Vassallo. Le felicito sinceramente. A Rafael le habrá gustado mucho. -Sí, le ha gustado de verdad. Y él ha, sido un buen modelo. Pacientemente ha ido uno y otro día al estudio... Yo también estoy satisfecho. Ahora voy a hacer una cabeza a Belmente, y expondré ambas junto a la de Manolete que ya de tiempo atrás tengo hecha. El escultor nos da a continuación una foto de Mariani, en la cual aparece Rafael posando frente a Vassallo, en el estudio que éste tiene en la plaza de Blasco de Garay, de Sevilla. La cabeza raiaelina- -como hablan estas ilustraciones- -es algo logrado plenamente. Y en este algo se incluyen no sólo facetas físicas, integrantes definidores de linea exterior, de individualidad hacia afuera, sino también rincones, recovecos del alma que informa todo el ser del divino calvo La estirpe de los Gómez y los Ortega concentra en esta obra una sensualidad genuina, a la que en vano tratan de abatir los años. ¡Cómo se revela todo e ¡c a u d a l torero y gitano- -de misterioso orientalismo generador y fatalista- -en esta cabeza! Rafael tiene un perfil de moneda antigua, de pétreo sultán destronado- -y desterrado, al mismo tiempo- que ensueña tronos y damascos que no conoció, pero que, sin embargo, pretende que fueron suyos. Sueño- de una raza que se pierde en los cálculos y conjeturas del historiador, quian tve huellas, ¡rasos y gestos en lejanías indias, persas, egipciacas. Lejanias sin fondo, o de fondo inencontrable, confuso, de tradición cuya raíz flota y engaña como los espejismos del desierto. Y cuando esta cabeza de Rafaei nos mira de frente- -o casi de frente se nos aparece- posee el estoicismo vivido, de vuelta de muchas cosas, de muchos anhelos, todos los cuales asoman a la cara, aunque ésta cree no mostrarlos. Pero el rostro se lee a sí mismo, para nosotros, Rafaef tiene un perfil de moneda antigua, de pétreo sultán destronado. (Foto Paláu. muchas páginas de gloria, de miedo, de arte, de aura popular. Es el torero viejo, faraónico, señor de simpatía, remembranza y holgorio; si bien los años le han dado una pátina de soles y un rictus de experiencia y, como decía eJ filósofo, experiencia significa siempre triste experiencia Vuelve a hablarnos Juan Luis Vassallor- -Cuando publique usted estas cuartillas sobre la cabeza de Rafael, ya estaré haciendo la de Juan Belmonte. ¿Y no tendrá que interrúmpala? ¿Interrumpirla? ¿Por qué? -Hombre... -Ya he hablado con Juan. -No lo dudo, Pero acaso tenga usted que dedicarse pronto a la estatua de Pedro Romero, que será colocada delante de la plaza de todos do Ronda. (Eso depende de que el concurso convocado se falle a mi favor. Es prematuro hablar de ello. Pero, ¿cómo sabe usted? Yo nada le había 4i cho. -No. Y su reserva es muy plausible. Sin embargo, todo se sabe. Además, me agrada pensarlo como biógrafo de Pedro Romero. Haría usted una buena interpretación escultórica del sin par matador de toros. -lüsted tan amable como siempre. Gracias. -De nada. Es justicia. Vassallo sonríe: -Nos veremos de n u e v o cuando acabe la cabeza de Juan. -Y lo celebraremos. -Sin duda. -Así sea. Tose VTSGA Rafael posa para el escultor Juan Luis V ssallo. (Foto Mariani.