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Hoja C- 18O, de la Real Armería, que se tuvo por perteneciente a I? Tizona y últimamente se ha señalado que puede corresponden a i Colada. que el Cid devolvió a los nobles franceses, no así la de Berenguer, que conservaría como recuerdo. l a s empuñaduras de hierro plateado que describía Gricio no definen una joya, pero, además, sus flores de lis, castillos y leones son de tiempos posteriores al Cid. No hay que extrañarlo, pues en la Real Armería se sustituían las empuñaduras valiosas por otras más modernas. Pero en el inventario de la Real Armería debió haber confusión, La Colada se reseña con una marca de espadero de círculos concéntricos, identificada últimamente en una espada de siglo XV, atribuida erróneamente a San Fernando, por llevar grabadas oraciones. V la Tizón, llamada ya Tizona, estaba en el castillo de Marcilla, mayorazgo de los marqueses de Falces, donde la vio fray Prudencio de Sandoval, cuya descripción no concuerda con la de Qrício. Ninguna de estas armas figuró en inventarios posteriores. La Tiaona se daria de baja al divulgarse su poses i ó n por los Falces, y la Colada debió perderse en la guerra de las Comunides. Es tradición que Fernando el Católico dejó elegir una espada de la Real A r m e r í a al señor de Falces, H o s é n Pierres de Peralta el Mozo, para premiar sus excepcionales servicios desde que ie acompañó disfrazado de arriero en busca de ia princesa Isabel. Mosén Pierres ¡igió ia Tizona, bajo condición de llevarla a Palacio con determinado ceremonial cada vea qufhubiesen de jurar sobre ella los Reyes de España. También los Falces juraron en la histórica espada la transmisión de su marquesado, hasta que en 1936 les fue robada de su domicilio por el comité rojo de Los Sastres con los documentos de su legitimidad y otorgamiento. Apareció en el castillo de Figueras con una nota que decía: Esta es ia espada del Cid, respetadla y fue trasladada al Museo del Ejército, donde sus propietarios la dejaron en depósito. Allí, en el centro de la Sala Capitular, sitare Un almohadón rojo preside el Capítulo de los Caballeros Laureados. Pero los documentos que habían de dar luz sobre su historia no han sido recuperados. Su empuñadura es más de lujo que de combate y puede considerarse del siglo XV por su gran semejanza con una atribuida a Fernando el Católico y otra del siglo XVI, mal llamada de Bernardo del Carpió. La hoja ha sido identificada como de una spada de la jineta árabe o hispanoárabe, de las llamadas serendibes o yemaníes. El orín jue presenta próximo a la punta revela el temple al azufre de su época. En un vaceo lleva una leyenda en mayúsculas renacimiento del siglo XV, cuyo lenguaje es tamj bien anacrónico: Io soy Tisona, fui lecha en ia era de mil e cuarenta ¿Cómo enten der esto? Pensando que sea traducción de algún grabado árabe borroso del que se dedujese su forja en el 1002. correspondiente a la era de 1040. Aunque también es raro que en pleno siglo XV se fechase por la era antigua, abandonada en el XIII. puede ser que el artista quisiera ambiental su inscripción. En el vaceo opuesto se lee: Ave María, gratia plena. Dominus tecum Su e s c a s a lonsitud 785 milím e t r o s la hoja. 1.015 en total i y poco peso U, 10 kilogramosj, admira a quienes la suponían un gran montante o mandoble; s i n embargo, estas características coinciden con las de las cinco espadas ara- X Incrustaciones en oro dn la hoja G- 180, que revelan su procedencia, riqueza y antigüedad del sfglo XI por su gran semejanza con ios dibujos de IA célebre tapicería de Bayeux. bes de la jineta que se conser. van, y cuya longitud oscila entre 95 cm. y un metro. Los investigadores modernos, empeñados en localizar la Colada, clasificaron sucesivamente como tal nombre Leyenda: Ti o n a diversas espadas de la Real Armería, tofue íech das ellas apócrifas, hasta que hace unos íatí- ra (1) años el teniente coronel don Sebastián Sempere dio a conocer su tesis, muy original y verosímil. Convencido de la autenticidad de la Tizona de Falces, analizó la descripción que de ella hizo Gricio y dedujo que éste la confundió con la Colada, única que entonces quedaría en la Armería, coincidiendo con si conde de Valencia de Don Juan en que puede ser de tal arma la hoja G- 180 del Catálogo, que revela mucha antigüedad por su longitud (920 mm. sin espiga) a n c h u r a 48 mms. y forma de la punta y lleva grabados en oro animales fantásticos y signos del alfabeto de los Jueces Francos empleados por los tribunales vehémicos en el siglo XI, haciendo pensar que tendría muy rica empuñadura. De todo ello concluye que esta espada tajadora seria regalo de algún noble francés a Ramón Berenguer II, el Fratricida. De no confirmarse esta hipótesis, la Tizona puede darse por perdida. El numeroso público que el 14 de enero de 1541 presenció la apertura del féretro del Cid pudo ver junto a los restos del héroe su espada y sus espuelas. Por entonces ya estaba la Tizona en la casa de Falces y la Colada en el Real Tesoro de Castilla. Debió seguir la espada en el sepulcro hasta el despojo francés de 1808. ¿Qué arma era ésta enterrada siete siglos Con el Campeador? ¿Tal vez la vieja espada de Mudarra que le ciñó su padre, al decir del fantástico romance? ¿La que empuñó durante veinte años, desde sus dieciocho, allá por 1061, hasta 1081 en que pudo ser ganada la, Colada? En tal caso era la espada damasquinada en oro y de mano maestra fabricada con que el Carmen Latino le presenta frente a Berenguer. ¿Sería acaso la que tuvo en los últimos años de su vida, al regalar las otras a sus paladines? Nada sabemos de ella. Bien pudiera encontrarse en algún Museo extranjero esta indudable reliquia de nuestro primer héroe. J. M. G. C.