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LAS ESPADAS DEL CID Por JOSÉ M. GARATE CÓRDOBA AY quienes extrañan la figura del Campeador llevando dos espadas y juzgan fantástica la historia de Colada y Tizón, sin saber que Menéndez Pidal demuestra con profusión de citas que en el siglo XI solían llevar los caballeros una espada al cinto y otra en el arzón del caballo. Las de u Kón eran tajadoras dulces, pesarlas, largas y muy anchas, aun h eia la punta, para hendir las sarigas, con doble filo y una canai central que quitándolas grosor permitía dar tajos muy ¡profundos. Las ceñ i d a s yendo a caballo, solían ser jinetas de arista y con más punta, para estocadas y tajos, H je con pomos y gavilanes de oro: l.i s As i- lt, i n ¡rj iac s son. Pero esta cita aislada sería discutible. Consta que muchas espadas, tanto árabes como cristianas, tenían empuñaduras lujosas con adornos de oro, pedrería, marfil y obras maestras de orfebrería. Los cronistas musiJV manes refieren un regaló de Yúsuí a Abú- Béker de 70 espadas, veinte de ellas guarnecidas de oro y pedrería, y el resto, de plata, y la Crónica General destaca, entre el botín del Pinar de T é b a r las espadas preciadas de o t r o s tiempos II La Tizona de Falces. Su hoja se tiene por auténtioa, per la empuñadura y a leyenda son del siglo XV. y las empleaban preferentemente los jinetes por su mejor manejo. Coinciden diversos cronistas en afirmar que el Cid tomó la Colada a Ramón Berenguer II en Almenara (1081) o en el Pinar de Tébar (1089) y que la Tizón fue trofeo ganado al rey Búcar (Aba Béker) en las batallas del Cuarte (1094) o de Bairén (1096) de su campaña valenciana. El Cantar de Mío Cid señala la cesión de estas espadas a Pedro Bermudo y Martín Antolinez, pero al morir el héroe fueron heredadas por las hijas, pasando así a los reinos de sus esposos, la Tizón a Navarra y la Colada a Cataluña, Aragón y Castilla, donde Sancho IV premiaba en 1286 a Pedro Martin Soria, porque nos dio la Coláüa, espada que fue del Cid e del rey de Aragón Ambas armas y el famoso Ceñidor de la Sultana se incorporaban al tesoro ide Juan n en un recuento dé 1453, entre las joyas que don Alvaro de Luna, tuvo escondidas en el Alcázar de Madrid. En 1503 las incluía Gonzalo Gaspar de Gricio en el inventarlo de la Real Armería del Alcázar de Segovia- -primer Museo Militar del mundo- -que hizo por orden de la Reina Isabel. La Tizona de Falce Su hoja se tiene por auténtio pero tanto la empuñadura como la leyenda jsn del siglo XV. Las dos espadas debieron ser valiosas. Ya era significativo verlas entre las joyas del Real Tesoro, y el Cantar las describe Una Tizona, con empuñadura d la época, ideada y realizada por rt artista burgalés maes Calvo, que en 1948 fue trofeo del Caudillo para el Frente de 4 uventudei,