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U LEYENDA DE U S AMAZONAS O TRA característica del hombre es su capacidad para prolongar les mitos. Esto puede deberse a que en los días aurórales del espíritu se hicieron paradigmas con los materiales que legaron los tiempos remotos, en los que el hombre compendió sus anhelos. Los estímulos fundamentales tal vez sean bien pocos, cinco o seis no más, y de ahí la continuidad de ellos, su casi eternidad. El amor y la muerte, la búsqueda de la felicidad y el temor, el ansia de prolongarse y la previsión del sustento, la explicación del cosmos, en fin, pueden sev esas grandes motivos. Por otra parte, este encontrarse cercado por elementos hostiles, esté saber su naturaleza tan vulnerable, hizo al hombre montar el caballo de los sueños, como delicada y honda revancha del alma. En la mañana del conocimiento, él hombre observó lo que sucedía a su alrededor y con los frutos de su observación fabricó arquetipos. Diana, Cronos, Prometeo son símbolos de experiencias y de deseos. Pero lo que ahora queremos ver, con un ejemplo, es la capacidad de transplantación que tienen les mitos. Las migraciones de los pueblos llevaron de uno a otro sitio los mitos originales de cada sociedad, tan parecidos esencialmente, que pudieron ser asimilados. Les españoles. cuando fueron por primera vez a América, llevaron con la lengua y la religión. con los modos jurídicos y los instrumentos del trabajo y de la guerra, los viejos mitos de Europa. Los navegantes de aquel tiempo eran especialmente propicios a refrescar las antiguas leyendas en la soledad de los mares. Colón va al Nuevo Mundo cargado de referencias clásicas, de mitos. Es un hombre de su época, y tanto como buen maleador es un fantástico. El es quien lleva a las Indias el mito fluvial de las amazonas, las mujeres guerreras que bajaron del Cáucaso a las márgenes del Termodonte. En Europa se recibieron casi al mismo tiempo las nuevas de las tierras descubiertas y las de las amazonas. ¿Qué sucedió para que las mitológicas viragos, adoradoras de Artemisa y vencidas por Hércules cuando perseguía- i Hipólita, se encontraran en América? Las cosas que han acaecido en las Indias han sido tan admirables y tan no creybles- -dice Las Casas- que parecen haier añublado y puesto en silencio quantas por hazañosas que fuessen en los sigiles pasados se vieron y oyeron en el mundo. Colón trajo a España la reencarnación de la leyenda amazónica, y Pedro Mártir de Anglería oon su De Orbe Novo Decadas Octo se encargó de difundirla por toda Europa. Los exploradores españoles situaron a las mujeres bélicas en el río que remontó Orellana. río tan enorme, que hace decir al padra Acosta que leyendo por medio del no miran los que miran sino cielo y río Orellana y los suyos vieron muchas veces a las amazonas, aunqus López de Gomara, que no estuvo en América, lo crea un disparate. Garcilaso. en sus Comentarios Reales estima que el extremeño aireó la leyenda en los mesones de Sevilla para añadir más prodigios aún a los de su navegación. Mas no fueron únicamente Colón y Orellana los que vieron, amazonas. Dice Mexía de Ovando que el padre Gonzalo de Lema las vio cortadas las tetas y muy valerosas y diestras en tirar de la flecha Lo mismo que las de Capadocia, que se cortaban la mama derecha para disparar mejor el arco. Se dijo, además, que las amazonas americanas descendían de aquellas cuyas tumbas 3 vieron en Tesalia, y que llegaron al Nuevo Continente huyendo de Europa, lo cual es, sin duda, un pensamiento erudito, es decir: que la leyenda fue divulgada sobre todo por los hombres de letras. Se vieron amazonas en toda América del Sur. Aquél fue otro espejismo colee- 1 AIARJE ¿J KOKl Islas de la desembocadura del Cr. noco, en las que sir Walter Raieigh vio amazonas.