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EL CENTENARIO DE JERÓNIMO JIMÉNEZ
E ha cumplido el lo de octubre. No se trata ciertamente de una magna figura en el arte de los sonidos como las de Barbieri y Chapi, para no referirme sino a España, pero la música de Jerónimo Jiménez se oye siempre con agrado y se admiran en el compositor el garbo, la majeza, el buen tono l opular con que Jiménsz sabe traducir a sus partituras el alma de su Andalucía nativa o de este Madrid pinturero, en el que supo conservar el autor de La Tempranica los cánones de don Ramón de la Cruz. No es Jiménez uíi autor de mera inspiración, como Chueca, Jiménez ha estudiado en París armonía, contrapunto y fuga, y en la capital de Francia ha sido condiscípulo de Debussy. Chueca todo es vida y donaire, sin tecnicismos ni etapas en los métodos constructivos orquestales. Jiménez une a su vena de los barrios castizos madrileños, conocimiento de lo que por sus días se usaba tn el mundo sabio de la musa Euterpe, Durante el auge de Jiménez surgió en Madrid el wagnerismo. Lo impuso en el escenario del Real Luis París, y en crónicas periodísticas, Manrique cié Lara, Félix Borrell. Pascual Millán y otros, sin olvidar los
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El maestro Jerónimo- Jiménez, en los años de sus mejores éxitos.
En contra de la creencia general, que le supone gaditano, Jerónimo Jiménez naoló en Sevilla. He aquí la copia fotoaráfloa de su partida de bautismo, registrada en el libro de bautismos de la parroquia del Sagrarlo de la Catedral sevillana. (Foto Serrano.
grabados wagnei ianos de Rogelio de Egusquiza. Jiménez no era ajeno a la corriente que desde Bayreuth se extendía a toda Europa. Los círculos musicales que frecuentó Jiménez en París están ya de vuelta; del wagoerismo, en lo que dice a la técnica. El nombra de su compañero de estudios toebussy es una demostración. Jiménez no sueña, como Chapi, en dar vestidura de solemne aparato técnico a una obra como Margarita la Tornera Más aplicado al cauce popular de Barbieri y de Chueca, pene música, a los saínetes de Javier ás Burgos y nos regala con las delicias de La boda de Luis Alonso y El baile de l Uis Alonso que se oyen mil veces con indecible agrado, y a las que damos alma y vida los madrileños, pues en ellas un sainetero no inferior a quien dio a la escena Las castañeras picadas y El Manolo ha ofrecido al raúsico ocasiones para mostrar de manera definitiva, más acusada acaso qué en otras de sus par 1 Huras, la jugosidad, el ritmo acariciador, la sal, el tronío dé. los Manolos y chisperos del Dos de Mayo, con el alma de Maftolita Maíasaña y de quienes hundían sus cuchillos en los caballos de los mamelucos, conforme a los lienzos inmortales de Gcya. Jiménez es una de las figuras m, ás expresivas del género chico. Autor de bellísimos pasodobles y marchas a propósito para las bandas militares, ¿quién no recuerda El húsar de la guardia y otras muestras de un ingenio fértil y lozano? Nació en Sevilla ti 10 de octubre de 1854 y murió en Madrid el 20 de febrero de 1923, el mismo año que Bretón. Uno de sus colaboradores fue Amadeo Vives. Claro que todas estas joyas del género chico tienen tan sólo una importancia relativa. Son momentos de la vida pasada, ¡erapre recordados con cariño y emoción. No entran, como 1 ópera, la zarzuela grande y los entremeses cervantinos y de Quiñones de Bena vente, en la inmensa corríante de la cultura a que dedicó sus afames el recientemente fallecido Eugenio d Ors. El ¡fénero chico, con todos sus valores indiscutibles, es algo así como el clavel qUe luce en la solapa Mariano de Cavia cuando regresa de los toros y se dispone a dar la referencia de la corrida firmando Sobaquillo un baile dé candil en Cuchilleros; las andanzas de un aristócrata chulón y los hechos y dichos graciosos de los que han formado ellos o sus padres el regimiento del aguardiente, del duque de Sesto. Luis ARAUJO- COSTA