Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
L ORIGEN DE UNA FRASE POPULAR LAS CUENTAS DEL GRAN CAPITÁN ds su padre, Enrique IV, denominado el Impotente, su hija llamada la Beltraineja por sujponerla el pueblo rio hija del Rey, sino de flon Bíltrán de la Cueva, que había entiidi al serviéio de Palacio como paje de l? nza y oontlnuo de la Guardia Real, que se componía de jóvenes nobles, qué tenían la misión de acompañar continuamente al Rek De aquí lá dfenominacióri qAiej. -se les dió de contitkuost. Pues bien. Gonzalo IPernández; j de feórdoba, coniral el Monarca franjees Car los VIII, derrotó por completo, en la célebre batalla de Ceriñola, en 1503, al ejército francés, alejándolo de Italia, mereciendo con justicia el glorioso renombre de Gran Capitán no solamente por su excesivo valor, sino por su gran pericia y táctica militar, pues fuá el fundador de los famosos Tercios que tanta gloria dieron a la Infantería española, que la hicieron estimar como invencible. Estos famosos Tercios constaban cada uno de dsce compañías de 250 plazas, en junto, 3.000 plazas. Dos de estas compañías eran de arcabuceros, o sea, ds soldados armados de arcabuz (arma de fuego antigua; Y los diez restantes, de piqueros, o sea de sol- dados armados con pica. Los Tercios llevaban también cierto número de mujeres, criados y algunas caballerías pai a Daga jes- y para alivio de ¿oldadcs cansados o enfermos. Siendo provistos de botiquín de sanidad corraspondiente. Y según manifiesta un escritor militar de aquella época: d? quitar tales sus soldados, impasible, con estas palabras: Buen ánimo, amigos míos, que esas son luminarias per la victoria Ante estás palabras! alentadoras del caudillo andaluz, los soldados españoles arremetieron contra los franceses, que; siendo derrotados en las riberas del Careliano, quedó tributarlo del Rey Español, por entero, el reino de Ná poles, del que se posesionó en su nombra el Gran Capitán i Para premiar éste a lo qué más se habían distinguido en el campo de batalla, les regaló, cerno si fueran ya suyos, parta de los terrenos conquistados; Esta determinación de Gonzalo Fernández de Córdoba no pudo menos de molestar al Rey Católico, que se dejó decir: Qué importa que Gonzalo me haya conquistado un reino si lo reparte antes ds que llegue a mis manos! Por lo cual, marchó a Nápoles y exigió del caudillo cordobés que 1 rindiera cu ni tas de la administración del reino conquistado. Y entonces dicho caudillo, con la soberbia y orgullo. español y la conciencia plena de su valor personal, que ver- ía siendo solicitado por las nació ne- extranjeras, rindió las céletírís cuentas, cuyo original aun no ha sido hallado por los historiadores, pues aunque url Impreso que de ellas existe en ¡el Museo de Aitillería de Madrid maniríasta; que el manuscrito se encuentra en poder del ccr. de de Altamira, no pareos áüé existe en sus archivos, ni tampoco en el; de U mancas (Valladolld) que, comoj Sabemos, es el Archivo General de la nación espa ñola. Del original de las nombradas cuentas son las partidas estrambóticas inverosímiles siguientes: 1 Dos mil setecientos treinta y seis ducados y siete reales, en frailes, monjas y pobres para que rogaran a Dios por la prosperidad de Gonzalo de Córdoba, el Gran las armas del Rey, Cien Capitán, Reproducción de un millones de ducados en piviejo grabado, por V. Muro. ¡cas, palas y azadones. ODOS h e m o s oído Diez mil ducados en guanhablar de estas cuentes perfumados para prer tas, que se han hecho servar a las tropas del mal célebres en la historia. Peolor de los cadáveres enero no serán pocos los que migos tendidos en el campo desconozcan su detalle y de batalla. sientan por ello la curiosiCiento setenta mil ducadad y el deseo de su conodos en poner iy redoblar cimiento; a satisfacer esta campanas con el uso de recuriosidad y este deseo sea pisar todos los días por encaminado el presente arnuevas victorias; sobre el tículo, de puro sabor históenemigo. rico. Cincuenta mil ducados en El autor de estas memoaguardiente para las trorables cuentas fue Gonzapas en días de combate. lo Fernández de Córdoba, Un millón de ducados en que mereció con justicia y misas y Te Demias al To sabrosamente el del Gran Capitán Y la rendición de El monumento erigido en Córdoba I Gran Capitán, obra del insigne escultor dopoderoso. Tres millones de ducados las mismas obedeció a mancordobés Mateo Inurria. en s u f r a g i o s para los dato del Rey Católico, Fermuertos. nando V. de Aragón, Siete mil cuatrocientos noventa y cuatro comodidades, se seguiría faltar a la noCarlos VIII, Rey de Francia, arrebató bleza, que es el nerv o de la Infantería ducados en espías y escuchas. Ja Corona de Ñapóles (Italia) a FernanY cien millones de ducados por mi pa do ti, que se hallaba emparentado: con española El Rey Católico Fernando V de Aragón ciencia en escuchar ayer que el Bey pida Fernando V de Aragón. Por lo cual reclamó el auxilio de éste ante el despejo repuso en el Trono de Ñapóles, con. su cuentas ¡al que le ha regalado tin reino, El ducado fue una moneda de oro que de que había sido objeto por el Monarca victoria, a Fernando II. Pero muerto jCarírancés. El Rey Católico envió contra Car- los VIH de Francia; entabló inteligencia se usó en España hasta fines del siglo XVI, los VIII al general español Gonzalo Fer- con su sucesor, el inepto Luis XII, jcon- cuyo valor variable llegó. a ser de unas nández de Córdoba, ya célebre por su va- Viniendq ambos repartirse el reino d Ná- siete pesetas. poles. Pero después, y por consecuencia de Las anteriores cuentas no pudieron melor, arrojo y- pericia, Nació este valiente caudillo en el cas- desavsnéncias en la cuestión de llnjütes, nos de avergonzar al Ray Catióli: o, que tillo de Montilla (Córdoba) en 16 de volvieron a la guerra, teniendo que inter- quedó arrepentido de su obra. i La espada con la que obtuvo sus señamarzo de 1453. Y murió en Granada, el venir de nuevo en ella el Gran Capitán 2 de diciembre de 1515; vivió, por tanto, I que derrotó al ejército francés en una lados triunfes el Gran Capitán se con sesenta y dos años. Fue paje de la Reina gran batalla librada junto al pueblo da serva en la Armería Real de Madrid y Isabel I de Castilla y tomó parte en la Ceriñola. Pues aunque al coihenzár el sobre la cruz de tan gloriosa arma juraron guerra civil que, disputando el Trono a combate se: incendió) nuestro polvorín, en otro tiempo los herederos del Tronó Isabel I de Castilla, oromoviera a la muerte Gonzalo Fernández d Córdoba alentó a y los grandes de España. Emilio TORTOSA ANDRÉS