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DIARIO ILÜSi T R A D O D E 1 NF O R M A G IO N m! G E ÑERA L FUNDADO EN 1805 POR DON TORCUATO LUCA DE TEÍNA D LAR 10 IL USTR AD O DE 1 NF O R M A G 1 O N 1 G E NE RA L- 5 a nombre del Mecenas que queda que es el Estado, uní director general la felicite al final de un concierto y acaso le dé una cátedra en el Conservatorio. La alegría de Haydn y Mozart es la alegría de una creación sin problemas de abastecimiento. Su expresión es el cuartea to que es como una tertulia de: cuatro personas sensatas que están en armonioso acuerdo. Toda su rebeldía social se traduce también en alegre broma. Así Haydn en su Sinfonía- sorpresa metía en los pasajes más suaves inesperados golpes de timbal para tener despierto al príncipe Estherazy, su mecenas, que se le dormía en los conciertos. Así cuando el príncipe lo estaba agotando en la forzada creación en un veraneo campestre, le indicaba que lo redimiera escribiendo su sinfonía de la despedida en la cual iba adelgazándose la instrumentación y cada músico, al acabar su cometido, soplaba las velas de su atril y se marchaba hasta quedar sólo el primer violín cantando una melodía que viene a decirle al príncipe que ya está bien Así se tocó y representó en Granada. Uno pen saba que como motín social y anteceden- te musical de las huelgas del siglo veinte era todo bien moderado. El día anterior se había tocado la moderna sinfonía de Honegger y se advertía la diferencíamele angustia con esta música que no tiene tiempo de acabar una melodía porque se la quiebran, seguramente, pensamientos de guerra, muerte o simplemente cuentas de la plaza. Hay un abismo inmenso entre la suave huelga de músicos de Haydn que van apagando los atriles, y este doi lor de Honegger que suena al apaga y vamonos de. todo un mundo y civiliza ción. Por eso, aunque parezca contradictorio con su fama folklórica y gitana. los cipreses y las columnas iluminadas de Granada están pidiendo la música civilizada y festival Granada, dando un rodeo, parece que reconstruye en sí el optimismo dieciochesco. Es g e o g r á f i c a m e n t e una cosa aparte Está gloriosamente mal comunicada. El taf llega a ella, perdiendo vagones, hasta arribar uno solitario, despistado y neurasténico. Cuan do uno toma el exprés a las nueve de la noche y le dicen a uno que no lleva vagón- restorán uno tiene la sensación de que se les ha olvidado. Como en los vericuetos de las dos sierras, antes de llegar a la ciudad de los jardines, se van quedando olvidadas Indochina, Corea y Ginebra: Aquellas cuestas no s suben las malas noticias. Del lado de allá recobran todo su derecho los ruiseñores y las fuentes. Por eso Granada está preparada para el auténtico, gozoso y confiado festival Porque hay algo- -el retorno a la despreocupación suave- -que sólo es posible en Granada. José María PEMAN ¿0 í Real Academia Esnañola. I f O hay nada más I difícil para el difíc Í e! S c i tor que s cr tratar un tema que sea rabiosamente verdadero hasta la evidencia. Así Granada, el patio de los Leones, el Generalife; así Venecia y las góndolas. Cuando el tópico es verdad, la pedantería nativa del escritor que se empeña en ser siempre rebuscado y original, queda desarmada. El patio de los Arrayanes de la Alhambra parece que mira al escritor con una sonrisa maligna que le advierte: cuidado: eso que vas a decir lo dijo ayer un empleado de Correos de Valladolid que vino en viaje de novios El siglo diecinueve tuvo más facilidades literarias. Pudo ser en arte, como en ciencia, siglo de descubrimientos Como el siglo dieciocho, para ser frío y exacto, se había dedicado a olvidar tantas cosas- -lo gótico, lo árabe, lo barroco- -el siglo diecinueve pudo dedicarse a descubrirlo todo de nuevo. Los dómines del siglo racionalista parece que se emplearon en ese juego de esconder las cosas para que luego las encontraran los románticos del siglo diecinueve. Así escondieron la Alhambra para que luego la descubriera Washington Irving. La última etapa de ese siglo de los hallazgos asombrados fueron las tarjetas postales. Como todavía se viajaba poco y había pocos turistas, el que veía el patio de los Leones, se lo mandaba a su amigo en una cartulina. De este modo, frente a Granada, el escritor trabaja con la seria competencia de las tarjetas postales. Todavía frente al paisaje de Pancorbo uno puede inventar emociones traslaticias hacia la virilidad o el misticismo de la raza. Pero frente ál patio de los Leones no puede decirse nada que valga más de dos pesetas, que es lo que vale una tarjeta postal. (Por lo menos lo que valía hasta ayer, que no se sabe nunca. Y sin embargo, es esta misma evidencia tópica- la. que hace, creo yo, que sean tan únicos y genuinos, tan festivales, los Festivales de Granada. Sólo es posible en Granada. Porque, a mi juicio el festival se distingue del mero concierto o la exposición, en que en todo esto el Arte se exhibe, y en el festival se vive. El concierto es aquella ceremonia en la que el violinista suspende severamente la sonata de Scarlatti que tocaba porque, en sus butacas, unos novios están cuchicheando. El ¿estival que además de concierto es fiesta, sabe, desde el principio, que Scarlatti escribió sus sonatas para que a su arrullo los novios se digan palabras de amor. C u a n d o Wilhelm Kempf, el magnífico oso romántico, dejó para el final de su concierto la sonata Claro de luna lo hacía para que ya, al tocarla, una eléctrica luna verde iluminara los arcos del patio de los Arrayanes donde tocaba. No cabe mayor concentración de tópicos gloriosos. El Claro de luna es también como una tarjeta postal de la Música. Al tocarla, entre los, arrayanes, los críticos y los ujieres SOLO ES POSIBLE EN GRANADA han de entrar en el juego. Como el teclado quedaba en sombras, parece ser que la manaza germánica del pianista caía, alguna vez, sobre una nota falsa. No importaba nada. Con esa nota falsa- -obligada por aquel juego de sombra y luz- -se compraba ese do de pecho que es la luna. Como cuando tocaba la Llamada de los pájaros de Rameau, las golondrinas chillando y metiéndose por entre los encajes de yeso de los arcos, estorbaban la perfecta audición. Pero estar en festivales es esto: darle a la luna y a ¡as golondrinas su importancia al lado de Rameau o de Beethoven. No hay festival mientras el Arte no juega con la vida. Y esto es lo que, del todo, sólo es posible en Granada. Uno acaba no entendiendo porque hay programas previos. Porque se tiene la sensación de que a Margot Fonteyn le ha gustado tanto el Generalife. que, sin querer, se ha puesto a bailar. Por eso la idea de festival es una idea gozosa, vital, alegre. Nada se acopla mejor a este modo de oír música en jardines y palacios que la música del dieciocho del siglo que estaba persuadido de que todo iba bien. Mozart y Haydn creían en la Ilustración, el Progreso, las Luces, la bondad del hombre, y no había, por lo tanto, nada que chafara sus melodías. Cuando la emperatriz reprochaba a Haydn de que en una Misa, había empleado una melodía demasiado gozosa en el Agnus Dei qui tollis peccata mundi Haydn contestaba que había sentido méjor la alegría del tollis que la amargura del peccata Lo mismo en el orden social. Ellos se sentían alegremente instalados en el mecenazgo de aquellos príncipes que les tenían a sueldo y les hacían componer cuarteto tras cuarteto. De este modo, con la vida asegurada, podían ser millonarios de melodías. Ahora el artista parece ser que está dignificado y emancipado. Lo cual quiere decir qae está en pleno abandono y soledad. Ha de escribir su música en plena lucha, soledad y estrechez, y si triunfa logrará que, Lea Vil. en vacaciones VIDA DEL La gran novela de Torcuato Luca de Tena SOL SO PESETAS Pedidos: Apartado 6.004- Madrid.