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Via Cruel relieve de Cr tino Mallo, que figura en la Exposición de arte sacro que se celebr en la Sala inspiración que cuaje la faz de lo eterno. Los relieves de Mallo aploman a las forEsta esterilidad del arts moderno para la mas, y en el cuadro central de L á t a l a s expresión religiosa no puede explicarse con horadadas cordilleras se adelgazan en hurazones, sociológicas. Ni la irreligiosidad mos trémulos. Hay un juego de resplandoambiente lo justifica- -nunca ha habido un res en los rojos de Rogent, a los que la luz, más dramático anhelo de ís ni la falta al incendiar, los trasmuta en símbolos. Y de maestría técnica en ios artistas. el ángel de Padrós queda sujeto y magnifiLa raíz de esta torpeza, representativa cado en su vuelo Impetuoso por un perfil d lc- s grandes misterios del Cristianismo, de hierro. hay que colocarla en ese subjetivismo! abUna vez más se confirma en estas obras soluto sobre el que se plantea hoy la crea- la primacía conseguida al tratar, más que ción artística. El artista no puede salir del a los protagonistas divinos, a su séquito. ámbito de su alma. Y el alma del hombre Diríase que el resol de lo absoluto ciega a es demasiado mezquina para que de allí los artistas. Y sólo se encuentran a sí misbrotan las formas que puedan alberiContínúa. gar toda la magnitud y el cósmico patetismo de la divinidad. No podemos traducir la iconografía tradicional, porque ello nos exige una impersonalidad e inhibición ante formas tan inalterables como ritos. Para el artista clásico esta ico. nografía era tan real ineludible como cualquier tema natural. Y de la misma manera que hoy los paisajes no son más que atados de alma. ¡así las fisuras evangélicas se hallan formadas con las experiencias íntimas del artista. Y por so resultan tan confidentes y accesibles, tan despojadas de aureola luminosa. La Academia Breve ha querido ofrecer este año algunas muestras de la dedicación religiosa del arte moderno. Y lo primero que sorprende es 1 arranque ban totalmente diferente en cada artista- -tian distinto como sus almas- -al plantear temas de signo sacro. Desde las pancartas d Brotat, tan parecidas a un cartelón de Bteria, hasta las afiladas abstracciones de Ferrant, con una materia cuya rizada superficie se sutiliza en un vue- MoMlco por Santiago Pádrós, presentado 11 lo ¡perenne. la oltatfa Bxposlolón, (Fotos Balmes. LA EXPRESIÓN RELIGIOSA EX EL ARTE MODERNO I STA Exposición de la Academia Bre 4 ve, en la Sala Biosca, afronta la no Í bilísüna tarea de reclamar para el arte moderno el derecho a la expresión religiosa. Quizá el signo más irrebatible de la superioridad de Occidente reside en su capacidad de adaptar las figuraciones religiosas a los gustos movibles y efímeros de los tiempos. Caen los pliegues arrollados por ritmos mentales o se desbaratan entre los caprichos de los vientos. Y los ángeles del renacimiento o del barroco adaptan sus túnicas a estas exigencias epátales. En tanto que n Oriente las formas se convierten n rito y la iconografía ss petrifica, repitiendo las mismas convenciones al margen de los siglos. Pera esa tan sustancial adaptación del arte sacro occidental al sesgo de los estilos 53 interrumpí en nuestros días. Creemos que es éste el fenómeno más sobrecogedor del alma moderna y sobra el cual parece que hay una frivola confabulación del silencio. No hay un estigma más grave sobre una civilización que el de su impotencia para eflgiar a Dios. Un arte que es incapaz de encarnar en formas las presentaciones de la divinidad tiene inquietud de pájaro ciego, está condenado a una perpetua inestabilidad, buscando la