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(Coi tínuacíón. criar ¡en invernaderos, con cajor arfcificiij. EsOíhaccn incluso en Baro Ionjá. Pero a- gil, Coiijl ste cuma, ¡que es úniéo qn- el ifnuric bj, -i tíodjáe no se ¿catea nunca dpi tja. io éero. los j jclayiéles serán ¡los nejores de -mijndo y tanioién los mas, baratos. M Sa vamos viendo más clard. -fEntonces, lo suyo es I cop ánifaip fcle exportación... -i j i i- -fpierto: Pcijo habrá pjara ¡exportar y tampéri. Si quiere- ver claveles J C i jy tfner más d ¿tos vaya inafiana ¡por mji ien da. j i i; -Yl: así lo hicimos. Pequeña, sencilla: jiBi rta a toda! luz, plena- du claXíelesi- y ftris nteaios de ¡todos los tamaños y colbt ¡res. lLcon. algún ¡qué otro íerd e. Tr ibajari, í den pro un maestro deoorádoif traído- ejt- ¡proceso de Súpciá y la janlandesi Li; a Nylijjmd. La disposición d las fioí- es, Isj forrea de hac erjjun; ramo- -feoirio losiiemoé ¡fisto; en las- grandes revistas francesas- 4 j iustlfican lo qu ganan esíftjs d- scorÁdoresí 51, ¡por ejempljp, hizo todas las epron ¿i3 í ará: el entierro; del Rsy (Gustavo ty y iks íque ílevó eli ma risqal Man ierljiem. Y aqjjí G han sido t r a í d tiara enstóal el aSrte- áe las 1 flores. 1 í! -i -pSí. Queremtis que vengara tos qu; é quL. raníap- renderloJi- nos indica eJ señor Páji 4 ma 4- Ellos volverán a sus países pero: queramos que qejen aquí us ense anzajsl! Y ¡mientras ók decoradores r, os pr ¿pai a n él obsequio de í p gracioso ¡ramo coa unes, cuaátos claveléi, Su verd sp. celcjfán: su, cintra; de cotór, séguimols, lk intjerrulr pida; charla. jP- i 1 E: i mejor es el ám ricano- -nosi explica- de l i s tres clames, el V íll Simírojo; Whife Sin, y Qicjwley Sjosajj; Por su ccjíor; por su duración, por! ¡Ife rp istencia dié sil- -tallo, ¡sor. los jprefe- i j Por qué e- tíedicarái solamente I cultivo de clavqllesí. -ijGJs la flor ¿referida p iiá l a ó La más solicitada. L que L á oliitd re- i síste; ¡Un clave (guando rio le éd durar d o tiles manjas. agua ipuéde d a dos t i Usted ya t en comprometida jeJíportacíón? 1 O h todavía n Ahori mismo tengo fli- ez ¡mil clávele ataericanbs, p; ro si los IcorttS, acabo cor la producciónl. Para d i n tro áe un año, a más tardar, ya lo haré. I -jJY piensa eXpojrtar? i ¡j Debamos sin t é n i i n a r la pregunta, qile él adaba. -fues unps- áajez ¡millones de; claVeiesJ venderátí aliprecio. Otros puntos áusnensivos que s e via ¡n lid- o Pareqo que estol, de cultiva! 1 claveles es pura poesía... Pues una. hectárea de terreno, -solo cori claveles, dej tres veces más que o ra I de re mo! acha. -Mire, en Tánger, lá docena de claveles se vende a. doscientas pesetas, Lcs Williams para, la ex ¡portación tendrá un precio la docena dé unas quince pesetas. Quéíemos hacer mentalmente la operación. No nos sale. Nos distraemos con el tono encendido de lo crisantemos, con el desvaído de los claveles rosa o con el llamativo del Asa- -Thor- -amarillo. Así por encima nos da un resultado fabu loso: más de once cniillones de pesetas. Si hay error, acháquese al barullo floreal. ¡Porque aquí no necesitamos de invernaderos. Este sol. es la mejor calefacción que hay para todo. Y uno que se creía que había puesto el negocio de flores un despistado... -Nos acordamos de aquellas huertas de clávelas de El Palo, que fueron lamosas, arrasadas para sembrar papas en ellas; de los claveles moirileños, que gozan de tanta fama, Y para colmo de nuestro asombro, el señor Palma, como cierre definitivo de nuestro pasmo econóntfco, agrega: -Sí. Una hectárea de claveles produce tres veces más que una de remolacha. Fara qué se vea que una. cosa tan frágil y delicada, tan remántica y poética, como un clavel, se puede convertir en algo tan material y comercial como una excelente fuente de divisas para nuestra patriad Mira que ¡si lo llega a sábef nuestra Carmen la cigarrera, aquella que siempre tenía el clavel en ¡a boca, V A C A j p o t o s Salas,