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DIARIO ÍLUS T R A D O D E IN 0 R M A C i ON G E N ER A L FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TF. NA D I A R I O 1 L U STR AOO D E I NF O R MA G! O N E Ñ E R A L ü B racimo de bronce y nos brinda el fruto de su genio. No es precisamenpierde detrás de los biombos y de- las te en la escultura ornamental urbana donde se puede señalar con frecuencia, cortinas. Y erí todas las habitaciones, siempre- en ninguna parte, la aparición de una una original escultura, de mistress Hun- obra digna. Y el héroe burgalés de mistington. Las hay de bronce, de mármol, tress Huntington cabalga con sumo dede plata; sobre terciopelo, damasco, tisú. coro en su corcel triunfal por el agora Ella responde ligeramente a nuestra ad- de Sevilla, Atenas andaluza. El Babieca de los páramos de Vi- miración cuando nos queremos detener ante las figuras imponderables que ha mo- llalta es allí un trotón de planos muscudelado un día y otro, bajo la dura garra lares perfectísirnoSj como los acusa el caprofesional, en intrépidos años de estu- ballo de Juana de Arco, de la misma autora, en el famoso monumento del Ridio y sacrificio. Entonces se acentúa mi asombro, cre- verside Drive de Nueva York; obra excido ante la evidencia de que esta mujer traordinaria, con una réplica muy bien está casada con un multimillonario, y es, tenida en la histórica ciudad francesa de por derecho y por amor, reina de uno de Blois, Porque Anna Hyatt posee dentro de los hogares más insignes del país. Lo mejor dé la España conocedora ac- sus dominios profesionales una constantual sabe distinguir con gratitud en Ar- te afición a la escultura animalista, en ía que ha hecho prodigios, y que le permite cher M. Huntington al hispanista de más conocer, como a muy pocos autores, a altos merecimientos entrev cuantos nos anatomía del caballo, el más barroco ás consagran su devoción. Porque él encumbra el prestigio de su querencia en toda los animales, aparecido a través de todas clase de aptitudes. Poeta, lingüista, ar- las líneas artísticas de la humanidad. Asi, queólogo, bibliófilo, historiador y litera- en los relieves asirios. azulejos persas y to; tiene su competencia sólida fama en. frisos griegos. Como en la estatua ecuestre de Coleone por el Verrochio, en el el mundo entero. El fundador y mantenedor único de la Felipe II de Juan de Bolonia, en el CarHispanic- Society of America, el editor de los IV de Tolosa, en el Gonzalo de Córmaravillosos libros, facsímiles en inglés y doba de Inurria, en el propio caballo escastellano, obras de nuestro gran tesoro pañol de mistress Huntington y tantos cultural, es, pues, un hombre unido a Es- otros modeles sobresalientes en la histopaña por los sagrados vínculos del art: ria del Arte. desde fines del siglo XIX. Pero a nuestra escultora no la gusta Pero es imposible iluminar aquí la grá- hablar de. sí misma; nada me dice de. lo cil y eminente personalidad de Anna que anhelo saber, y mi curiosidad se deHyatt sin caer bajo ia sombra de su matiene enhechizada por- su recato, rrtienrido. Cuando él, en minuciosa y difícil tras yo supongo sus creaciones entronl a b o r estudiaba paleográficámente el cadas en la escuela francesa naturalista Poema del; Cid (que ha reproducido que preparó el advenimiento de Rodin, a luego en suntuosa edición facsimilar de la vez que siguió produciendo obras adtres tomos) acaso no presentía la en- mirables. trañable colaboración de una mujer comPor su edad rio pudo ser Anna Hyatt patriota suya, que entonces trabajaba en alumna directa de Carpeaux, de Rude ni París y conocía en su aprendizaje los ri- acaso de Falguiére; pero sí diríamos que, gores de la vida. con todo su acompaña- aparte de su inspiración natural, ha permiento de lucha, fortaleza y dolor... Mas manecido fiel a las disciplinas de aquellos el destino debía de unir con la indisoluble maestros, cultivadores- de una estética ligadura de la pasión y el ideal estas dos viva y permanente, invulnerable a losx caexistencias privilegiadas; y Anna Hyatt, prichos transitorios. al influjo del esposo, inclinó fervorosa- Mes de septiembre. Al regresar yo del mente, su arte a nuestra Historia. Sintió trópico, en un ayer dé hace veinticuatro de. un modo sublime la grandeza enorme años, volví a encontrarme con Anna del Cid y la interpretó en un monumento Hyatt. más intensos los candores de la magistral para regalárselo a España. tupida cabellera, siempre erguida y bueGesto inolvidable, singular tributo él de na moza, siempre la providencial consorla artista que cruza el Océano con su te de Mr. Huntington. Nos habíamos mirado profundamente con observadora actitud, y comprendí que nos uníamos en la soleada anchura del Sentimiento. Entonces admiré a la mujer tanta como a la artista. No me habló de sus triunfos, sino de sus propósitos; su deseo abrumador de trabajar; recios planes de una lucha exquisita y atlética. sorprendente hasta Jo increíble en la dama opulenta, HIGIENE rodeada del lujo más selecto. DENTAL Ella sabía que el triunfo de la angustia COMPLETA voluntaria suele ser una ínclita victoria del espíritu. Y sonreía, manteniendo en vilo su divina ansiedad como la única ilusión que merece la pena de vivirse. V Concha ESPINA NORMAL Y CIOROFIIAQO presidenta de Hispanic Sooiety of America Huntihgton y, su esposa, Auna Hyatt, son arquetipos excelsos del más ardiente y pródigo amor a España desde hace medio siglo, con modestia sublime y soberano desinterés. Y la hidalguía española está hace muchos años en deuda con los más insignes hispanistas del mundo joven, mantenedores de ese arrogante sentimiento que a nuestro país vienen consagrando en práctica religión de cariño. Los nombres y las obras del insigne matrimonio aludido se han exaltado últimamente en A B C. Y ello me invita a decir algo de lo mucho- que se alumbra en mi recuerdo, con férvido entusiasmo, al conjuro da cuanto- significan- ambos personajes como alma y raíz de la ilustre Híspante Society of America, entidad de altos prestigios universales, que tuvo un, día la gentil decisión de nombrarme su vicepresidenta. Y gozosamente obligada per este honorable título, aquí estoy para evocar algunos relieves de aquellas vidas proceres espíritus siempre en vuelo para que la voluntad realice hechiceros milagros. Y distingo primero la silueta majestuosa de mi querida amiga Anna Hyatt, esbelta mujer, de tipo elegante, de sencillas maneras, de aire absorto, dulce y lejano. Cuando yo la conocí, tenía el cabello blanqueado en prematura nevada; las facciones, suaves, correctas; los ojos, claros y pensativos; la voz. caliente, insinuante, que a menudo se hundía larga y remota, como la expresión de su rostro. Y luego, una sonrisa pura y abierta sobre el teclado de unos dientes rytidos. Desde lejos, presentía yo a la célebre escultora sabía de su arte, de su significación y de su encanto; hasta que la saludé en Madrid, hace ya largo tiempo, cuando estuvo con su esposo, después de entregar en Sevilla la magnífica estatua del Cid, obra de sus manos fuertes y sensibles y de su valiente ingenio. Y una visita aquí, una taza de té saboreada al lado suyo no me bastaron para conocer a la viajera ilustre en términos que me pudieran servir para mi ambiciosa curiosidad, aguijada por el afán del periodismo. Tuve, acaso, la tentación de hacerle un reportaje a mi amiga, porque ya me era muy sabido el sistema de la interviú como ejecutante y como víctima; pero no hubiera practicado nunca su contumaz formulismo contra la presencia sutil y admirable de. aquella mujer. Mas como participo al mismo tiempo, y cordialmente, del interés que me inspiran los creadores humanos, siempre ungidos por el divino soplo, me concedí una cita de espectadora frente a Atina Hyatt, en España. Y nos despedimos aquí, una tarde alegre y primaveral para encontrarnos poco después en Nueva York. Manhattan, barrio distinguido, calle ochenta y nueve, próxima al Parque Central y al. gigante Museo Metropolitano. Residencia anchurosa v pulcra, rica y entonada severamente. En la mesa, caoba, encaje, oro y espuma de cristal. Camareros blancos, delicados manjares, fina char s Ja, a media voz, mientras el silencio A RCHER M. DEL AMOR Y DEL HONOR