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f D 1 A no s L US, TRA DO DE INF O R MAGí O N G EN ERAL A C E dos días que no contesta! Eramos varios vecinos Quienes empujábamos la p u e r t a cerrada. Pero el inglés no respondía. De repente nos llegó un oler dulzón, desagradable. En realidad, nuestro cuerpo mortal lo adivinó. Sabía, ¡con espanto! qué significaba ese perfume... ¡Muerto! La puerta cedió abriéndose en un abanico de astillas. Herido por una de ellas, el médico, don Ángel, señalaba hacia la. cama; y le goteaba la sangre por la muñeca. Sobre la colcha azul, rameada, yacía el cadáver de Ha- ns, el ingeniero íorestal. Era difícil reconocerle. -Estaba hinchado, abotargado, como el cadáver de los ahogados que han flotado mucho, sin varar en la playa, bajo las noches de luna. Su color era verdoso. Su cara, difusa, como esos bustos en barro, apenas comenzados. Únicamente su mechón de pelo rubio, movido por el aire, que entraba por la entreabierta ventana, daba un poco de movilidad a la terrible y perfecta quietud de la muerte. El médico estaba muy afectado. Era amigo de Hans. Todo lo amigo que puede ser Tin aceitunado celtíbero, de cultura católica, con un sonrosado sueco protestante. Porque ya es hora de que digamos que Hans no era inglés. Pero en Castilla- -para los castellanos- -no hay más que tres razas: los moros, que lo hicieron todo, el puente y el castillo; los franceses, que lo destruyeron todo, y los ingleses, a quienes la gente del pueblo habla muy alto, porque creen que no les oyen cuando no les comprenden, y que no van a misa los domingos... Hans era de Estocolmo. Muchas tardes me había hablado de su país lejano. En el Norte- -decía- -la primavera no llega lentamente como aquí. Estalla de repente. Se ve crecer a la hierba y florecer a las ramas de los árboles. Las cañerías suenyn, cerno el órgano de la iglesia, cuando comienza el deshielo... Me enseñaba sus álbumes, sonrientes, con excursiones en balandro a las islas, con rubias muchachas de largas piernas; blusas flotantes. Llevaban un gramófono y una merienda fría en la proa. También, me mostraba a las sonrientes ciclistas pedaleando bajo log pinos y loa abetos cargados de nieve. ¡Esta es mi mujer! Aquí estamos retratados cuando fuimos en excursión a Copenhague. ¡Cómo contrastaban, con las enlutadas mujeres de nuestro pueblo (con sus alcobas de cromos de santos y llameantes purgatorios pintados) Sueeia- -me decía- -es un país sin drama, cuyos héroes son los dentistas y los ingenieros. Cuando cenocí a Hans, tendría aproximadamente unos treinta y ocho años. Pero en el Norte no hay madurez; ni la vejez es tan dramática como en el Sur. Y Hans parecía un muchacho de veintisiete años, un poco infantil y de aspecto deportivo. Había sido contratado por nuestro Gobierno para combatir una verdadera invasión de hormigas que invadían nuestros cultivos. Hans se había especializado como exterxninador de las plagas del campo. Había actuado en Sudáfrica, en Ceüán, y hasta consiguió desviar una gran invasión de langostas en la Pampa argentina, nacidas en los hervideros de vida y pudredumbre de la selva paraguaya. Su fama era universal. 0 f A R I O i L TR ADO D E 1 NFO R M AG 1 O N GE NER AL tfl za y de suciedad. Verlaine o Baudelaira no hubieran podido escribir nada en esos chalets u 11 ramoPor AGUSTÍN DE FOXA dernos y asépticos como una clínica. Es CONDE DE FOXA cierto que es agrada 1 Jamás quiso revelar el secreto merced ble ir con una muchacha después de recitar a Heme o a Runeberg, mientras suena al cual obtenía tan definitivas victorias sobre los insectos. Y en sus entrevistas en la radio la Quinta Sinfonía Pero con periodistas ingleses y norteamerica- tal vez el amor necesite- -repito- -del dranos, esquivó siempre la respuesta, cuando ma, de la pobreza y del hospital. La rosa éstos le expusieron su extrañeza al ver que es más lozana cuanto mayor estiércol haya no utilizaba en sus campañas de extermi- en sus raíces; y nunca beberían las afoejaa nio D. D. T. lanzallamas ni ninguno de una gota de agua destilada. Hans se quedaba estupefacto escuchanesos tóxicos que se emplean contra, las do estos argumentos, algo falaces y acaso plagas del campo. Recuerdo que me había mostrado en un dictados un poco por la envidia número del Life un gran reportaje soEra la primera incidencia del mundo la- bre él, con maravillosas fotografías en cotino, intuitivo, religioso y mágico, en su lores de abejas y termitas y cortes de pa- fría y razonable ordenación, nacida del linales y hormigueros, estudiados como los bre examen protestante. planos de un gran edificio. Mi ejemplo de las abejas no podía, ser Hans llevaba, ipara después de su ejerci- más eficaz. Porque Hans había dedicado cio favorito- -el golf- -un pull- over de co- su vida a ellas y esperaba distraerse en su lores chillones. Los mozos del pueblo dijeron vejez de la idea de la muerte, gracias a. que aquello no era de hombres Hans se aquel hobby o manía apasionante. enteró, buscó al más matón, y con técnico El hobby sustituye en los ru upercut en la barbilla (aprendido en las bios a nuestras Catedrales, a pueblos y a Yuste lecciones de boxeo ipor radio le tendió las novenas de las viejas enlutadas, atesin sentido bajo los soportales de la plaza. rrados todos, ante la proximidad del TránSe abrieron algunas navajas latinas sito. -siempre el drama- -contra aquel puñetaLos escandinavos, cuando decaen, se dezo sajón, y sonaron siniestros los cinco dican a coleccionar sellos de las Colonias muelles. inglesas, a estudiar a los Cartujos o a píiPero intervinieron gentes prudentes, y el incidente quedó liquidado; y afirmado el blicar volúmenes sobre los afluentes, de la. margen izquierda, del río Paraná. La muer- prestigio de Hans, que á partir de entonte se convierte en algo natural. Luchan ces exhibió ya descaradamente sus corbacontra ella, hasta donde pueden, con tas yanquis con bañistas, palmeras y cosus inyecciones, sus dietas y sus Vitamicodrilos. nas. Y cuando llega la Inevitable, endurecen su corazón- -ya bastante poco sensiPEQUEÑA GUERRA DE LOS TREINTA ble- -y lo volatilizan en sus hornos cremaAÑOS torios. La melancolía de Hans la atribuíamos- -y él mismo lo daba a entender- -a la El hobby de Hans eran los insectos. Seguía en esto la tradición del grande ausencia de Karin, su bellísima mujer, conhombre de Upsala, Linneo, que había ardiscípula de Upsala, donde habían co 1 chivado y clasificado a la Creación. menzado su idilio joven estudiante, le placía enseñar Muchas veces había sentido envidia al a- Pe muchachas que venían de provincias las escuchar su relato. el regado y filosófico jardín de Linneo, casi En Upsala, los muchachos, de noche, siempre cubierto de nieve, y cuyas planse visten de smoking, y las muchachas se tas sufrían en sus débiles pétalos el peso ponen sus bellos trajes escotados y cenan de los más espantosos nombres juntos en esos, elegantes edificios que lle- critos en metálicos cartelitos. latinos, esvan el nombre de una provincia sueca Porque la primavera en Upsala era una (ellos dicen de un Estado) bajo cuadros de sabios y matemáticos del siglo XVII. con alumna de Bachillerato, con gafas de gruetrajes bordados y rubias y complicadas sos lentes. pelucas con tirabuzones. No comprendo para qué clasificar al Me acordaba entonces de La Casa de mundo- -le había dicho don Eusebio, el la Troya y de nuestras modestas y románcura párroco de nuestro pueblo- mejor ticas pensiones de estudiantes de la calle que Linneo, congela a las flores nuestro de San Bernardo, en bares con billares, San Francisco; cuando dijo sencillamente tertulias y pianolas. Hermana Rosa. -Sin embargo- -le respondí un día- A don Eusebio le gustaba polemizar coa acaso el arte necesita de un poco de pobreaquel, hereje. Si Dios no existe- -bromeaban- tiene razón Estocolmo. Pero si existe, creo que Avila ha acertado. Estos impactos espirituales daban con violencia en el espíritu de Hans; que era inteligente, abierto a todas las sugerencias y sabía defenderse. La misión d e l hombre- -replicaba- -i consiste no sólo en Clasificar, sino en vencer a la Naturaleza. Pretendía que las abejas, las hormigas y las termes estaban más avanzadas que el hombre en su organización social y que eran el espsjo de la futura Humanidad, que se aproximaba. Los insectos- rafirmaba, mientras enblanqueo ios dientes cendía la pipa, de tabaco rubio, que olía a miel, y vertía el whisky- -saben hacer destruye k halítosis Individuos a capricho regulan los naci- ¡H HANS LOS INSECTOS