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IlfflflfliEü fotiende, cuándo, cómo, quién ciM la famosa tabla láuregüí La polémica periodística ciuró, siete V s pero t á superchería sigue D ESDE hace cuarenta y tres años ocupa un sitio de honor en la Real Academia de la Lengua la tabla con el retrato de Cervantes, atribuido al pintor Jáuregui. Y en la iconografía de don Miguel, que no tuvo retrato que poner al frente de la edición de sus Novelas Ejemplarss (1612) se repite desde entonces esta supuesta imagen del inmortal autor del Quijote. Desdichada y burda caricatura- -frente apepináda, bigotes grotescos, con aspecto de postizos- -en que el falsificador pretendió reproducir sobre una tabla antigua las características personales de Cervantes, siguiendo, muy malamente, su autodescripción en el famoso Prólogo de las citadas Novelas Ejemplares Este que veis aquí... El descubrimiento del. auténtico Jáuregui, buscado infructuosamente por toda España, durante tres siglos justos, ocurrió en Oviedo el año 1910. El afortunado descubridor fue el valenciano don José Albiol, profesor de dibujo de la Escuela de Artes y Oficios de aquella capital. Siete años consecutivos duró en MadHd la polémica periodística, suscitada en torno a la superchería del Iauregui ovetense. En ella tomaron parte, contra los académicos, historiadores, eruditos cervantistas, críticos y profesionales de prestigio, según el amplio y perspicaz resumen que hac 2 Astrana (Marín en el prólogo de su obra monumental (IV. Nó obstante, los académicos que habían aceptado la superchería y habían entronizado la caricaturesca tabla, repintada barrida y cocinada en el sitio de honor de la Docta Corporación, no quisieron dar su brazo a torcer, y ahí gstá la tabla, partida en dos, no por gala sino por un porrazo (quizá otra habilidad dsl falsificador) ocupando un puesto que no le pertenece. Ño prebendemos probar a estas alturas lo que está archlprobado por la crítica, la erudición y la propia torpeza del falsificador, quien dsbía andar tan sobrado de habilidades técnicas como falto de cultura histórica; pues se le escapó, entra otras minucias el fechar su obra en 1600, sin duda por no saber que en esa fecha, como se ha probado documentalmente, tenia el pintor Jáuregui sus busnos dieciséis años. Pero vamos a dscir algo tan ¡sabroso y decisivo como el dónde, cuándo, cómo, quién, cocinó raspó, barrió repintó, ahumó, ngatilló, imitó el craquelaje y envejeció la citada tabla, que no tiene de antiguo más qus la madera, hasta dar el pego a los Ingenuos académicos de la Española, que la dieron por auténtica El Ovisdo de 1910 tenía entre sus tipos populares- -nunca faltaron éstos en la ciudad del zapatero Belarmino -al chamarilero y librero de viejo, Tragalapapón Era una especie ds Tigre Juan sin complicaciones sentimentales, que además tenía un taller donde sé hacían decoraciones y restauraciones. Los Intelectuales y artistas ovetenses de la 11 Vida t jeniplar y heroica de Miguel le ílyí Vintes Saíivudra -Madrid. época visitaban el sórdido establecimiento de Tragalapapón en la estrecha calle de Santa Ana, inmediato al palacio de Velarde, inmortalizado por Palacio Vaidés en El maestrante En casa de Tragalapapón y por encargo del entonces párroco de San Tirso, se hizo una perfecta reproducción del famoso tríptico flamenco que existe en dicha iglesia, y cuyo original no permitía el párroco que se tocase. Había, pues, en Oviedo una especie de tradicióta en éso de inventar pinturas antiguas. Y había un profesor de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de la calle del Rosal que sabía mucho- da eso y conocía las fórmulas de Cenino Cennini. En la chamarilería de Tragalapapón fue donde se encontró la vieja tabla con un retrato malo del siglo XVII, qus, sin duda, sugirió al profesor de ¿dibujo la genial idea de convertirla en el tan buscado retrato de Cervanjes, hecho por el famoso pintor Xauregui Y en una estancia medio abandonada de la Escuela de la calle del Rosal, que solía destinarse a ensayos d? música y canto, fue donde Albiol instaló un horno mufla y otra porción de utensilios con los que llevó a cabo la superchería. Todavía existen hoy en Oviedo personas de toda solvencia moral y artística, que asistieron en calidad de pinches a los trabajos de aquella misteriosa cocina que realizaba su profesor. Por excesivamente jóvenes entonces y por ser discípulos del falsificador, no pudieron tomar parte en la polémica iniciada en Ovisdo y centrada en Madrid. Pero aun recuerdan hoy, perfectamente, las distintas manipulaciones de humedecimiento y secado a que era sometida la tabla, después de los repintes? barridos y cráquelajes hasta conseguir su envejecimiento. Cuando la superchería estuvo consumada a juicio del falsificador, se hizo circular, muy misteriosamente, la noticia de haber sido descubierto n Oviedo el tan buscado retrato de Jáuregui. Y para que no hubiese duda- -a mal Cristo mucha sangre -el falsificador había puesto en la parte superior un vistoso Don Miguel de Cervantes Saavedra sin fijarse que el autor del Quijote nunca tuvo ni usó don y en la parte inferior, otro letrero que dice: luán de Iaurigui pinxit, año 1600 Tal es, a grandes rasgos, la historia de una superchería, que le valió a su autor ser tenido por nombre desprendido, y el deseado traslado a su tierra de Valencia, con igual cargo que el hasta entonces desempeñaclo en Oviedo. Juan Antonio CABEZAS (Foto Reflejos.