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MARTES 1 DÍ 5 DE 19 SK E Í ítdN SÉ líA PAQ. i S- ACIONES fíÉL GAMBERRISMO CONSTITUYEN UN ESTA 0 P DE DELINCUENCIA COLECTIVA De los gritos y empellones hemos pasado al infrahumano atentado ¡en cuadrilla La carta que reproducimos seguida, mente viene a poner al rojo vivo un problema sobre el que A B C y la Prensa en general ha llamada la. atención repetidas veces- el del gamberrismo frontero con la verdadera de lincnencia. No hay duda de que las medidas adoptadas hasta ahora para reducir esta plaga ciudadana no son suficientes. Las reiteradas provocaciones de los gamberros sus- insolencias y ex i cesós con los de fuera y. con los de casa, constituyen un estado de peligrosidad social que es: preciso combatir con energía y prontitud. El mal se agudiza. De los gritos y empellones hemos pasado al canallesco e infrahumano atentado en partida: Los extremos de la carta que comentamos, firmada por D. Manuel Conde, han sido confirmados en él domicilio del comunicante y en la Casa de Socorro, donde füé curado. La victima, de- veintinueve años, artista pin tor, se encontraba anoche, afortunadamente, algo mejorado de. sus lesiones. Sr. Director de A B C: En nombre de los más elementales postulados de la Justicia y de la seguridad social e. individual, me permito expbncrlef ei siguiente hecho, que estimo sintomático y que cómo ciudadano español responsable creo debe ser considerado con todo rigor ¿puesto que rebasa la esfera del gamberrismo para irrumpir en la categoría de jdelito público. Pero me limito a referir el incidente, qué tiene lá. suficiente trascendencia, en, si mismo, para no necesitar de consideraciones; aclaratorias. En la tarde del domingo pasado, alre dedor de las ocho, me encontraba dialogando ea leogua francesa i C. éti un amigo y compañero de profesión, en los jardines des la plaza dé España. El motivo de emplear ujna lengua extranjero en la conversación con mi amigo D. Agustín Ubeda, profesor de Dibujo por la Escuela Central de Bellas Artes de Madrid y pintor de. reconocido prestigio, era debido al hecho je haberle sido concedida a dicho señor una, beca por el Gobierno francés, por lo fcual deseaba practicar este idioma. Nuestro diálogo se desarrollaba en voz normal y lo suficientemente clara, para que las personas que pudieran cruzar a nuestro lado comprendiesen que no utilizábamos el, castellano, sino una lengua extranjera. Caminábamos a la altura, del monumeiitn Cervantes, cuando nos dimos cuenta de mié tín grupo de cuatro o cinco individuos desarrapados, alguno de ellos con los brazos tatuados y con apariencia inequívoca de maleante, en el que, interesados en nuestra diaria, apenas nos fijamos, pese a su especial aspecto, se dirigía a nosotros utilizando expresiones de la más canallesca tesitura. Nosotros no consideramos el incidente sino desde un punto de, vista totalmente desglosado de la circunstancia da sermi amigo y yo los. ofendidos, es decir, considerando que las brutales expresiones estaban dirigidas a dos extranieros (puesto ue individuo de esta calaña no pueden ofender a un hombre civilizado, sino al hombre civilizado, en general) eslo es, que se aprovechaban de nuestra actitud, aparentemente impasible y serena, para elevar cadaSyfez missla? vozy, el grado tolerable de las expresiones, que se convirtieron? en insultos, quizá motiyadospor la circunstancia de que los referidos g- am- Desde h a c e doscientos treinta berros se consideraban a salvo de una años no había vuelto a emergéc reacción violenta, puesto que ellos creían que, verdaderamente, nosotros no comprende las aguas díamos el idioma español. Con objeto de ampliar los extremos Naturalmente, nuestra indignación su de la siguiente noticia, tan singular. bió dé puntó, a pesar de que continuác o m o curiosa, y con intención de, bamos caminando con aparente indife confirmar si, como es de presumir, rencia. Pero unos veinte o treinta metros esa estupenda isla Sirena se redút más adelante, considerando que el irfciV ce a un simple espejismo, hemos i dente ya adquiría caracteres realmente tentado ponernos en comunicación con vergonzosos desde cualquier punto de la isla de Hierro, concretamente cp n vista, ya que a la cobardía que suponía Valverde, cabeza del partido judicial. la provocación a dos personas pacíficas No hay lútea telefónica contestaron en el centro de la capital de un país cividel servicio interurbano. Insistimos lizado, y en pleno día, se unía el agrauna, otra, otra y otra ves que Valverr, vante de qtie esta gentuza se creía; inmune de figura con varios teléfonos en la por el hecho desque nosotros no nos Guía de; Tenerife. No hay linea habíamos dado por aludidos, nuestra concontestaron invariablemente las vigU ciencia de españoles es decir, nuestro lautas, el cuadro internacional, lá ¿en sentido quijotesco, nos hizo volvernos ir al de Tenerife, Letc. para contestar al grupo de facinerosos Horas después se nos informó amacon uñas convenientes y castellanas pablemente que, en efecto, hay Une a con. labras, pronunciadas con toda la claridad Hierro a través de Las Palmas, per o i posible, ante el asombro del grupo, que, que el servicio concluye a las diésí de mónientp. no; reaccionó. Estimado Jo ¡Demasiado tarde ya para ampliar, cualrmi amigo yí yo -continuamos tranquiesta curiosa información, que, cón. to- i lamente Tnuestro camino, volviendo al tema das las recervas, brindamos a nue irp s que nos ocupaba anteriormente, y no Jhálectores, pero no lo es para solicitar. ciefldo ningún cónieñtariq del brutal atende la Compañía un mejor conocimiehk tado a lá integridad inijividual de dos suto de; los propios servicios! puestas extranjeros, que acababa de te; wanta Cruz de Tenerife 31. Después, dé ner lügar y; V. c ¿Después de ésto pasaron unos instan- doscientos treinta años ha sido vista, de tes escuchamos una especie de galope ie nuevo, la isla Sirena esa isla. fantástica bestias y, c sin que nos diese tiempo a de- y misteriosa que, a capricho, emerge del féiKÍefños ni a p edjr. ayuda a los agentes mar, y que es conocida también por el de i a Autoridad; fuimos brutaímente! ata- nombre de San Borondón. cados porjlaléspaídaí. Él- primer golpe que Ya nadie se acordaba de. ella, y hasta recibí, me; produjo, laipérdida de, las gafas muchos pensaban que eso de la isla. Si- (singlas cúalps, quidesájitnércéd íie. la ani- rena no había sido otra cosa. que- un; süe- malidad de dichos, individuos) la. rotura ño de los primitivos pobladores de Gana- del ¡cartílago quizávdel; hueso dé: la ná- rías. Pero hace unos, días, en uno de esos jriz, intenso hematoma en los ojos y par- limpios del claro horizonte, la isla de San teJqéntral del rostró, y hemorragia abun- Borondón ha sido, vista desde da cumbre daiitísima qüe pese a los posteriores au- de. Vinto, en Hierro, durante toda una maxilios d losj doctores de 3 a Casa de So- ñana, sin que nada empañara su. esbejta, corro del disfrito de la Uriiversidad, rio y elegante silueta, al Noroeste de la, isla, pudo ser contenida en varias horas. A de Hierro, y a la izquierda de La. Palmáv; este golpe brutal, queme ocasionó lesio- Nada tan inesperado como esta apariciónj nes- Calificadas 1 dé pronóstico reservado, que fue algo prodigioso y fantástico. Era Siguieron varios, dé laj misma intensidad, tan grande o mayor que la de La Palma. Sándose la circunstancia de que mien- Hacia las doce d é l a mañana empezarotif. tras mi amigo trataba de defenderse y las nubes a Ocultarla y, lentamente, desapa teeojer de! suelo mis gafas, que preten- recio. día aplastar uno de los gamberros, yo La historia cuenta que en las pocas venera sujetado por la espalda para que los ces que la isla de San Borondón ha sido tl- os; asegurasen bien los golpes, Conver- vista, siempre ha desaparecido bajo, las dájáefSa 1 táctica de maleantes. Afortunada- nubes, y ahora la tradición no se ha rotó. mente; gran número: de personas acudió hermoso impresionante- espectácü- én nuesti; a ayuda. No obstante lo cual, lo El ver la islae de San Borondón fue prede y- requerida la 1 Autoridad, sólo- pudo ser senciado por varias personas, entre ellks Aprehendido ünp- de los facin ero sós, que D. Felipe León, de Sabinosa. y D. Juan insultó tener antecedentes pénales y de Hernández y D. Lázaro Quintero, del Pt mala conducta. nar. Se encontraban en la cumbre de Vi tito, y desde allí pudieron ver, la misteriosa t Pero aquí comienza la labor de la Jus- isla Sirena i tícia. Yo sólo quise exponer y precisar el A este respecto, es interesante decir qué. hecho, jue considero como gamberrismo fue vista la última vez en 1723, por el: alConducido es decir, -que responde, po- -férez D. José Fernández y por D. Bruno ¿iblemente, a consignas de tipo político, de Chávez, alcalde pedáneo del Binar. Dos e icaminadas a crear entre los turistas (y años antes, o sea en 1721, fue cuando má l ablo así porque conozco varios casos: ruido hicieron estas apariciones, pues! casi semejantes que me han sido referidos a diario se veía la isla misteriosa. El ga p- or extranjeros) una opinión de inesta- neral Mu r y Águirre entonces c o m a n d i bilidad social en nuestro país que, sin te militar clei archipiélago, mandó en buse tos elementos al. máírgen- de. -íapsociedad, ca de la misteriosa, isla a! barco San T- el. indianos po r tanto de llamarse españoles, rúoj oúi regresa a, los pocos días sin e ¿H seria el más habitable de Eurona. contrar nada notaí) e. -Cifra r HA SIDO VISTA OTRA VEZ LA MISTERIOSA ISLA SIRENA AL NOROESTE DE LA DE HIERRO