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MADRID, DIA 12 DE ENERO DE 1953; 70 CENTS. esta nueva interpretación. Porque el hecho evidente es qué los norteamericanos comercian con la América española... en inglés. Me gustaría saber cuántas cartas O primero que hay que subrayar es comerciales en español se cruzan entre el enorme volumen de la ocupa- las dos Américas. Y una prueba de ello ción de los norteamericanos con lo es la orientación que se da a los estudios hispánico; en ningún país se estudia tan- hispánicos. Un par de Universidades que to nuestra cultura- -probablemente ni si- introdujeron la innovación de aprender el quiera en España- Existen en los Es- español con periódicos fracasaron estruentados Unidos unos mil centros universi- dosamente. Para iniciarse en nuestra lentarios Universities y Colleges hay gua se prefiere leer a Galdós, Valera, Unaque contar además unos quinientos Jú- muno b Machado, a Cervantes, Lope de nior Colleges, de carácter más elemen- Vega o la novela picaresca, a Rubén Datal; la inmensa mayoría de ellos tienen río o Rómulo Gallegos. Cuando la Uniorganizados estudios de íengua y cultu- versidad de Harvard me invitó a dar dos ra españolas, en Departamentos autóno- cursos, el año pasado, ¿cuáles fueron sus mos o dentro de los de Lenguas románi- temas? El romanticismo en España, uno Ortega. cas; el español se estudia además en in- de ellos; el otro, Unamuno yversaban SoUnamuno y Machado las numerables high- schóols y en otros cen- bre tesis que he dirigido en los Estados tros. Baste recordar, por otra parte, que dos Unidos. Y cuando de en 1950 las instituciones superiores ame- Estado me propuso el Departamento en dar conferencias ricanas confirieron 2.541 grados en el cam- Georgetown TJniversity, en Washington, po del español (en francés, que es la len- no le interesó que hablase de política, ni gua siguiente, sólo 1.825) Las tesis sobre de economía, ni de nuestras relaciones ternas hispánicos son numerosísimas; las con Hispanoamérica, sino de Las ideas revistas, bien conocidas por su número y las letras en la España de hoy Y esta y calidad. mi experiencia personal no hace sino con 5 Hasta aquí, simplemente hechos. Pero firmar el tono general de lo que acontece. ellos soles no permiten comprender la situación de lo español en los Estados Uni ¿Cuál es entonces la conclusión? Una dos. Dos son las ideas dominantes, que se vez más, la diversa estructura de las soreparten la opinión V con frecuencia se ciedades europeas y la norteamericana. pasa de una a otra, cuando se descubre El carácter profesional y no público de el error de la primera, y lo malo es que, la vida intelectual en los Estados Unidos. por la misma razón, tampoco puede uno La familiaridad con lo español de los que quedarse en la segunda. Si se advierte lo cultivan es grande y en muchísimos caque, además de los estudiantes que se gra- sos entrañable; pero no rezuma- -quiero dúan en español, otros muchos más- -has- decir, lo suficiente- -sobre la sociedad. Le ta un veinte por ciento o más todavía en falta resonancia, publicidad- -es decir, camuchas instituciones- -aprenden nuestra rácter público, no propaganda gran lengua y siguen cursos de literatura es- plaga de nuestro tiempo- Y una de las pañola, se piensa que España es absoluta- razones de esa falta de resonancia- -sólo mente familiar a los americanos. Y en se- una, por supuesto- -es lo poco que nos guida empiezan las decepciones. Porque cuidamos los españoles de intensificarla, el norteamericano medio tiene una idea escasísima que entre nosotros tiene muy confusa de nuestro país; nuestra y la lo que allí se hace acerca de nosotros. geografía le es borrosa; de nuestra his- todo Recuerdo que toria sabe muy poco; de nuestra cultura cultural de la el año pasado el consejero Embajada francesa fue a sólo se salvan unos pocos nombres: Velázquez, Goya, Cervantes, Griega, Lorca. Wellesley College a imponer las insignias No, España es muy poco conocida entre de la Legión de Honor a una profesora las muchedumbres de los Estados Uni- americana. ¿Qué había hecho para ello? dos. (Claro es que ningún país es conoci- Nada: enseñar ejemplarmente literatura do por las mayorías de ningún otro; há- francesa durante treinta años. No había gase examen de conciencia acerca de sido de Vichy ni de la Resistencia; no se nuestra información exterior: ¿Cuántos ocupaba de política francesa; gracias a su podrán trazar un esquema de la historia labor, treinta promociones de muchachas de Polonia? ¿Cuántos poetas ingleses co- habían aprendido a conocer y amar, no a noce el español medio? ¿Sabe situar los M. Aufiol, ni a M, De Gaulle, ni a M. Hediversos estados de la Unión? Si se in- rriot, sino a Frangois Villon, a Racine, a vestigan las ignorancias geográficas o his- Baudelaire, a Prcust, a Stendhal, a Bergtóricas de franceses, ingleses 9 alemanes, son, es decir, a Francia. los resultados son también aterradores. Con. todo, creo que la intensidad con Esto quiere decir que la acción del hispa- que lo español aparece en los Estados nismo norteamericano sobre su país es Unidos, la pasión española de buen númemuy diferente de la que tendría en un país europeo; porque si en cualquiera de ro de hispanistas, el entusiasmo conmoéstos existiera tanto trabajo y ocupación vedor de ia mayoría de los estudiantes y, sobre una cultura extranjera, ésta sería sobre todo, ciertos cambios todavía sólo iniciados en la estructura social del país, casi tan familiar como la propia. todo esto ha de llevar, a poco que lo jusAl advertir esto, se cae en la segunda tifiquemos nosotros, a una presencia enéridea: el utilitarismo. Claro está- -se pien- gica de España; quiero decir de ese modo sa- los norteamericanos aprenden es- de ser hombre que llevamos intentando pañol, no porque España les interese, sino unos cuantos siglos en un rincón de Eu- para comerciar con Hispanoamérica Sien- ropa y que de vez en cuando f ale bien. Julián MARÍAS to no poder instalarme cómodamente en. D I A R I O ILUS T R A P O DE- INFORMACION GENERAL ü K SOBRE EL INSOMNIO Y LA SUERTE LGUIEN ha diagnosticado- -certeramente- -que España es el único país en donde puede decirse de una cosa buena que es envidiable Se eleva así la envidia a una ccníesable normalidad y se le da carta de naturaleza. Cosa que ya sabíamos, por otra parte, desde que Cervantes se sentía aquí como en un hospital de los podridos en el que a las gentes les produce gran pesadumbre ver a un vecino suyo que todas las cosas le suceden bien Porque lo característico- -entre nosotros- -de este pesar del bien ajeno con que se defirve le envidia es la sensación que trae aparejada de que cuanto de venturoso le- acontece al prójimo es pura chiripa y buena fortuna. La cual, al faltarnos a nosotros mismos, nos pone en la malhumorada situación de ánimo que desemboca en el sentimiento envidioso. No negaré yo que, por desgracia, no existan casos de vertiginosos ascensos debidos al azar o a circunstancias que nada tienen que ver con sus términos. Pero que nadie olvide tampoco cuántas veces tan desaforadas subidas terminan en rnonu- mentales batacazos o se disuelven prestamente en la indiferencia y el silencio. Mi comentario se orienta a la generalidad- de los casos. Es decir, a los casos en que el triunfo es la consecuencia lógica del esfuerzo. ¿Qué gran cosa no es ver en tertulias y reuniones cómo se guiña el ojo para explicar el éxito de Fulano o la situación de Zutano? Estar en el secreto de una fama es sabiduría nada infrecuente. Pero pocas veces se arguye que el escritor denostado falta justamente a las tertulias- -y es víctima propiciatoria ds ellas- -porque está trabajando en la labor que se ha impuesto, única clave cierta del prestigio de que disfruía. Nadie más que yo sabe las horas de insomnio con que he comprado los favores de mi buena suerte -ha dicho, con la ejemplaridad que suele, el insigne Gregorio Marañón- Y es absolutamente cierto. La vida- -y la sociedad mucho menos- -regala muy pocas cosas. Por nosotros responden únicamente las horas de desvelo, las largas horas de afán que hemos dedicado a nuestra obra. Sobre ellas podemos edificar, si no una recusable vanidad, un razonado orgullo. Cuanto en ella apoyemos, habrá de poseer una solidez confortadora de nuestro ánimo, indiferente ya a la frivolidad denostadora. No es nuestra ruta juguete de ia fortuna inconstante, sino producto de nuestro esfuerzo y de nuestra tenacidad. Conviene que sepan esto cuantos opinan que todo es amaño, trapisonda y suertecilla. Pero son muchos para que nuestra voz llegue a ellos. Y si no se pone remedio- -vuelve a hablar Cervantes- en pocos días se multiplicarán tantos que sea menester que haya otro nuevo mundo donde habiten. Guillermo DÍAZ PLAJA. EL HISPANISMO EN LOS